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Pedro Algaba: «Ojalá se pudiera innovar más a menudo, pero nos comen los complejos»

Miren ustedes si tiene mérito el ser guerrero, que el portar el uniforme se hace una honra. Las estrellas bajan del mismo Cielo para arropar a los héroes en sus más duras batallas. Son ellas, derramadas en luces, las que los acompañan hasta el final, sin importar el miedo, los marfiles o la misma muerte. Puede que la sangre mane, pero nunca manará una estrella para abandonar para siempre el cuerpo del torero.

Pues mérito tiene para rato vestir con las estrellas del Cielo al héroe. Quien viste a un torero no se juega la vida, pero la derrama en cada alamar, en cada bordado, en cada hilar. El entrevistado es uno de los pocos seres humanos sobre la Tierra capaz de conjugar constelaciones en un vestido con sus propias manos. Los más grandes han vestido sus trajes de luces desde hace décadas, y no hay quien le haga bajar los brazos. Luces, sedas, toros, bordados y música. Ese es Pedro Algaba.

¿Cómo acaba un manchego en Sevilla?

Toda mi familia es de un pueblo de Albacete, de Villapalacios. Estando mi madre embarazada de mí, se mudaron a otro pueblo cercano, Albaladejo, en Ciudad Real, y allí nací yo. Desde muy joven me atrajo el gremio de la sastrería taurina, la cual conocí de manos de mi hermano Justo. Antes de andar por otros sitios, me fui a Madrid en el 66, y no fue hasta el 82 que se me ocurrió venirme a Sevilla, para hacer realidad la idea que tenía en mi cabeza, que era crear una tienda-sastrería de toreros. Antes de poder llevarla a cabo, mi hermano me sugirió que podía irme a México y trabajar allí de sastre, para ganar el dinero que me hacía falta para despegar el proyecto. Estuve allí ocho años, hasta que por fin llegué a Sevilla en 1990. Y desde entonces, aquí estamos.

¿Cómo surge la idea?

Sastres de toreros hay desde que existen los mismos toreros, pero no tal y como los conocemos hoy. La sastrería clásica consistía en un piso o una vivienda particular, planteado como algo que pasase desapercibido, al acceso único de los toreros y nadie más. Entonces, yo pretendía formar un negocio que dejase a un lado ese concepto, haciendo del trabajo del sastre algo más abierto al público, donde además de toreros cupiesen igualmente aficionados y todo aquel que quisiera interesarse.

Algo tan distinto a lo conocido hasta entonces, ¿tuvo buena cabida de primeras?

En Sevilla, yo empecé en el barrio de Los Remedios, al otro lado del río. No es un barrio muy turístico, más bien quien se pasea por allí es sevillano. Tuve allí dos tiendas distintas, pero no terminaba de encajarme, y decidí moverme al Arenal, al lado de la Maestranza. Si aquella tienda la monté en marzo, para Semana Santa ya la tenía patas arriba: artistas, aficionados, curiosos, extranjeros… y ahí me di cuenta de que era una muy buena idea. Ya para la Feria de Abril, la tienda estaba llena todos los días, y me hicieron falta hasta asistentas de tienda para atender al público. Para mí el éxito, además de llenar la tienda, estuvo en poder llevar a cabo la idea que yo tenía en mente, que al fin y al cabo era algo que nunca antes se había visto.

«Este irá rumbo a México». Nada es casualidad. Rosa mejicano y oro.

Has tenido la suerte de vestir a grandísimos toreros, así como ellos han tenido la suerte de que los vistas tú. ¿A quién te ha impactado más vestir?

Hay muchos. Todo el que se viste de luces guarda una tradición que viene de muy antiguo. Grandísimos toreros han llevado trajes míos, como pueden ser Pepe Luis Vázquez, Rafael de Paula, Curro Romero, Paco Ojeda, Javier Buendía, Jesulín de Ubrique… pero para mí son igual de importantes en lo que a mi trabajo respecta tanto las máximas figuras como los menos conocidos. Tanto el que viene a comprar un palillo como el que viene a hacerse un vestido. Todos toman parte en la creación que un día llevé a cabo y que aún mantengo.

Sin duda. Aunque igual que en la moda generalmente hablando existen numerosos iconos o referentes, ya sea por influencia o revolución. ¿Quiénes son para ti iconos en la moda taurina?

Hay toreros que se han prestado más a la evolución. Para mí un icono es el valiente, el inconformista en el mejorar. El mundo del toro está estancado en muchos aspectos, que apenas han evolucionado en muchos años. Y la sastrería taurina es uno de ellos. Quienes más han movido nuestras ideas han sido las figuras, de cara al representar la estética, hacerla patente de cara al público general. Los que te he citado antes son claros ejemplos.

