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El Cóndor del Perú, a las puertas de salvar la tarde

Roca Rey remonta una plomiza tarde con una exhibición de valor brutal pero malogra con la espada la faena

Llenazo de ‘no hay billetes’. Expectación desbordada. Boletos a 300 euros en la puerta. “¿Quién es Fernando Adrián?” “El ganador de la Copa Chenel, señora”. “Qué bien estuvo Chanel en Eurovisión, sí”. Conversaciones de besugos en las puertas arremolinadas. Colapsos provocados por despistados que suben dos pisos buscando el tendido bajo. Empujones para coger el ascensor. La paciencia desquiciada por el calor.

Las tardes de llenazo son así, tan desquiciantes como necesarias. La corrida de Victoriano del Río no estuvo a la altura del acontecimiento. La divisa fetiche de Las Ventas: Encastada para la afición, con gran historial de triunfos para los toreros. Hoy no fue la tarde de aquel Beato, ni la de Cantapájaros, ni la de Comunero, ni el bueno de Berbenero. Roberto y Alberto los recordaban en el palco de prensa. Ninguno de los seis hizo honores a sus gloriosos hermanos.

Roca Rey cargó con la responsabilidad de la tarde. Hasta el sexto no había ocurrido nada más allá que el hito biográfico de la confirmación de alternativa de Fernando Adrián. El peruano se encontró con ‘Cóndor’. ¿Casualidad? Lo lanceó con el capote abriendo el compás y echando el capote por delante. Los oles más fuertes de la tarde. Cinco verónicas, una media y una revolera. El paso por el caballo fue discreto. Empezó la faena de rodillas, algo más allá de las rayas. Uno por delante, otro por detrás y en redondo con un asentamiento increíble para estar de hinojos. El público en pie. Cóndor obedecía con una marcada querencia. Dos tandas muy ligadas, ciñiéndose con él. Un estatuario para colocarlo y otra vez la verdad de la mano izquierda y el pecho al toro. El toro de la sierra pasaba por allí, con humillación, con obediencia. El arrimón fue de cualquier manera. Prácticamente encima del toro: o embistes, o embistes. No le quedó otra. El delirio, quizá exagerado, se desató tras dejarse llegar los pitones al bajo vientre.

Muy distinta fue la actuación ante el tercero, la entrega del peruano fue brutal desde las gaoneras en el toro anterior, pero el toro no respondió. Sin celo, ni codicia. El peruano buscó la colocación para que no le reprocharan nada. Inteligente en el planteamiento, solvente en la resolución.

Confirmó la alternativa Fernando Adrián, un torero con diez años de alternativa, rescatado por el certamen organizado por la Fundación Toro de Lidia junto a la Comunidad de Madrid. El resultado de un escaparate apoyado por Telemadrid que le ha vuelto a poner en el mapa. Fernando lanceó con serenidad al primero de la tarde. En la ceremonia, Manzanares le trató con cariño en un bonito gesto. Categoría. No tuvo la brega más acertada el Victoriano. Adrián se postró de rodillas en los medios para pasárselo por la espalda. El toro se arrancó generando un ‘¡ay!’ en el tendido en el momento del embroque. Siguió de rodillas el torero de Torres de la Alameda. Muy quieto, muy entregado. De nuevo por la espalda, otro susto. Se puso de pie para torearlo con la mano derecha. Momentos de ajuste y reunión afeados por otros amontonados. El toro, noble, se vino abajo frenándose. Adrián siguió sorprendiendo citándolo por la espalda pero aquello no cogía vuelo.

El toro que cerró su lote, el quinto -recuperado el orden ordinario tras confirmar la alternativa- no le dio opción. Ofensivo por delante, muy mansurrón en los primeros tercios. Salió repuchado del caballo en las tres entradas. Trató de ordenarlo Molina. No hubo modo. Adrián, muy dispuesto, intentó encelarlo. El viaje se quedó cortó, sin humillación, sin recorrido, sin emoción. La estacada, en el hoyo de las agujas sentenció al cinqueño. Antes intervino en quites en el cuarto, por saltilleras, resultando prendido por la chaquetilla en agustiosos momentos.

Lo mejor de la actuación de José María Manzanares fue el saludo capotero al segundo de la tarde. Poco más, que su exhibición de clase y solvencia sin el agua al cuello. Con el falto de recorrido segundo ni con el aquerenciado cuarto y cornalón cuarto.

RESEÑA

Plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Feria de San Isidro. Cartel de «No hay billetes». Toros de Victoriano del Río.

José María Manzanares, de azul rey y oro. Dos pinchazos y estocada (silencio). En el cuarto, gran estocada (silencio).

Fernando Adrián, de sangre de toro y oro. Estocada desprendida (silencio). En el quinto, estocada (silencio).

Roca Rey, de azul rey y oro. Bajonazo (silencio). En el sexto, un pinchazo y dos descabellos. Dos avisos (saludos).

 

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