Aquí hay pa´rato

Joselito Sánchez se lleva la tarde cortando dos orejas tras cuajar una gran faena a su novillo. Cortó también una oreja Ignacio Candelas, y dieron vueltas al ruedo Javier Peregrino y Marcos Linares. Alfonso Alonso y Manuel Olivero, sin opciones con el peor lote

¿Y el futuro? ¿Qué será del futuro? Bien les digo que mientras viva el presente en su juventud (que vive, se los puedo asegurar) la muerte no será muerte sino en el camino, y que seguirá el albero vistiéndose de huellas. Igual que hoy mañana será yesterday (como cantaran los Mártires del Compás), el mañana algún día será hoy, y de eso no hay quien se libre. Miren pues por el mañana pensando en el hoy. Sólo así nos abrazará el futuro. Estoy ilusionado con nuestra Fiesta, a pesar de lo mal que lo hemos pasado. Creo que todos deberíamos de estarlo. Necesitamos la revolución, y la podemos estar viviendo. Y yo creo que no me equivoco, al menos en esto. En lo demás, todo y más.

De rodillas ante los toriles y sobre todo, ante Sevilla se puso Alfonso Alonso para recibir a su primero, de D. Fermín Bohórquez, negro de capa, en eral en caja, cornicorto y brocho. Ajustada y en el tempo le ejecutó la larga, saliendo suelto el murubeño, que le berreaba a los alberos como si le quemasen, armando el pandemonio. Finalmente entró en capote, y Alfonso Alonso bregó sin ponerlo fácil el animal, complicando especialmente por el pitón izquierdo. A quitarlo se fue Manuel Olivero, despaciosas y añejas sus verónicas, caminando hacia tablas. Le replicó Alonso por chicuelinas, muy ceñidas, sacándolo de los adentros. En banderillas sacaba la cara por arriba, haciendo notable hilo en su salida, pero fueron bien puestas. La faena comenzó al ralentí. El eral, berreando infiernos, se pegaba con los burladeros. Poco tardó este Bohórquez en venirse abajo, flojo de fuerzas hasta el punto de la invalidez, demostrándola desplomándose con estrépito sobre las arenas. Alfonso Alonso hizo de tripas corazón, insistiendo y labrando meritorias series, a las que a cada poco el animal perdía las manos. No embestía mal por el derecho, pero por el pitón izquierdo, como marcó de capote, poco quería, pasando más que acometiendo. Aprovechó la diestra para darle vuelos a aquello, y hasta le sonó Tejera. Tuvo sus momentos de apuro en las postrimerías de la faena, pero por fortuna no hubo percance. Con la espada, puso dos estocadas muy delanteras ambas (entre los cuales le sonó un aviso) atravesadas como es consecuencia de ello, pero sirvió el sacar la espada tras la segunda entrada para que cayese. Fue ovacionado.

De un escopetazo salió el segundo de la tarde, del mismo hierro que el anterior, bastante más presentable este, serio en su juventud, negro de capa también, más astifino y murubeño de pitones y hechura. Se estampó contra el primer burladero que pilló, aunque pareció que se recomponía. Comenzó a repetir con ritmo en el capote de Manuel Olivero, aunque desacompasaba a ratos y perdía las manos ahora en ciertos lances, pareciendo algo dolido de la mano derecha de adelante. Verónicas fueron, de capotito chico, que no llegaron más por los tropiezos del animal. Le realizó un garboso quite por Chicuelo Javier Peregrino, sacándole gran partido a las velocidades del animal, que iba de nuevo escaso de fuerzas. Acudió a replicar Olivero de nuevo por verónicas, estirando pero sin poder redondear de nuevo por la falta de respuesta del burel, muy venido abajo en codicia. Un punto se recompuso en banderillas, en cuya brega se le evitó bajar la mano. Partió por alto Manuel Olivero con la franela, tras brindis personal, cuidando al animal más que sometiéndolo, para intentar aprovechar lo poco que allí había. Incierto era el de los pitones, escaso en codicia y justito de fuerzas. De nuevo, como pasó con el anterior animal, se desplomó el novillo en tierra, sin mucho ahínco en el levantarse. Visto el percal, Manuel Olivero planteó su labor desde la sutileza, prevaleciendo las maneras y el buen gusto sobre la sequía que tenía de frente. Insistió e insistió, pero no encontraba suficiente respuesta, más allá de sueltas embestidas que le consiguió arrancar aprovechándolas para dejar detalles de buen toreo. En los finales, camino a tablas el animal, se arrimó el sevillano. No llegó a los tendidos su labor, y era el turno de la espada. Pinchó dos veces poniendo en el tercer intento una estocada tendida y trasera, por lo que tuvo que tomar el descabello. Acertó a la primera. Fue premiado con la ovación del público.