“Para mí un icono es el valiente, el inconformista en el mejorar”

Supongo que en menor medida se han producido avances de cara a la estética del traje de luces salvo en trajes de excepción. Sin embargo, siguiendo el dicho recitado por tantos de que “hoy se torea mejor que nunca”, ¿se viste a día de hoy mejor que nunca?

Antes la mano de obra era más barata, pero igualmente la calidad de los trajes era inferior a la que existe hoy en día. Tampoco hay que irse muy atrás en el tiempo, aún en los años 50 y 60 había muchos trajes que no se veían bien del todo. Para mí, hoy se torea como nunca, y esa evolución ha ido de la mano del progreso en el vestir sin duda alguna. No obstante, no hay que restar mérito a los trajes antiguos, ya que tenían mucha dedicación al ser hechos a mano prácticamente en su totalidad. Pero se ha ganado mucho en diseños, ahora son más favorecedores. Se han ido las arrugas, gracias a las fibras elásticas, el algodón… aunque también se ha perdido en las guarniciones de los trajes: la riqueza de las hombreras, los alamares y los machos… pero para mí la estética y la calidad de los vestidos de nuestro tiempo son mejores.

Más bien parece que el avance en el vestir es mucho más técnico, más allá de trajes goyescos, picassianos y temáticos. ¿Habrá revolución algún día en el traje más tradicional?

La base del estancamiento del que te hablaba antes está principalmente en el encerrarse en lo tradicional sin atreverse a salir de ahí, en ideas bastante arcaicas. Ojalá poder innovar más a menudo, pero nos comen los complejos. Aunque también hay toreros que se abren más a nuevas ideas.

A mí, a bote pronto, de entre los que vestís entre tú y tu hermano Justo, se me ocurre Morante.

Morante nos deja trabajar mucho. En la mayoría de los casos, nos dice que quiere un traje sin saber qué es lo que le vamos a entregar. También se interesa y ayuda con algunos diseños más puntualmente. Aporta sus ideas. Se me ocurre también hablarte de Jaime Ostos en su época, él rompió bastante con algunos trajes que se le ocurrían, como los que vistió con bordados mezclados en plata y oro. Recuerdo que Paco Ojeda se hizo un traje bordado en sedas de colores, por ejemplo. Te puedo hablar también de Padilla, con trajes como el que le hicimos en verde Esperanza con los bordados en verde botella.

Hablando en verde.

Siendo ahora de rigurosa actualidad, ¿qué me dices del vestir de Curro Romero?

Curro siempre buscó la comodidad en sus trajes. Muchas de sus chaquetas eran sin alamares, para quitarse peso del vestido. A mí Curro me decía que le daba igual si había alguna arruga pequeñita aquí o allá (siempre dentro de una estética de influencia clásica), si eso le iba a servir para encontrarse más a gusto. Así él se sintió más libre.

El vestir de Curro, libre. Foto: EFE.

¿Cómo afrontarías esos complejos que no nos dejan avanzar?

Habría que abrir la mente. Nuestro tiempo es el que tiene a los toreros y aficionados con mejor formación intelectual en la historia. Pero no se ha progresado suficientemente en cuanto al “qué dirán”. Lo ideal sería poder llevar a cabo una renovación respetando un orden, tampoco vamos a vestir a un torero de falalais (ríen). Me mata que se pida continuamente lo de siempre, sobre todo en bordados. Bordados, por ejemplo, como el de los botijos, que fue muy popularizado principalmente por Ponce. Cabe entender que lo popular no es necesariamente lo clásico. O el poner siempre los forros blancos, aunque no encajen en un vestido en concreto. Hay que ser valientes.

Suponiendo que me las puedas decir, no te las vayan a copiar (ríen), ¿cuáles ideas tienes en mente aún no llevadas a cabo?

Bueno, mi mente es un poco como la caja de Pandora. Tampoco pretendo ponerles cosas extrañas a los vestidos. Siempre hay prototipos, pero no vamos a pedirle a un ordenador que salga volando, no al menos de momento (ríen). Hay que tener muy en cuenta los límites a respetar, el vestir con un traje de torero no es como el vestir de calle. Y en la ropa de torear no hay modas, sino revoluciones. Te podría decir muchas cosas, muy vanguardistas. Pero es mejor esperar, ir paso a paso. Siendo realista, tal y como están las cosas, serían cosas que probablemente no podría hacer ahora mismo.

¿Qué te inspira, Pedro?

