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La estética de Castrillón, único argumento de la tarde

Erika Durán

 

Le cuesta arrancar a la feria caleña, que en su segunda tarde sigue tan fría en los tendidos como en la arena. Y no porque los toros no pusieran de su parte, pues los de Achury Viejo, sin ser un torrente de bravura, ni mucho menos, dieron verdaderas posibilidades a los toreros colombianos que se jugaban un puesto en el festival nocturno. Sí, hubo viento y lluvia, y faltó casta, empuje y calidad, pero a veces se espera que los toreros pongan algo más de su parte.

Al menos así lo hizo Luis Miguel Castrillón, que se sacó de la chistera ese toreo elegante y estético que atesora, para vestir las embestidas de un toro (el tercero) noble y bueno, que fue hasta donde el de Medellín lo mandó. Hubo momentos de verdadero gusto por ambas manos y, si no hubo trofeos, fue sólo porque el acero fue certero.

El resto de la corrida careció de un argumento sólido por parte de los toreros. A Ricardo Rivera, torero de buen corte, se le echó de menos una ambición y una actitud más comprometida, con menos reservas. Sobre todo porque su toro, el de mayor brío de la tarde, quiso pelea, pero el torero pareció no creérselo, al menos hasta justo antes de tomar la espada, cuando sometió bien por bajo al toro, que respondió con transmisión y calidad. Tampoco estuvo acertado con la tizona.

De entre los demás destacó el esfuerzo que puso el boyacense Juan Sebastián Hernández. Y eso que su toro echó pronto el freno de mano y renunció a dar cualquier embestida completa. Quedó patente su buena intención, pero poco más pudo hacer.

Por su parte, José Arcila, que lució tan frío como desafortunado en el sorteo, con un toro sin vida; Franco Salcedo, que no encontró en su escaso bagaje las herramientas para alegrar y estirar las embestidas de un toro sin maldad ni fondo; y Rocío Morelli, pérdida y sin rumbo durante toda su faena a un toro que le perdonó todo de lo bondadoso que fue, fueron el anodino complemento de una tarde con poca historia.

Más contenido pudo tener la entonada faena de Christian Restrepo, hijo del matador con el mismo nombre y alumno aventajado de la Escuela Yiyo de Madrid, que le dio fiesta a un becerro santacolomeño de Salento, al que toreo con primor a la verónica, para luego gustarse con la muleta por ambas manos. Además, no se amilanó cuando, después de una voltereta, el novillo aprendió y terminó buscando su cuerpo constantemente. Tendrá que aprender a matar, pero ya se le vislumbran detalles prometedores.

RESEÑA

Plaza de Toros de Cali (Colombia) Colombia. Segunda de la Feria del Señor de los Cristales. Toros de Achury Viejo y un eral de Salento. Los de Achury Viejo tuvieron cuajo y seriedad, aunque con caras poco desarrolladas. En comportamiento fueron buenos, aunque descastados y sin fondo. El mejor fue el exigente primero. El eral de Salento tuvo motor y terminó orientado.

Ricardo Rivera, saludos tras dos avisos.

José Arcila, silencio tras aviso.

Luis Miguel Castrillón, vuelta al ruedo tras aviso.

Franco Salcedo, silencio.

Rocío Morelli, saludo tras aviso.

Juan Sebastián Hernández, silencio.

Christian Restrepo (becerrista), vuelta al ruedo.

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