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Cuadras de caballos y mulillas: «La Feria de Otoño es una inyección de moral, económica y de esperanza»

La esperada Feria de Otoño es un soplo de optimismo para los aficionados que llevan meses esperando festejos de forma continuada en Las Ventas y para las empresas que dependen directamente de la programación de la capital del toreo. La temporada de Madrid suele estar conformada por alrededor de 60 festejos. Cuando doble este año, la capital del toreo habrá acogido un total de 12 festejos: ocho corridas de toros, dos novilladas picadas, una novillada sin picar y un festival.

Esa carencia de festejos afecta especialmente a los que tienen los mismos gastos sin tener esos ingresos. La cuadra de picar de Madrid está compuesta por Equigarce (el puyero) y la de la familia Cedillo (de Toledo).

Tras la suspensión por lluvia del primer festejo, Luis Cedillo comenta lo que supone este nuevo arranque de la Feria de Otoño: «Esta feria es una inyección moral, económica y de esperanza para toda la cuadra en un año que ha sido mejor que el pasado pero en el que aún no nos hemos podido recuperar del 2020».

Es la cuadra más contratada a lo largo del año taurino. No depende exclusivamente de Madrid pero la larga temporada de Las Ventas exige un gran volumen de caballos: «Este año lo empezamos con mucha incertidumbre. Afortunadamente, empezamos a rodar en Vistalegre. El verano se ha dado bastante bien. El patrimonio de la empresa son los caballos. No hemos reducido, salvo los veteranos y las bajas normales. Queremos estar preparados para el año que viene. La estructura de la empresa es prácticamente la misma. Un caballo de picar no se prepara en dos días».

Si el 2022 vuelve con la fuerza de una temporada normal se puede acusar la falta de caballos avisa Cedillo: «El año que viene puede haber una problemática de caballos porque no ha habido una renovación natural en las cuadras. Nosotros tenemos 50 caballos y cuatro personas fijas además de muchos empleados discontinuos. El año que viene trataremos de tener más personal fijo».

Algo similar le ocurre a la cuadra de mulillas de Las Ventas que es la de Saz Anchuelo. Raúl Hernández explica la situacion y la dedicación: «Es volver a tener ilusión después de todo este parón. Preparamos las mulillas durante todo el año porque la exigencia en la primera plaza del mundo es muy alta. Al gran público puede parecerle que sólo trabajamos 20 segundos en cada toro, pero detrás de esa corta actuación hay mucho trabajo porque no que haya ningún fallo».

Hernández explica cómo en este tiempo se ha seguido manteniendo las mulas: «Son muchos gastos en alimentación y cuidados además de no dejar de entrenar para que estén listas».

Están en la sombra pero son fundamentales en cualquier festejo taurino. Las cuadras de caballos y de mulillas han aguantado el tirón en la pandemia, sin ingresos, con afición y con mucho trabajo.

Imágen | Sara de la Fuente

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