spot_imgspot_img

Un premio al alcance de pocos: cortar un rabo en Sevilla

El terremoto Marco Pérez, cayó de pie en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla justo hace una semana, y la buena tendencia de la que venían hablando los aficionados que lo habían visto en el campo o en su puñado de actuaciones en público, pudo corroborarse por la siempre entendida afición de Sevilla. El resultado fue, tras mostrar alarde de su capacidad técnica, conocimiento de los terrenos del toro y un desparpajo y quietud ante la cara del toro inauditos para su edad, la concesión de los máximos trofeos por parte de la presidencia, las dos orejas y rabos. Un hecho, que llevaba más de cincuenta años sin producirse y que solo algunos elegidos han llegado a alcanzar, pero, ¿quiénes fueron y cuándo lo consiguieron? En este artículo, vamos a conocer sus nombres…

Antigua fotografía-postal en la que vemos a la Real Maestranza de Caballería a principios del siglo XX
Antigua fotografía-postal en la que vemos a la Real Maestranza de Caballería a principios del siglo XX

JUAN BELMONTE ABRE LA VEDA

Muchos son los toreros que, a lo largo de la historia, han triunfado en el coso maestrante de la ciudad de Sevilla, pero pocos son los elegidos que han cortado los máximos trofeos: las dos orejas y el rabo. Es evidente que se han vivido faenas más emocionantes de las que supusieron este premio, pero siempre son un buen indicativo de que esas tardes, el público disfrutó y los actuantes del festejo siempre quedarán en la memoria.

Antes de hablar de ello, hay que destacar que, hasta la primera década del siglo XX, las mejores faenas no obtenían el refrendo de los apéndices en Sevilla. Se debía a una antigua prohibición que José Gómez Ortega «Gallito» se encargó de romper. El 30 de septiembre de 1915 fue el primero en cortar una oreja en el coso maestrante, lidiando una corrida en solitario de Santa Coloma. Hasta el año siguiente, no se cortarían por vez primera las dos orejas a un toro (honor que le correspondió a su hermano Rafael «El Gallo»).

En la dorada época de la tauromaquia, le iba a corresponder al otro coloso del momento el enorme privilegio de cortar por vez primera un rabo en Sevilla. Ocurrió el 1 de mayo de 1919, cuando Juan Belmonte, «El Pasmo de Triana», tras una faena apoteósica, consiguió el primerizo apéndice de un toro de Concha y Sierra.

Juan Belmonte en Sevilla (Fotografía Serrano, Fototeca de Sevilla)

Es Belmonte el que más veces paseó este apéndice en el coso baratillero, pues de los 48 rabos concedidos hasta la fecha a matadores de toros, el Pasmo cuenta en su currículum con un total de diez. Destacables fueron el año 1925, en el que cortó tres en tres corridas distintas y el año 1927, cuando obtuvo en una tarde, la del 29 de septiembre, cuatro orejas y dos rabos.

A partir de ese momento en el que se abrió el camino, tendríamos que destacar una fecha que, por su rareza, no se ha vuelto a producir: el 18 de octubre de 1936, en una corrida homenaje al Ejército Nacional (presidida por Gonzalo Queipo de Llano), se cortaron hasta cuatro rabos. Correspondió dicho logro al propio Juan Belmonte y a los diestros Manolo Bienvenida, Domingo Ortega y Pascual Márquez.

Entre los años 20 y 30 del siglo XX y, tras Juan Belmonte, hay otros cuatro nombres propios que tocaron pelo en más de una ocasión: seis rabos, Manuel Bienvenida; el genial Manuel Jiménez «Chicuelo» obtuvo un total de cuatro mientras que Pepe “El Algabeño” y Domingo Ortega obtuvieron dos.

LA DIFÍCIL DÉCADA DE LOS AÑOS 40

Ya en el año 1939, en los albores de la Guerra Civil, y hasta bien entrada la década de los años cuarenta, se concedieron en Sevilla un total de siete rabos. En el mismo 1939, se le concedió a Pepe Bienvenida, Gitanillo de Triana y de nuevo Manuel Jiménez «Chicuelo», ante toros de Escudero Calvo (por partida doble) y Tassara, respectivamente.

En el año 1941, se cortaron dos: el más famoso de la década que le correspondió a Manuel Rodríguez “Manolete” ante un difícil toro de la ganadería de Villamarta y, de nuevo, el padre de la chicuelina ante un toro de Carlos Núñez.

Domingo Ortega en el año 1942 a uno de Juan Pedro Domecq y el diestro mexicano Fermín Espinosa “Armillita” en 1945 a un toro de González Martín.

Manolete tras la concesión del rabo de un toro de Villamarta en el año 1941

SEVILLA SE PONE SERIA: DE LOS 50 HASTA LA ACTUALIDAD

A partir de los años 50 comienza a decrecer el número de rabos que se conceden en Sevilla. En 1954 el venezolano César Girón cortaba en la Feria de Abril dos, los días 27 y 29 de abril. Dos años más tarde era Rafael Ortega, torero gaditano con bastante predicamento en la época, quien lo obtenía de un toro de Miura.

A partir de ese momento, el palco y el aficionado se puso más exigente y sólo tres rabos más se han concedido: el 20 de abril de 1964 lo obtenía Manuel Benítez «El Cordobés» de un toro de Carlos Núñez, Diego Puerta en la feria de abril de 1968 a un toro del Marqués de Domecq, y Francisco Ruiz Miguel, a un ‘Miura’, en el ciclo abrileño de 1971.

Tras este, ningún matador de toros ha conseguido los máximos trofeos (algo curioso puesto que se han indultado tres toros desde entonces).

CONCLUSIÓN

En esta relación, solo se ha contado a los matadores de toros que han cortado un rabo en Sevilla desde que Juan Belmonte inaugurara este trofeo difícil de conseguir. Se han concedido otros rabos a becerristas, novilleros y rejoneadores, a los que la semana pasada se ha unido el becerrista Marco Pérez, ¿conseguirá unirse al selecto grupo de matadores que lo consiguieron? El tiempo nos dirá…

 

spot_img

RELACIONADO

spot_img