Principalmente, lo que está a mi alrededor, y lo que me voy encontrando. Lo primero, lo cotidiano. Ideas me surgen de pequeños detalles, como fijarme en el techo de una Iglesia, si la música me dice algo o un vestido de mujer. La inspiración le entra a uno en los momentos más inesperados. Durante lo cotidiano, me llegan, de cosas que no tienen aparentemente nada que ver con lo que yo hago, las mejores ideas. La inspiración está en todos lados.

Y aparte de tu trabajo, ¿qué te apasiona?

La música, sin duda, lo que más.

Espero que me sorprendas, ¿qué escuchas?

No soy de esas típicas personas que te dicen que escuchan de todo como algo genérico. Es completamente verdad. Bueno, no absolutamente de todo, más bien de todo lo bueno. En el coche, que uso bastante, me gusta escuchar la radio. Mientras conduzco, casi siempre llevo música clásica puesta, en RNE. Radio 3 también me parece bastante interesante, hay música muy innovadora y programas muy interesantes. Tampoco evito algunas de las emisoras comerciales, hay unas pocas, como puede ser Rock FM, que tiene muy buenos temas. Soy muy investigador en lo que a la música se refiere. Y por eso me doy cada vez más cuenta de que, en la música como en el toreo, hay muchísimos artistas a los que muy pocos conocen y que valen oro. También me encanta el Jazz.

En este taller, la música es lo más importante. Sonando “No estoy contento”, de Los Ángeles.

Alejado de lo típico, como buen hombre de cultura.

No es que yo quiera ser bohemio, es que no puedo ser otra cosa. Siempre me ha gustado ir a contracorriente de lo establecido. Tanto en lo que escucho, que no es poco, como en mi trabajo, que tampoco es poco (ríen). Me acuerdo de una pregunta que me hizo una vez una novia que tuve, que me preguntaba qué disco de todos los que tengo en casa salvaría de un incendio. Tenía 3800 discos de vinilo, así que imagínate.

Sonidos así, tanto en tablas como desde los tendidos, no tienen comparación a nada en el mundo, y más aún si se vive en directo.

Totalmente. Mi sueño desde hacía ya muchos años era ir a Inglaterra, cuna de tantos grandes músicos, a vivirlo de primera mano. Siempre había querido ir, pero al no saber yo mucho inglés, me daba reparo (ríen). Allí es que hay de todo en cuanto a música. Aquí el rock se vuelve algo más comercial, allí es música popular puramente. Allí se valoran más a otros artistas menos alabados mundialmente, que son grandísimos músicos. Aquí, sacas a la gente de Pink Floyd (que me encanta) y se pierden, sin haber escuchado nunca a artistazos como Steve Vai, o a Roy Buchanan, como miles más que hay.

Medir la frontera que separa al héroe del morir.

Pedro, ¿y si damos toros en Londres?

Pues no sé si lo sabrás, pero allí había una plaza de toros, y yo tenía unos planos originales de la misma. Ya desapareció, pero en su día se le dio uso.

Sería enorme romper más fronteras con nuestro arte.

Primero habría que preocuparse de nuestras propias tierras. Fíjate en La Coruña, o en Barcelona. No hace falta ni que te vayas tan lejos, ¡fíjate en Écija! Lo que ha sido y es ese pueblo para el toro y su plaza está aún cerrada a espectáculos. Hay que luchar dentro para poder mirar hacia afuera en ese sentido. Y no dejarnos llevar o menospreciar por las corrientes partidistas que pretenden dañarnos aun con sus incoherencias. Sería precioso poder ser más libres en ese aspecto. Sería maravilloso que todas las artes se dieran la mano. Todas deberían unirse: el toreo, la pintura, la música, la escultura… todas ellas.

“No es que yo quiera ser bohemio, es que no puedo ser otra cosa”. Genio.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir al mundo con respecto al toreo?

Tendría dos mensajes que dar, uno para la gente del toro y otro para el resto del mundo. A toreros, ganaderos, apoderados, empresarios, aficionados y periodistas, les pediría que amasen con toda su alma y honestidad a la Fiesta en su totalidad, a través de la unión, de la profesionalidad, de la humanidad, y de la creatividad. Y a todo aquel aún ajeno o incluso contrario a la tauromaquia, le pediría sencillamente mayor apertura de mente, mayor tolerancia. Respeto, en definitiva. Y que cada quién combata sus incoherencias. Que yo, al menos, no puedo con las injusticias.

No suelo hacerlo en estos casos, pero no me ha salido un cierre mejor para esta entrevista que el verso. 

Como sabias palabras dijeron

Inspiración hay en todos lados;

Bebe de la fuente de la bohemia,

Nace de lo menos esperado.

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