Loterías y toros

Valga el título del pasquín decimonónico, ‘Boletín de Loterías y Toros’, para resumir en qué consiste la tarde de hoy en Sevilla. Seis toros muy grandes para seis toreros de poco bagaje reducen la posibilidad de triunfo al más puro e inquietante azar. Y sin embargo…

Sin embargo los seis son buenos toreros y los seis llegan a Sevilla con muchas ganas de cambiar su destino. Los hay artistas como Oliva Soto o Ángel Jiménez; clásicos como Lama de Góngora o Borja Jiménez; valientes como su hermano Javier; y de portentosa técnica como Esaú Fernández.

Hará falta desde luego mucha solvencia para enfrentarse a los seis astados de la ganadería de Virgen María, algunos con pinta de corrida de verano en Madrid. Las ‘caras toreras’, o sea, no se estilan mucho cuando en el cartel falta glamour, pero esta ganadería de poco nombre y propietario francés tiene buenos orígenes y algunos toros notables y muy encastados en su hoja de servicios.

Otra cosa es que, en efecto, con un solo toro un hombre pueda arreglar su presente y su futuro, de ahí la alusión en el titular de este artículo a esos juegos extraños que no nos tocan nunca, y menos cuando nos hace falta. Yo, sin ir más lejos, llevo jugando a la bonoloto varios trienios, y nada. El carácter de oportunidad que se le pretende dar a la corrida es muy relativo, por no decir ilusorio, y los últimos acontecimientos vienen a darle la razón a las malévolas mentes que contemplaban este seis para seis sin siquiera las cámaras del Canal Toros presentes, como una criba que perpetraría la Empresa entre los molestos toreros locales que insisten en torear en su tierra. Porque, en efecto, si no pasa nada en la única bolita del sorteo, habrá seis jóvenes menos dando la lata en las oficinas de Adriano dentro de doce meses.

Pero… ¿y si pasa? Si pasa, el destino había servido en bandeja, ahora sí, una oportunidad única para que un torero de estos saliese lanzado de Sevilla. Ello, al hilo de la sustitución en la corrida de Victorino Martín e incluso en la de Matilla, tras la dolorosa baja de Emilio de Justo. Se optó por Paco Ureña en el segundo caso, y es normal, pero se cercenó cualquier resquicio de promoción de los seis toreros de hoy, dejando en mano a mano frente a los ‘victorinos’ a dos matadores con más años que un barco.

Ahí estaba la clave, ése hubiese sido el auténtico sentido de la corrida de esta tarde, lo que hubiera generado ilusión en el público, motivación extrema en los toreros, ríos de tinta en favor de la Empresa. Y no por hacer nada extraordinario, sino por actuar con la coherencia debida tras anunciar a bombo y platillo que lo de hoy era oportunidad en vez de patíbulo. Tururú.

 

 

 

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