Javier Peregrino compuso su saludo por verónicas, veloces y encajadas, al novillo que hizo tercero, de D. Juan Pedro Domecq, colorado y cornidelantero. Aquí no se perdona un quite, y se plantó Ignacio Candelas a pies juntos, capote a la espalda, por ajustadas gaoneras. Y sin pensárselo replicó Peregrino, que parecía calar con nota en los tendidos. Un pequeño susto se vivió en banderillas, un resbalón dejó a uno de los subalternos a merced del animal, afortunadamente sin consecuencias. Cumplieron los de plata. E igualmente de plata, genuflexo, tras brindis personal, comenzó a andarle muleta en mano Javier Peregrino, embarcándolo poderosamente, exigiendo y mandando. El novillo iba con chispa, galopaba desde la distancia y se movía, y su lidiador se dispuso a darle Fiesta. Dando y pidiendo distancias, se empleó y lo toreó con buen gusto y buena mano por ambos pitones, mostrándose a la altura del animal. Logró series muy conseguidas de principio a fin, llegando notablemente a los tendidos, armando el jaleo que hasta ahora no se había escuchado. Nunca perdió en ritmo el novillo, pero ganó en orientación, colándose alguna que otra vez por dentro, sin encontrar presa al menos. En estas, Peregrino se fue a por la espada. La puso un punto caída, teniendo que descabellar, no acertando hasta la tercera, con lo que se le fue el premio a ojos de la presidencia, a pesar de que hubo petición. Dio la vuelta al ruedo.

Más alto de cara y lomos, fino de pitones y de caja, era el cuarto eral que salió de toriles, el último de los de D. Fermín Bohórquez. Con el cuchillo entre los dientes lo recibió Ignacio Candelas, por largas cambiadas de rodillas, pasando el novillo extremadamente cerca, con rabia y celo. A la verónica quitó Joselito Sánchez, que remató con una buena media sobre los pies. Apuros pasó quitándolo en réplica Candelas, llevándose algún topetazo por los devenires del animal. En banderillas, se cumplió debidamente. La faena de muleta comenzó albergando esperanzas, pues el novillo tenía buen fondo, embistiendo largo y por abajo, con la transmisión que da el galope trotón de los toros bravos. Se comía la muleta, e Ignacio Candelas trazó largo y por derecho, a pesar de que a veces se le hiciese un poco grande en la muleta, costándole ganarle la acción. Estuvo en novillero, y eso nunca es pega, de hecho, gustó a los tendidos. La faena estuvo cargada de variedad y repertorio, empujado ello por la ambición del de luces, que no quería dejarse nada allí. Finiquitó por circulares invertidos, que levantaron las palmas, y se fue a por el acero. Lo puso en todo lo alto, y no tardó el eral en caer. Se le concedió una oreja.

A compás abierto, mentón hundido y capa abierta saludó por verónicas Joselito Sánchez, ligando y encelando al quinto, de D. Juan Pedro Domecq, negro de capa, gacho y ofensivo de finos pitones, que salió con ritmo y fijeza, el cual remató el sevillano con aires de sepia en la media que recetó. Marcos Linares citó desde lejos para quitarlo, por verónicas también, a pies juntos, suave, aunque acabó en apuros tras quedar desarmado al rematar con una media verónica, a la carrera ambos en una distancia notable hasta encontrar quite el jienense. Hizo respuesta Joselito Sánchez, de nuevo a la verónica. Buenos rehiletes hicieron previa a lo que estaba por acontecer. El novillo, desde la brega, venía ya marcando su buen fondo al embestir, empleado y codicioso. Y Joselito Sánchez sabía lo que se tenía entre manos. Su faena fue un canto al temple, una oda al buen toreo, que es el de siempre. Largo y viviéndole el rumbo lo pintó, con pases de pecho que duraron eternidades, y derrochando mano izquierda así como derecha. Sonaba “Suspiros de España”, y yo no podía entender por qué hay quien dice que esto se nos muere, si en el ruedo hay un chaval como lo es quien escribe estas letras jugándose la vida por el arte. Pletórico estaba, y los tendidos, aun más dormidos de lo que deberían, vieron que allí se estaba toreando, motivo este para llover los aplausos. Aguantó Joselito las exigencias del eral, haciéndose grande con ellas, en profundidades de estratosfera. Tenía las dos orejas en la mano si lo mataba. Entró, y quedó media estocada en todo el sitio, muy agarrada, que hizo muerte. Se le pidieron las dos orejas, y fueron concedidas.

