Luque ratifica su dimensión en Las Ventas

El sevillano muestra su versión más comprometida cortando una oreja

La presencia de las figuras en Madrid muchas veces trae consigo baile de corrales. La extraordinaria corrida de la que todo el mundo hablaba de Santiago Domecq tuvo que ser recompuesta por dos pinturas de La Ventana del Puerto. La afición más vociferante tenía un argumento más en esta feria en la que están desfogando todo el encierro de la pandemia.

Quisieron afear la labor de Daniel Luque frente al tercero. Un toro que enseñaba las palas aunque por detrás podía faltarle cierto remate. El torero de Gerena lo paró con decisión durmiendo especialmente la media. Cuando cogió la espada y la muleta una voz le dijo: «A ver qué haces con la mona». Sin haber reparado en lo recto que se había venido en la brega de Juan Contreras. Luque sí había reparado y esperaba la colada con la decisión del que acepta la voltereta. Se puso de verdad, aguantó embestidas secas, duras, rebañadas. Pero siguió logrando extraer meritorios muletazos sobre ese complicado pitón. Al natural se encontró un recorrido más corto pero más franco, no servía el toro para ‘torear bonito’ pero desplegó toda su capacidad convenciendo a toda la plaza. Incluso al del inoportuno comentario, aunque esta faena de tapabocas no silenció el gallinero. Luque estoqueó por arriba, la oreja fue de ley.

Se entregó con el sexto en busca de un triunfo imposible. El de Santiago Domecq resultó poco agradecido al buen trato de Luque. Por el izquierdo resultó reservón y poco humillador. Terminó metiéndose en los terrenos del toro, asustando con su valor, con su decisión. Sobró una tanda, por ponerle un pero. La gran ovación despidió su incontestable decisión.

Miguel Ángel Perera se encontró uno de los remiendos comentados. En concreto un astifino tacazo de la Ventana del Puerto. Un ejemplar que tuvo buen son desde salida. Perera lo vio, quiso torearlo con suavidad con el capote y cuidarlo en los tercios posteriores. La cuadrilla estuvo soberbia. Curro Javier con el capote, Javier Ambel y Vicente Herrera con las banderillas. El extremeño brindó al público, con sus metódicas formas dejó la montera en la segunda raya de picar. El inicio fue explosivo, empezó con un pase cambiado por la espalda. El toro desarrolló una fijeza extraordinaria, que se complementó con buena clase sin perder la transmisión necesaria para que cale en Madrid. Miguel Ángel Perera aprovechó la calidad y el ritmo del toro del hierro salmantino. Notable faena en la que podría haber cortado una oreja de no ser por la fea media estocada que provocó derrame.

Otro buen toro fue el quinto pero no para el concepto de Perera. Empezó bien, dándole la suavidad que pedía. Después desarrolló su concepto de mano baja, trazo largo y dura exigencia. El noble toro de Santiago Domecq se entregó tanto que no tuvo mayor fondo para aguantar. El resto de la faena fue anodina. Muy limpia, muy perfecta, pero el buen aire del toro -que después le faltó humillación- se había ido por el sumidero del toreo moderno.

El Juli abrevió con buen criterio ante el pegajoso primero y porfió con gran profesionalidad ante el informal cuarto, el otro remiendo de La Ventana del Puerto. La figura madrileña le puso muchísima garra, sin aburrirse, sobreponiéndose a las complicaciones. Le exigió muchísimo por abajo para poderlo, el toro sacó fondo agradecido. Juli consiguió corregir esa recta trayectoria a base de paciencia y de decisión.

A la salida, los corrillos comentaban la extraordinaria dimensión de Daniel Luque.

RESEÑA

Domingo, 10 de octubre. Plaza de toros de Las Ventas. Octava de feria. Toros de Santiago Domecq, justos de cuajo aunque serios de cara, de pobre juego a excepción del 5° y de La Ventana del Puerto (2° y 4°), de buena presencia y de buen juego el 2° e informal el 4°.

El Juli, de catafalco y oro. Silencio y saludos.
Miguel Ángel Perera, de nazareno y oro. Saludos en ambos.
Daniel Luque, de blanco y plata. Oreja y saludos tras aviso.

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