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Un chino muy torero: la vida aventurera de Vicente Hong

Vicente Hong, con montera y capote de paseo, antes de una de sus actuaciones (Archivo Casasola)

De familia adinerada, pero con espíritu aventurero e indomable, la historia del primer torero de nacionalidad china de la historia es de auténtica película. No fue nunca una figura destacada, ni medianamente famoso (pequeñas notas en los periódicos y algún reportaje en algún semanario gráfico), pero su larga carrera (más de veinte años toreando) y azarosa vida lo convierten en algo más que una mera curiosidad. En el siguiente artículo, intentaremos desgranar los detalles que hicieron que Vicente Hong, pasará de colaborador de Pancho Villa a torero de “éxito” …

Es bien sabido que, en la extensa historia taurómaca, han existido toreros de multitud de nacionalidades más allá de los países en los que la tauromaquia tiene una amplia aceptación: toreros estadounidenses, de Centroeuropa, británicos… Pero, uno de los personajes más llamativos de este grupo, por su notoriedad y repercusión, fue sin lugar a dudas, Vicente Hong, que fue el primer torero chino de la historia

PRIMEROS AÑOS

En la ciudad de Sunwuy (China), en 1894, nace un niño en el seno de una familia de comerciantes y adinerada, Hong Chikeen (nuestro protagonista) que, debido al estatus social de sus padres, cambia constantemente de residencia y emigra a diferentes países hasta que, con la edad de 14 años, se instalan en México.

Es en el país mexicano y concretamente en el año 1907 (año en el que fallece su padre y en el que su hermano mayor hereda el negocio obligando a Hong a buscarse la vida), cuando empieza a conocer de primera mano la tradición hispana, y donde comienza a surgir la llama de su afición taurina. Dos hechos trascendentales son los que marcan definitivamente su vocación: la contemplación en la estación de ferrocarriles de la capital azteca, de una multitud rota por el dolor esperando el cadáver del matador Antonio Montes (1), que le lleva a decidir asistir a una corrida de toros de la que sale entusiasmado; y que, con algo de dinero ganado en trabajos esporádicos, monta un restaurante en la capital y es a través de su clientela (muchos de ellos taurinos) que empieza a sentirse aún más atraído por el mundo del toreo.

Otros autores apuntan que la afición le nace trabajando en el hotel que su padre tenía en propiedad desde que llegó al país azteca, pero no he podido contrastarlo.

COMIENZA EL PERIPLO TAURINO

Fuera como fuera, nuestro protagonista, con un deseo ya incontenible para coger un capote, en 1908, se inscribe en la escuela taurina de José Romero, Frascuelillo, y empieza un duro aprendizaje por el que paga 30 pesos mensuales. En la escuela, pese a su ánimo incansable, avanza poco por su carácter algo “torpe” y, como él comentó en alguna ocasión, la cantidad de “porrazos” que se llevó, le obligaron a dejar momentáneamente su sueño y emigra a Honduras en el año 1909 para trabajar en una mina de oro.

Vicente Hong ataviado de traje campero, primero por la derecha, acompañado por sus compañeros de la escuela taurina (Archivo Casasola)

De vuelta a México en el año 1910, Hong se encuentra con que ha estallado la revolución contra el gobierno de Porfirio Díaz. Ante el caos reinante, y como él cuenta en una entrevista para la revista <<Estampa>> (2), temiendo ser robado, decide enterrar un baúl con sus pertenencias en el patio de la casa donde se hospedaba y tras algunos contactos, entabla amistad con Pancho Villa, comenzando a trabajar para él.

Se encarga de la intendencia de sus tropas (aprovechándose de sus contactos con la comunidad China) hasta que rompen relaciones. Y el joven chino es acusado de ser confidente del bando rival y es perseguido por las tropas revolucionarias.

