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Triunfaron toros y toreros en la Plaza México

Un gran encierro de Rancho Seco permitió cortar orejas a Diego Sánchez, Gerardo Adame y Gerardo Rivera

Era una alegría desbordante por la celebración de los 100 años de la ganadería de Rancho Seco, y que mejor forma de celebrarlo que lidiando un encierro en la plaza de toros más gran del mundo.

Ante tanta algarabía, se rindió tributo al ganadero Sergio Hernández después del paseíllo. Es el titular del hierro tlaxcalteca que se lidiaba, y dio una vuelta al ruedo con gran emoción acompañado de integrantes de las peñas taurinas de la capital del país. Y fue presagio de lo que íbamos a vivir al transcurrir la corrida cuando iban apareciendo los toros.

Sí, fue un encierro muy bien presentado, con trapío, bravura y movilidad. Recibieron con gran merecimiento el honor de arrastre lento los lidiados en tercero y cuarto lugar, y siendo de gran calidad primero y quinto, mientras que el que cerró plaza tenía fiereza y bravura, era un astado que sabía pelear aunque embestía sin nobleza.

La faena grande se presentó con el cuarto de la noche. ¡Un tío el que apareció por la puerta de toriles!, de bella lámina e impecable presencia. Diego Sánchez, su matador, le realizó un quite por chicuelinas de buena factura. Y con la muleta le instrumentó un concierto por nota en cada uno de sus muletazos por el lado derecho. Se fue al centro del ruedo y se embelesó en tandas de largos y sentidos derechazos ante la extraordinaria embestida del toro. Y fue llevando al público como si su estaquillador fuera batuta musical, a corearle los olés con gran acento y una emoción que iba penetrando en la sensibilidad de los aficionados. Remató su faena con dosantinas larguísimas y profundas, y luego en la sonoridad del ánimo popular, remató con poncinas que le resultaron de arte y dominio. Mató de media estocada y el grito de ¡torero, torero! en los tendidos bajó hasta el ruedo en franca armonía. La petición de dos orejas fue concedida con justicia.

Al tercero del festejo lo veroniqueó con gracia Gerardo Adame y realizó un gran quite por saltilleras. Ya con la muleta toreó con temple y calidad al buen toro de Rancho Seco, tanto por derechazos como por naturales. Su toreó se expresó con frescura y alegría, con sabor y personalidad. Culminó con una tanda de manoletinas de buen trazo y exposición y mató de estocada entera para cortar una oreja.

Gerardo Rivera con el quinto, ante los triunfos de sus alternantes, salió a darlo todo. Recibió a porta gayola y tuvo que acostarse sobre la arena porque el toro no cambió en su capotazo y le pasó justo por arriba de él. Ya de pie toreó con variedad ofreciendo determinación y entusiasmo. Quitó por chicuelinas poco ortodoxas aunque exponiendo mucho. En banderillas se mostró habilidoso y efectivo. Con la muleta inició con cambios por la espalda verdaderamente dramáticos para luego torear con valentía por el lado derecho aunque con poca templanza. Dio demasiado tiempo al toro entre una tanda y otra lo que cortaba la intensidad de la faena. Con gran valor ejecutó dosantinas y mató de tres cuartos de estocada lo que hizo rodar al astado sin puntilla. Ante la unánime petición del respetable le fue otorgada la merecida oreja.

El que cerró plaza le correspondió a José María Hermosillo quien poco logró con el capote. Pero con la pañosa inició doblándose con gran mando. El toro sabía latín y embestía con arrebato lo que propició que el torero se mostrara valentísimo, metido entre los pitones y dejándose oler la taleguilla por el burel, exponiendo la vida ante el éxtasis de los aficionados. Se prodigó en dosantinas así de largas y dejándose acariciar por los pitones del astado en una muestra más de su gran valentía. Se tiró a matar y señaló un pinchazo, pero a la usanza antigua se dio nuevamente a torear con exposición para borrar el pinchazo y luego acertó en tremenda estocada. El público solicitó fuertemente la petición de oreja que el juez no concedió y entonces dio una vuelta al ruedo con mucha fuerza.

Con menos fortuna pero igual actitud se mostró Juan Fernando. El toro que abrió plaza fue devuelto a los corrales por mostrarse lastimado de los cuartos traseros. En su lugar apareció un toro de gran calidad y recorrido. El torero lanceó bien en terreno muy corto ya que el toro repetía rápidamente. Quitó por chicuelinas después de que el astado tumbó a la cabalgadura del picador y se enceló fuertemente con el caballo tirado en la arena. El diestro inició su faena de muleta doblándose para luego en el centro del ruedo dar algunos muletazos templados y otros no. El toro empezó entonces a imponerse más que el torero y la faena fue a menos. Mató de tres cuartos de estocada escuchando un aviso y salió al tercio a agradecer la ovación del público.

Juan Luis Sílis tuvo poca fortuna con el segundo del encierro. Un toro que regateaba las embestidas desde el primer tercio. Poco realizó con el capote. Con la muleta estuvo empeñoso pero se vio frustrado ante las embestidas descompuestas del enemigo. Terminó lidiando por la cara y se puso pesado con la espada y descabello hasta escuchar un aviso.

 

José Luis Ornelas

Imagen | La Plaza México

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