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Bodas de sangre

Juan Leal corta una oreja en la tarde de la alternativa de Rafael González, que resultó herido con el toro de su doctorado. Joaquín Galdós, dispuesto frente al peor lote de una corrida de Fuente Ymbro con matices.

Madrid. Partir a navegar en aguas revueltas no suele ser siquiera opción, pero cada quién porta el timón de su nave. Rafael González tiene valor por torero y por sí mismo, pues no todos tienen el valor (ni la oportunidad, todo sea dicho) de tomar la alternativa en Las Ventas, más si cabe en pleno San Isidro. Consciente de ello, salió a matar o morir, y la herida hizo acto de presencia. Nada quedó en el hotel.

«Pardillo» se llamaba el toro de la licenciatura, negro de capa, nº47 con 565 kilos de peso, del hierro de Fuente Ymbro. De salida no permitió mayores aires que el mero lanceo de capote tras pasear los alberos venteños. Un quite en una baldosa le sopló el padrino, Juan Leal, previo a concederle el doctorado al toricantano. Banderillas, y solemne ceremonia. Tras el intercambio de trastos, el brindis fue emotivamente dirigido a su padre, y tocaba faenar. Genuflexo comenzó, con un mando lucido que embarcó una tras otra las humilladas embestidas del de Ricardo Gallardo. El burel se movía, y Rafael González le hizo con verdad, templando, parando y mandando, para nada reflejando el hecho de que lleva sin torear prácticamente dos años y es su primera tarde ya como matador de toros. Pulcra la muleta, hambriento el alternativado, tejió un hacer meritorio y emocionante. Tocaba rematar, y por bernadinas ceñidísimas se puso, perdiendo el mando del animal con tan mala fortuna que uno de sus marfiles le atestó una auténtica puñalada un punto por debajo de la cadera izquierda, entrando en profundidad. Quiso seguir, quiso y quiso, pero no se tenía en pie. Bochornosos fueron los pitos que más que jalearle por la intención, le recriminaban el intento. No le quedó otra que poner rumbo a la enfermería tras dos intentos insatisfechos con la espada. Lo mató Juan Leal de estocada certera, mientras se marchaba en volandas un señor matador de toros.

La tarde de Juan Leal fue larga a raíz del contratiempo, teniendo que matar nada menos que cuatro toros en total (1º,2º,4º y 6º). Lo mejor de su tarde lo dejó frente al que hizo segundo. Quieto como una estaca se quedó, rodando poco a poco en el ganar altura delante de un toro al que recortó distancias sin taparse, de nuevo en su baldosa, ligando y pudiendo, empujando y haciéndose sitio. Se hizo de notar de menos a más, conectando con creces gracias a la obediencia del animal y su propia valentía. Lo tenía hecho, y desde las mismas cortas distancias que trabajó durante la faena, la cerró. Mató heterodoxo pero efectivo y correcto en colocación, lo que le trajo una petición mayoritaria de oreja que fue atendida. Más monótono por los toros a los que hizo frente fueron sus haceres a los otros animales que le correspondieron, ambos en las líneas del estoicismo correspondido con el cara a cara sin luchas de más altos vuelos, más plenas de voluntad del espada que de estética o estructuración. No halló recompensa en ninguna de ellas, y cerca estuvo de encontrarse su piel con las astas en el último de la tarde. No fue así por suerte para él. Con la espada, una de cal y otra de arena.

Joaquín Galdós quiso poner el espíritu que le faltó a su lote. A su primero, de mayor movilidad por la vía de la provocación, le consiguió imprimir vuelos notables por momentos, a base de correr la mano y empujar la embestida, exprimiendo embestidas, cuajando más de una serie importante en la circunstancia. Se apretó más que su oponente, al cual, a pesar de embestir bien y templado cuando lo hacía, le faltó un tranco de más, ese querer querer que hace otorgar de por sí la medalla de la bravura. Teniendo Galdós en su haber una labor meritoria, no consiguió rematarla en suficiencia, poniendo media tendida y necesitando descabellar, acertando a la segunda, sonándole antes un aviso.  Su fortuna decayó cuando le salió de toriles el segundo de sus toros, animal que permaneció desordenado hasta el morir, falto de franqueza en la mayor parte de su lidia. Si hubo algo a destacar, fue la compostura de Galdós, y un gran par de banderillas de manos de Roberto Blanco, a quien los tendidos obligaron a saludar desmonterado una sonora ovación.

La corrida de Fuente Ymbro fue de importantes matices. De inicios no propició, en el caballo peleó de forma cumplida en la discreción, y por lo general rompió a mejor en los últimos tercios, algunos toros aguantando los inicios en fondo (como fue el primero de la tarde) y otros no tanto. Bien presentada estuvo. La entrada flaqueó en ciertos tendidos, pero no dejó de ser propia de San Isidro.

Abandonar un ruedo con el animal más vivo que tú es duro, y más para alguien que tiene todo por hacer. La dignidad de Rafael González dejó su huella en el ruedo que le vio convertirse en matador de toros, y la justicia exige su vuelta. No le faltarán palabras para decir. Honor

 

RESEÑA
Jueves, 2 de junio de 2022. Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid)[ 26ª de San Isidro. 6 Toros 6, de Fuente Ymbro, para: Juan Leal, de rosa y oro, oreja, ovación y silencio en el que mató por Rafael González; Joaquín Galdós, de blanco y plata, silencio en ambos; y Rafael González, que tomaba la alternativa, de azul marino y oro, herido. Incidencias: Rafael González resultó herido en el toro de su alternativa, primero de la tarde, teniendo que darle muerte Juan Leal. Tras un gran tercio de banderillas, Roberto Blanco saludó montera en mano una ovación en el quinto toro.

 

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