Castaño, bonito y bien hecho, fuerte y astifino era el último de la tarde, también de Domecq. Marcos Linares de nuevo se las quiso ver a pies juntos, abriendo luego compás en el fundamentalismo de la verónica, luciéndose y calando. Por ser quien abría cartel, correspondía a Alfonso Alonso el quite, el cual realizó por chicuelinas con el compás abierto. Pasó a muleta con tan sólo cuatro palos por petición de su lidiador, apurados los hombres de plata. Partió a faenar Marcos Linares rodilla en tierra, buscando ordenar las embestidas del eral, que iba largo y tendido. Se movía con altas marchas, sin embrusquecer los muletazos, exigiendo con creces a la muleta del de Linares, a la altura de las circunstancias. Costaba templar las embestidas del animal, bien es cierto. A pesar del buen fondo, le faltó ese algo que tienen los toros que llegan a los ojos del público, y miren que el novillo se empleaba, repitiendo muy seguido. Buenas series trazó Marcos, que por algún motivo no terminaron de llegar a los tendidos en lo que estaba viva la faena. Demostró capacidades, pero no le acompañó la tarde. Callaba Sevilla, aplaudía fría cuando lo hacía. Llegó la espada, poniendo media estocada que se sacó y una buena estocada en segundo lugar. Afloró ahora petición en los tendidos, pero la presidenta no la atendió. Marcos Linares dio la vuelta al ruedo.

Terminaba así la última del año en Sevilla. El encierro fue variado. Los erales de D. Juan Pedro Domecq destacaron por encima de los de D. Fermín Bohórquez. Un 2-1 desde mi punto de vista, destacando quinto y sexto (ambos de la divisa sevillana) y también el cuarto (éste de Bohórquez). Joselito Sánchez se llevó la tarde, cortando dos orejas a su eral. Tocando pelo también Ignacio Candelas, así como dando la vuelta al ruedo Javier Peregrino y Marcos Linares, destacaron todos los anunciados en algún aspecto, no pudiendo Alfonso Alonso y Manuel Olivero alcanzar mayor triunfo por el mal juego de sus novillos, solo pudiendo dejar ambos detalles. Hubo buena entrada, aunque el ambiente fue algo extraño, adormecido en lo general.

Y la tarde cayó atrás para hacerse pasado, igual que en breves asomará cuerpo entero la noche, quedando en el ayer lo vivido hoy. Tenemos mucha suerte de ser españoles, y déjense por favor de banderas, vivas, e historias varias. Si hay una bandera que vive para nuestro país, laica y ajena a jueguecitos de ideología, esa es el toro bravo. Porque España vive y muere luchando. Se gana la vida en la muerte. Déjense de derechas, de izquierdas, y de historias para borregos. ¿O acaso no se torea bien con las dos manos? Paz. Verso y me voy, y conmigo se va Sevilla:

Si vive mi patria es el verde,
De campos eternos y valles,
Es negro en la piel del morlaco,
Es lila de lirio el talle;

Es Cielo en la tierra entre tablas,
Es ruedo la vida en su ciclo,
Es vida la muerte y guadaña,
España, vistes de torito.

RESEÑA

Martes, 12 de octubre de 2021. Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Novillada sin picadores a beneficio de las Bolsas de Caridad de las Hermandades de Penitencia de Triana. 6 Erales 6, de D. Juan Pedro Domecq y D. Fermín Bohórquez, para:
Alfonso Alonso, de azul marino y oro, ovación con saludos tras aviso; Manuel Olivero, de verde botella y oro, ovación con saludos tras aviso; Javier Peregrino, de violeta y plata, vuelta al ruedo tras petición y aviso; Ignacio Candelas, de azul rey y oro, oreja; Joselito Sánchez, de blanco y plata, dos orejas; y Marcos Linares, de blanco y oro con cabos negros, vuelta al ruedo tras petición.

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