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Los veedores y la fiebre por el (t)oro

Anda el orbe taurino que parece el Salvaje Oeste. Como si del árido y abrasador Far West se tratara, los empresarios taurinos y sus veedores en el campo andan inmersos en plena fiebre del oro, perdón, del toro, en este caso. A la caza de la mejor corrida. De la más pareja, de la de mejores hechuras, de la más seria, de la que tiene el trapío más impecable… La realidad es que encontrarlas cuesta casi tanto como esas pepitas doradas que tramperos y aventureros buscaban en sus redecillas junto al caudal de los ríos en esos tiempos del sueño americano. De aquellos polvos de la pandemia, en la que quién más quién menos se vio obligado a menguar sus camadas para reducir las pérdidas, vienen estos lodos, ahora, parece que no hay tantos toros en el campo como para cubrir las necesidades de todas las ferias y plazas de la temporada.

Ya saben la oferta y la demanda. Y es que, de nuevo, desequilibradas, han teñido de temor a los citados veedores y empresas que, previsores, se han lanzado a cerrar, cuanto antes los encierros que saltarán al ruedo en sus respectivos cosos. Una especie de alarma social que ha llevado a adelantar los tiempos en el sector.

Así, se está peinando el campo muchas semanas antes que otros inviernos, porque urge cerrar los toros, garantizar que se contará con la mejor materia prima. Sólo así se puede entender que, a mediados de noviembre, ya se haya cerrado el compromiso de corridas que deben lidiarse bien entrado junio como, por ejemplo, el encierro que Alcurrucén enviará al Corpus de Toledo.

Esta preocupación crece, lógicamente, en aquellos puertos de la temporada en los que el trapío del toro que sale de chiqueros es más elevado. Por pura matemática. Si cuesta encontrar animales bravos para saciar la demanda de una temporada en la que se ha invertido la tendencia pre-COVID de reducirse el número de festejos -se han incrementado-, cuesta aún más encontrar toros con la seriedad que requieren escenarios como Pamplona, Bilbao, Madrid… 

Especial relevancia adquiere el caso particular de Las Ventas, puesto que hablamos de una plaza de toros de temporada. El Cónclave rebasa con creces el medio centenar de festejos a lo largo del año, por lo que encontrar toros con la impecable presentación que demanda la primera plaza del mundo no es nada sencillo.

Por ello, los veedores de Madrid -igual que los de Bilbao, cuyas Corridas Generales son a finales de agosto, o Pamplona, que ya incluso ha anunciado oficialmente su elenco para San Fermín, alguna semana antes que otros años- se han apresurado en reseñar en el campo el mayor número de ganaderías con reses susceptibles de poderse lidiar en la primera plaza del mundo.

Cuando hablamos de reses susceptibles, hay que tener en cuenta dos factores: el gusto por la variedad de encastes del aficionado venteño y también que algunas de esas ganaderías, más cortas en sus camadas, no poseen una corrida completa para Las Ventas, de ahí, que, para ellos, sea una bendición la vía de los Desafíos o las corridas concurso de ganaderías del septiembre torista. También para la empresa de Madrid, por supuesto, pues le permite cubrir corridas de toros que le costaría encontrar y contratar.

De lo que no cabe duda, es que el efecto post pandemia ha ‘centrifugado’ los ritmos del invierno. Los tiempos se han adelantado y nadie, ni los Ayuntamientos para los festejos de sus fiestas patronales, quiere quedarse atrás en esta carrera. La fiebre por el toro está en plena ebullición.

 

 

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