Puerta Grande: Ginés Marín acaba con el cuadro al natural

El extremeño cuaja una soberbia faena al último toro de la Feria de Otoño al que desoreja; Morante logra un trofeo en una exquisita obra al primero

Una tarde de toros soñada. Por el ambiente de expectación desbordante, por la ausencia de ‘aire’, por las ganas que tenía Madrid de ver a Morante en la plenitud de este año. Pero Ginés Marín se llevó un 12 de Octubre que ya entra en la memoria colectiva por su soberbio toreo al natural. El toro de Alcurrucén, que de salida fue tan abanto, tan incómodo por sus carrerones constantes… Secretario pareció centrarse en el capote de Rafael Viotti pero de veras se entregó a la lucidez de Ginés Marín. Tras un ligado inicio se lo sacó a los medios para echarle la muleta por delante y traerlo toreado. El toro cogió un ritmo sobrenatural, especialmente en el cambio de mano en el que el toro descolgó redondeando hasta el final. Marín se percató de la calidad para ponerle más calidad todavía. Se ciñó a Secretario con cadencia pero sin perder la pasión, echándoselo muy atrás, guiando con el pecho sin descomponer. Todo muy cosido, todo muy medido. En dos tandas más levantaría a los tendidos por su acertada forma de colocarse, de esperarlo y de tirar del toro con fe hasta el último punto posible. Algún cambio de mano más, alguna trincherilla, algún pase del desprecio. La faena estaba hecha y se fue con verdad detrás del estoque. La estocada quedó dos dedos desprendida pero nadie sacó la escuadra. La emoción lo había podido todo. Otra vez Ginés Marín y Alcurrucén, como en su confirmación de alternativa. Esta vez con la diferencia de unos años de rodaje que le han aportado calidad, expresión y buen gusto.

A algunos nos había resultado osado que hubiera contestado a Morante en el tercer toro por el mismo palo: chicuelinas. El genio de la Puebla las había sublimado con las manos bajas y Marín respondió acelerado. Ese tercero tuvo buena condición aunque le faltó el ritmo que tuvo el de la gran faena. Perdió las manos a destiempo por lo que Marín no pudo construir como se esperaba.

El otro acontecimiento de la tarde fue la lidia del primer toro. Unas palmas recibieron a Morante que llegó francamente predispuesto. Recibió al toro con sus preciosos capotazos, aunque el toro reponía ligero por lo que el maestro le daba salida con las manos altas. Ralentizó la embestida en la verónica por el pitón izquierdo del quite y en una media magnífica. El arte conquistó Las Ventas que encontró por fin el silencio extinguido en esta plaza. El galleo con el capote detrás del cuerpo fue armónico, de lidiador de otra época. Empezó completamente fajado con el toro, pasándose la codiciosa embestida por delante sin descomponer en ningún momento, con soberbios naturales por bajo ganando terreno. La transmisión del toro duró varias tandas, Morante no se vino abajo en ningún momento. Muy firme, tragándole, llevándolo embebido con la pata pa’lante. La estocada quedó arriba. La oreja no tuvo discusión. Tras la templada vuelta al ruedo, Morante se acercó a los medios a recoger la fuerte ovación. A cada paso se cayeron despacito pétalos de las flores que abrazaba junto al capote, muestra del lento poso que deja en nuestro alma su toreo.

Se topó con un imposible cuarto al que quitó las moscas con torería.

López Simón se llevó un fuerte impacto en el segundo toro al iniciar la faena a pies juntos. Momentos dramáticos. El madrileño alargó la faena buscando el pitón contrario sin demasiado éxito. Tampoco se le vio muy suelto con el reservón quinto. Su subalterno Jose Chacón estuvo fenomenal toda la tarde, tanto con el capote como en banderillas.

RESEÑA

Martes, 12 de octubre. Plaza de toros de Las Ventas. Novena de feria. Corrida de la Hispanidad. Toros de Alcurrucén, bien presentados de interesante juego, con posibilidades varios de ellos.

Morante de la Puebla, de purísima y oro. Oreja y silencio.
López Simón, de azul marino y oro. Saludos y silencio.
Ginés Marín, de obispo y oro. Saludos y dos orejas.

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