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No hay futuro, hasta que aparece un Álvaro Alarcón

El futuro de la Fiesta está en las ganaderías y en las novilladas, pero ambas son deficitarias. ¿Qué sucederá entonces a medio plazo? Si hay novilleros como Álvaro Alarcón, yo creo que nada grave.

El hecho de no apostar sin reservas por novilleros con verdadera proyección, más allá de una injusticia, que también, es sobre todo una irresponsabilidad. Esto no parecen entenderlo los taurinos, no sé si por pura inopia o porque ni siquiera creen que haya futuro. Ambas posibilidades, en cualquier caso, tienen que ver con la falta de afición.

Hoy ha toreado en Las Fallas Álvaro Alarcón, esa clase de novillero que te obliga a tener esperanza a medio plazo, a pensar que dentro de unos años llegarán nuevos toreros para tomar el relevo de los que se vayan. Quizá sea Álvaro uno de ellos, si bien eso lo dirá el tiempo. Hoy al menos su presentación en Valencia, con todo a la contra, fue sensacional, porque ni el viento, ni las dificultades de sus enemigos le impidieron demostrar su abanico de cualidades, que van del temple a la pureza, del valor a la ambición. Con un largo camino de aprendizaje por delante, sin embargo ya anunció que puede ser gente en el toreo. Y además desmontó algunas confusiones muy típicas y muy tópicas. Éstas se resumen en que la voluntad, las ganas de agradar, no están reñidas con el talento. Lo primero es una actitud. Lo segundo se tiene o no se tiene.

Álvaro Alarcón dejó la tarde sin excusas para nadie. O sea, con viento se puede torear despacio; el tesón no está reñido con las buenas maneras; el valor va más allá del arrebato e incluso es antagónico a éste. Se puede jugar uno la vida sin perder la razón. La dimensión de este toledano que se arrima como nadie sin que se le note el esfuerzo, fue la gran noticia de la tarde. Como aquí no hay VAR, un señor desde un palco decidió que no saliera a hombros.

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