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Victoriano del Río, la casta en la élite

La ganadería madrileña mantiene la predilección de las figuras por sus toros sin descuidar el criterio de los aficionados más exigentes; El 2022 afronta la vuelta a las grandes ferias con un stock de camada y media: Arrancará en Fallas con Urdiales, Manzanares y Roca Rey, nada menos

Recorremos la emblemática finca ubicada entre Guadalix de la Sierra y Miraflores de la Sierra. Este invierno tan primaveral nos ha permitido disfrutar de una jornada de campo extraordinaria. Por la mañana ha tentado cuatro eralas Ginés Marín, de las cuales tres se han aprobado por su incuestionable bravura y clase. La tarde ya no es tan corta como hace un par de meses, sin viento ni frío, con el oxígeno de la sierra.

Los cercados se suceden llenos de toros, de dispar hechura y cornamenta. Resulta complicado descifrar el criterio que los reúne en un mismo cercado: “Tratamos de hermanarlos por corrida pero siempre hay algún conflictivo que hay que reubicar, o alguno que se ha pasado de kilos o resulta que le pegan siempre. Es difícil conseguir que una corrida conviva siempre junta”, explica a TORETEATE Ricardo del Río. Los entrenamientos ya son cada vez más frecuentes, desde el mes de enero se preparan corriendo los toros que se lidiarán en la primera mitad de la temporada (antes de agosto).

La cámara se entretiene en un precioso burraco que mira al coche con asombro o contemplación interesada de pienso o quizá desafiante. Un pelaje espectacular que proviene del famoso Aldeano, como relata el ganadero “su padre, hijo del emblemático semental de Luis Algarra que compramos de eral y que tantas alegrías nos ha dado, murió el año pasado a un día de cumplir los 20 años. Ha padreado mucho porque ha dado buenísimo y ya es un pelo característico de esta casa y de esa línea genealógica”.

En el 2021 lidiaron toros de triunfo en muchas plazas, a la mente vienen los de Madrid (Puerta Grande de Emilio de Justo en julio y el exigente de Manzanares en Otoño), el de Sevilla (Roca Rey pinchó una faena de triunfo en San Miguel), la corrida de Badajoz -entre otras de relevante juego-. “Entresacamos lo mejor de la camada del 20 y del 21 de ahí la regularidad. Lidiamos 71 toros durante el año, somos unos privilegiados por la situación que estamos viviendo. Hemos pasado dos años sin poder reducir en costes fijos pero este año se espera que lidiemos con normalidad el número de toros que acostumbramos, unos 90”.

La temporada se presenta interesante con gran parte de las corridas de la camada y media que tienen de saca ya colocadas en el mes de febrero: Madrid (dos tardes), Sevilla (dos tardes), Bilbao, Valencia, Pamplona, Nimes, Huesca, Teruel, Saint Server, Beziers, Istres, Arles, ente otras.

La presentación ha sido cuestionada por el alto nivel que ha sobrepasado el tipo de toro de plazas como en Vistalegre o en Sevilla, los ganaderos lo justifican de la siguiente forma: “Los aficionados han salido ganando porque los empresarios han aprovechado para presentar un producto mejor, en este caso los toreros han salido más perjudicados pero en general todo lo que ha ocurrido en la plaza ha tenido más importancia”.

Ese punto encastado que tiene la ganadería, la menos cómoda de las que torean las figuras habitualmente, no limita el tipo de toreros que triunfan con sus toros: “Es bueno que haya variedad de toreros, hay campo para todo el mundo. Hay un plantel importante que se adapta a nuestros toros. Desde toreros más poderosos como El Juli o Roca Rey a toreros de arte como Morante o Juan Ortega, pasando por toreros que comprenden perfectamente las embestidas de esta casa como José María Manzanares o Emilio de Justo. En definitiva, los toros buenos, esos que embisten por abajo y transmiten mucho los cuajan los buenos toreros”.

La dureza de la pandemia a asestado un duro golpe a las ganaderías. La Comunidad de Madrid ha salido ha echar un capote a los ganaderos de la región. El que no ha cesado de hacer de las suyas es el lobo: “Nuestra relación con las administraciones es buena (Ricardo del Río forma parte de la junta directiva de la Unión de Criadores del Toro de Lidia), estamos especialmente agradecidos a la Comunidad de Madrid es la que más ha apoyado a la ganadería brava tanto con ayudas directas como fomentando la celebración de festejos de todas las Comunidades. Sin embargo, con el Gobierno no podemos decir lo mismo. Además de la falta de atención al sector, nos encontramos problemas derivados de decisiones que se toman en despachos sin haber pisado el campo como es el caso de la prohibición de la caza del lobo. En el último año hemos perdido 18 becerros en la finca de Madrid y otros 8 en la de Valladolid por ataques de lobo… Es insostenible. Con la caza del lobo, las poblaciones de esta especie estaba en crecimiento ahora que no está permitida la caza bajo ningún concepto ¿Qué va a pasar?”, se pregunta con preocupación.

La ganadería, fundada en 1985 aunque con antecedentes de origen albaserrada décadas atrás, no ha dejado de mantenerse en la élite. Con algunos toreros ligados a esta divisa que les ha permitido estar en la cumbre: Ortega Cano, César Rincón, Enrique Ponce, El Juli, Roca Rey, entre otros. “Mi padre siempre habla de lo difícil que es construir una ganadería de cero y estar disfrutándola tanto tiempo en este nivel. Esperamos seguir aprendiendo de él muchos años”. Lo que está claro es la continuidad después del patriarca, pues tanto Ricardo como Pablo son magníficos continuadores de la estela de su padre.

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