spot_imgspot_img

Roca Rey y Francisco de Manuel, tres orejas, alcanzan el Paraíso de la Puerta Grande en un epopéyico cierre de temporada en Madrid

Lo de esta tarde en Madrid fue pura epopeya. Un guión largo, de tres horas, henchido en contenido, en el que no faltó de nada. Como en la mejor de las superproducciones de Hollywood. Con Andrés Roca Rey, rebelado contra la exigencia furtiva del Cónclave, con la ambición de la figura máxima que es, en una faena templada y emotiva, imposible pasárselo más cerca. Con Francisco de Manuel crujiendo Las Ventas al natural, igual de imposible torear más puro, más despacio, con la zurda. Tres orejas el madrileño el día que debe cambiar su destino. Ambos alcanzaron el Paraíso. Esa gloria infinita que es Madrid en hombros. A su mismo nivel hay que ubicar la sobresaliente corrida de Victoriano del Río, con tres toros excelsos, que hicieron honor al porqué es la ganadería del año, ya en la vereda del ocaso. Con el ‘No hay billetes’ colgado, esta catarsis de emociones -ni Florito se quedó sin su aplaudida cuota de pantalla en los dos toros devueltos- también tuvo su dosis de tragedia griega, encarnada por Alejandro Talavante, que escuchó los tres avisos del cuarto en un histórico cierre de temporada 2022 en Madrid de esos que hacen falta. De los que hacen afición de verdad.

 

Se corrió turno para dar tiempo a Roca Rey y salió ‘Espiguita‘, en quinto lugar, un animal bien hecho, proporcionado y cuajado, rematado por todos lados, con desarrollo de pitón, engatillado, enseñando las palas y abierto. Permitió buenos lances a la verónica de Francisco de Manuel, que se hizo ovacionar con fuerza en un precioso quite por chicuelinas de mano baja. Sensacional tercio de banderillas Juan Carlos Rey y Fernando Sánchez, que se desmonteraron. Rún-rún de faena grande en la plaza. Esa atmósfera única de Madrid.

Se lo sacó más allá de las dos rayas y, ahí, lo cuajó. Primero con la diestra, pero, sobre todo, al natural. Embistiendo el toro con un ritmo y un temple mayúsculos. Tres, quizás cuatro, tandas echando los vuelos y enganchando cada embestida, pulseándolo y muy despacio, vaciando detrás de la cadera. Excelentes. Al ralentí. Crujió Madrid. Faena cara y medida, que acabó con trincherillas. Se volcó a matar o morir y la estocada, algo caída, fue fulminante. Sin puntilla en cuestión de segundos. Dos orejas, primera Puerta Grande de su carrera y ovación para este superlativo ‘Espiguita‘.

Salió en tercer lugar un salpicado, muy en ‘lo’ de Algarra de esta casa, bajo y armónico, pero muy serio, de pitón blanco, abierto de cuerna y enseñando las puntas, que repitió de salida en el percal de Francisco de Manuel. Cumplió en varas y fue a más. Con más codicia, muy pronto, como loco por comerse los engaños. Alegre y con ritmo en banderillas. De Manuel se echó de rodillas para torearlo en redondo, templado, hubo un pase de pecho rodilla en tierra y el de la firma, magníficos para abrochar la tanda. La tanda posterior, con la diestra, también muy importante, toreando muy ceñido. Mantuvo el nivel de intensidad en las series posteriores, aunque no la rotundidad de esas dos primeras, especialmente, en el final, en paralelo a tablas, con la zurda. Por ahí, el toro se abrió y buscó las tablas. Final por manoletinas, angostísimas. Se tiró detrás de la espada y dejó una buena estocada, que le procuró una oreja.

Merodeando los 600 kilos, el segundo fue un toro de feas hechuras y suelto de carnes a pesar de su romana, le cabían aún más kilos, estrecho de sienes, con las puntas mirando al cielo. No gustó de salida, muy protestado, y, tras claudicar a la salida del peto, fue devuelto. Se lució Florito para meterlo a toriles y salió en su lugar en su sobrero del mismo hierro. Castaño salpicado y bocidorado, serio y fuerte, pero sin terminar de llenar, el primer sobrero tuvo aún menos fuerza y también regresó al corral. El segundo sobrero fue otro castaño, hondo y con mucho cuajo, muy basto de hechuras, por encima holgadamente de los 600 kilos y amplio de sienes, abriendo mucho la cara. No permitió el lucimiento de Roca Rey con el percal y se empleó en el peto. Sangró mucho el de Victoriano, que apretó para dentro tela en un tercio de banderillas en el que expuso y se desmonteró Viruta.