Se le pierde la pista al joven aventurero hasta que, en 1911, vuelve a la carrera taurina y debuta como novillero en diferentes espectáculos por tierras mexicanas (especialmente en la plaza de Guadalajara). Hasta España, llegan noticias de su enorme éxito en estas primeras actuaciones, recogiendo la prensa las más variopintas impresiones: “Coleta tiene desde su más tierna infancia, y se trae muy hecha una suerte que siempre es de seguro éxito: el pase del Celeste Imperio. Además, los empresarios que quieran engañarle, poco tendrán que esforzarse, dada la nacionalidad del diestro” (3)

LA GIRA AMERICANA

Son pocos los datos que tenemos del torero asiático entre los años 1912-1923. Se sabe que sufre una grave cogida en Aguascalientes que a punto estuvo de costarle la vida y que, tras ello, abandona temporalmente el mundo de los toros y consigue un trabajo como cónsul chino en México. Pero, según sus declaraciones, deja pronto la vida de lujo que llevaba y se centra en el toreo, arte por el que siente una verdadera obsesión.

Ya a finales de 1923, reaparece en dos corridas de toros en Guatemala y un año después, debuta en la Plaza de Toros de Acho, lugar en el que gozará de cierta fama y que le llevará a repetir en las siguientes ferias.

El 10 de julio de 1926, embarca junto a su representante, Juan Leppiani, rumbo a Colombia y Venezuela donde se le abre la puerta para partir hacia España con la intención de triunfar definitivamente en la temporada de 1927. Según La Lidia, “es de esperar que el asiático torero Vicente Hong, muy conocido por México y el Perú, sea una de las mayores novedades taurinas y constituya una gran atracción, por la forma en que se presenta, que es asombrosa y de gran lujo por los fantásticos y raros trajes chinos que viste” (4).

Vicente Hong, en el centro de la imagen, había comenzado a realizar el paseíllo vestido con indumentaria asiática (Archivo AGG)

HONG EN ESPAÑA

A pesar de que su fama iba en aumento, y que su sueño era triunfar en nuestro país y regresar a China a popularizar el toreo, no es contratado para torear en España hasta la temporada de 1930. En la Península su carrera va a ser bastante corta y se siente desilusionado porque en América cobraba bastante más (40.000 pesetas allí, frente a las escasas 3.000 que recibe aquí) y porque el público era menos exigentes (estamos hablando de los mejores años de Marcial Lalanda como matador).

Torea en las principales plazas ese año, y tras desafortunadas actuaciones (en las que además recibe distintas heridas de consideración) en Barcelona (el día del Corpus), Segovia y Palma de Mallorca, se presenta en Madrid con una repercusión considerable. La expectación es tremenda y las entradas para la corrida en Vista Alegre se agotan rápidamente. Vicente Hong vuelve a hacer el paseíllo con el traje típico chino y los toros, de Fernando Ardura, resultan bravos y nobles (la mayoría son ovacionados en el arrastre) consiguiendo realizar un par de faena muy lucidas, sobre todo comparándola con el fracaso de sus compañeros de cartel (Carretero y Levita).

Esta buena actuación, le lleva a contratar otra corrida con el mismo ganado en el cercano pueblo de El Escorial y su debut en otra plaza de importancia como es Zaragoza, realizando en la capital maña una buena faena a su primero.

Otros contratos en ciudades como Zamora y Jerez de la Frontera, hacen que alcance un total de diez novilladas toreadas en España ese año. Tras ello, se le pierde la pista y no se vuelve a saber de él, seguramente se cortara la coleta y volviera a su país natural para ocupar algún cargo en la administración pública.

Para el recuerdo, quedará la historia de este torero y las coplas que se popularizaron en España dedicadas a su periplo y que recogieron los revisteros de la época:

“El hijo del Sol Naciente

venció en la fiesta taurina;

por hoy no está mal Vicente

y puede rodar la China” (5)

Vicente Hong en una de sus actuaciones en España (Archivo AGG)

 

  1. Esta información proviene del propio testimonio de Hong, pero hay que dudar de ella, porque, aunque el traslado del cadáver de Antonio Montes, muerto de septicemia a causa de la cornada que le infirió el toro Matajacas de Tepeyahualco, desde el Panteón Español a la estación de ferrocarril en la Ciudad de México se verificó en la tarde del día 25 de enero de 1907, el propio Hong cuenta en otra entrevista que en ese tramo del calendario se encontraba fuera de México.
  2. Correspondiente al número de junio de 1930.
  3. El Heraldo de Madrid, mayo de 1911.
  4. La Lidia, 26 de julio de 1926.
  5. Heraldo de Madrid, 21 de julio de 1930.

 

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