Volcánico fue el prólogo, hasta tres cambiados por la espalda, quieto y muy erguido, sin mover un milímetro. El cambio de mano larguísimo, cosido al del desdén y uno de pecho largo, que prolongó con la trinchera, de cartel. El público, metido ya en la faena. De lleno. Rompió a embestir el toro, que le costaba a partir del cuarto muletazo, por su excesiva romana, pero que tuvo clase y nobleza. Lo cuajó por ambas manos. Hubo dos tandas de naturales mayúsculas, tan templadas como vibrantes, especialmente, la segunda, donde hubo un cambio de mano y un natural larguísimos, casi circular, a cámara lenta. Imposible más reunido, más encajado. Con el toro, importante y con gran profundidad, ya más entregado, se incrustó, además, entre los pitones, pasando el toro por lugares inverosímiles. Ni un papelillo de fumar cabían entre toro y torero. Las bernadinas, taquicárdicas. Se volcó sobre el morrillo y hundió la tizona hasta la empuñadura en el sitio. De premios. Un clamor Las Ventas, una marea blanca que no cesó hasta concederle las dos orejas. Ovacionado este buen ‘Jaceno‘ de Victoriano. Tras la vuelta al ruedo, pasó a la enfermería, pues recibió un pitonazo en la mano izquierda en la suerte suprema. Puerta Grande en Madrid.

Almirante‘ cerró la temporada en Madrid. Un toro ensillado, que abría la cara, enseñando las puntas, que no permitió el lucimiento de un Roca Rey, que se dolió de esa maltrecha mano izquierda. Empujó fijo en la primera vara. También cumplió en la segunda. Cortó y esperó lo suyo en banderillas. Pronto y en la mano, se lo sacó directamente a los medios para ponerse con la mano izquierda. Como si no tuviera herida la mano. Trazó varios naturales de buen porte, limpios, pero se le veía mermado. El toro fue mejor por ese lado, pues soltaba la cara mucho más por el derecho. Volvió, por ello, a la diestra, pero muy dolorido terminó optando por ir a por el acero. Marró con el acero.

Rompió plaza el único cuarteto del envío, bajo y corto de manos, de buen cuello y lleno, bien hecho y proporcionado, serio y astifino, que enseñaba las palas. Embistió con clase y ritmo en el percal de Alejandro Talavante, que dibujó verónicas mecidas, despaciosas en un largo saludo capotero que también incluyó chicuelinas, una media y una acompasada larga cordobesa. Empujó en el peto, pero blandeó, pues pareció medido de motor, si bien se arrancó con prontitud en banderillas. Brindó el pacense al público y comenzó con el ‘cartucho de pescado’, sin preámbulos, toreando con la zurda en toreros doblones. Perdió las manos el toro. De nuevo, y por dos veces, en la tanda siguiente por ese mismo pitón. Trató de afianzarlo siempre por ese pitón, no toreó con la diestra en todo el trasteo, pero en vista de que el animal quería más que podía, fue por la espada.

A un par de meses de los seis años, ‘Vampírito‘ era un tío. A un kilo de los 600, toro hondo, largo, con mucha caja, alto de agujas y dos guadañas por delante, muy abierto, casi cornipaso, enseñando las palas con longitud de pitón. Muy ofensivo. Humilló de salida. Empujó en la primera vara y se dejó pegar en la segunda. Pronto en banderillas. Talavante, que apenas pudo dibujar alguna verónica suelta en el recibo, comenzó por alto el trasteo. Lo toreó vertical y con relajo, con suavidad. Hubo buenos muletazos, porque el toro tuvo nobleza, pero también le faltó miga. Sosote. Le metió una estocada casi entera atravesada, que no fue suficiente, trató de descabellarlo, pero cada vez más girado y encogido, no lo puso fácil y Talavante, apático, tampoco puso excesivo empeño tras escuchar el segundo aviso. Cayó el tercero y el animal tuvo que ser apuntillado junto al burladero después de sacar los mansos. Bronca para el pacense.

RESEÑA

hierro victoriano del río

Plaza de toros de Las Ventas, en MadridEspaña. Festejo del Día de la Hispanidad, último de la temporada en Madrid. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Victoriano del Río, el segundo sobrero bis del mismo hierro, tras devolverse el primero también de la divisa titular, desiguales de presentación, pero bien presentados. El 1º, con clase, pero muy endeble, quiso más que pudo; el 2º, buen toro, rompió con prontitud y clase en la muleta, aunque por su peso, le costaba más a partir de mitad de tanda; el 3º, otro toro notable, con fijeza y mucha prontitud, tuvo mucha profundidad y humilladora embestida, el único ‘pero’ que acabó buscando las tablas por el pitón izquierdo; el 4º, noble y sin mal estilo, pero muy soso, le faltó raza; el 5º, definido de salida, excelente, embistió con ritmo, profundidad y un temple superlativo, sobre todo, por el pitón izquierdo; y el 6º, áspero, con menos temperamento por el izquierdo, a la defensiva por el derecho.

Alejandro Talavante (de obispo y oro), silencio y bronca tras tres avisos.

Roca Rey (de sangre de toro y oro), dos orejas tras aviso y silencio.

Francisco de Manuel (de blanco y oro), oreja y dos orejas.

Incidencias: Tras finalizar el paseíllo, sonaron los acordes del himno nacional. En banderillas, se desmonteró Viruta en el segundo. En el quinto, hicieron lo propio Juan Carlos Rey y Fernando Sánchez.

spot_img

RELACIONADO

spot_img