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Ferrera, Adame, que volvió a indultar, y Juan de Castilla, triple Puerta Grande con una corrida tan mansa como noble de Salento en Cali

 

 

Delirio en Cali. La denominada Corrida Internacional, tercera del abono, terminó con los tres toreros saliendo en volandas de Cañaveralejo. Antonio Ferrera, Joselito Adame, que volvió a indultar -a ‘Coquito‘, esta vez- exactamente un año después en este mismo escenario, y Juan de Castilla firmaron una tarde triunfal. En el devenir de la misma, resultó clave la actitud del torero colombiano que salió a morder y, tras cortar las dos orejas en su primero, espoleó a sus compañeros de cartel, que no quisieron quedarse atrás. Todo con una corrida tan mansa -salvo el excelente toro de rejones que rompió plaza y fue premiado con la vuelta al ruedo- como noble a raudales de Salento, de procedencia Santa Coloma.

Abanto desde el principio, el cuarto fue el toro con mayor mansedumbre del encierro de Salento. Sin fijeza en los capotes y pasando de un caballo a otro, fue una quimera sujetarlo. También complicó mucho en banderillas a la cuadrilla de un Juan de Castilla que, logró robarle unas verónicas muy costosas y se tuvo que emplear a fondo con la franela para fijarlo. El cafetero brindó el toro al senador Christian Garcés, que defendió la fiesta de los ataques políticos en los últimos meses.

Se echó de rodillas en el inicio de faena, embistiendo él, a un toro que miraba, se abría y no era franco. Le obligó a pasar en una faena en la que siempre atacó el torero, con sentido y dándole los terrenos al toro. Una faena que transcurrió en el tercio, sin sacar demasiado al toro, con la muleta siempre en el hocico y ganándole un paso entre cada muletazo para meterle en el canasto. Hubo dos tandas muy trabajadas, obedeciendo el toro. Manso noble, el torero percibió ese fondo del toro y pudo relajar el mando para acompañar más las embestidas. Por ahí, salieron los muletazos con mayor gusto y mejor trazo. Lo mató de estocada desprendida, pero certera, y paseó las dos orejas.

El que cerró plaza fue otro animal remiso a embestir y que fue, en todo momento, a media altura. Le costó pasar de medio muletazo en adelante y tratando de irse. Juan de Castilla, que brilló en un galleo por chicuelinas para ponerlo en el peto, trató de provocarle la embestida y así logró extraer muletazos que siempre parecieron en varios tiempos, porque no había fluidez ni ritmo. Esfuerzo baldío con un astado cada vez más desentendido al que mató de pinchazo y media. Escuchó palmas de despedida.

También fue un animal mansurrón el lidiado en quinto lugar, aunque hizo más intención de quedarse en los engaños. Ferrera se adornó muchísimo en los lances de recibo con el percal y, acto seguido, ocupó el lugar del picador para pegarle un buen puyazo al toro. Soltó en cuestión de segundos la vara y se bajó de la montura para agarrar el capote en un quite por chicuelinas. Formó un lío el extremeño, que tomó las farpas para invitar también a su nuevo banderillero, el luso Joao Ferreira, y a Joselito Adame.

Comenzó también de rodillas, picado por Juan de Castilla, con un animal que se abría como para irse, pero que tuvo siempre ese punto de fijeza para repetir en la muleta con cierta clase. Cuidó bien la escena Ferrera, administrando las pausas y adornándose pasándose la pañosa por encima de la cabeza, caminando con torería, encelando al animal al tiempo que llenava la escena. Hasta desempolvó el ‘salto de la rana’. Lo mató andándole desde unos 20 metros hasta citarlo para matar recibiendo a unos cinco del animal. Enterró tres cuartas partes del acero que fueron suficientes. Faena arrebatada que fue premiada con las dos orejas.

Salió suelto y se movió sin clase el segundo, primero para la lidia a pie. Lo recibió bien Ferrera, que le enjaretó cuatro verónicas templadas con ese capote azul que mostró en la temporada española. Lo quitó del caballo con una chicuelina y un par de medias que encendieron al tendido. Sin embargo, cuando luego trató de recogerlo en la muleta, el animal salió bastante suelto y protestando, pese a los esfuerzos del español por ‘empaparlo’ de muleta. Intentó cogerle el sitio en la corta distancia, a base de oficio, logró medios muletazos, poderosos, en tandas cortas de tres, cuatro, y el de pecho. Así, logró arañarle cuatro series que tuvieron intensidad. La espada, no obstante, fue la mácula de su labor, pues lo pinchó dos veces antes de que la espada le cayera muy abajo.

El sexto fue un toro con briznas de mansedumbre, si bien, fue un animal pronto y repetidor, que tuvo nobleza a raudales. Reunió muchas virtudes, pero la bravura no fue una de ellas. Se abrió mucho en la embestida y embistió ‘gateando’ muy a la mexicana, muy en Saltillo. Adame se ganó al público ya desde un vistoso quite por zapopinas y luego devolvió la invitación a Ferrera, esta vez, junto a su banderillero Alex Benavides. Comenzó el trasteo al hilo de las tablas para darle celo a esa embestida.

Tras una primera agarrado a ellas, se lo sacó más allá del tercio con torería. A partir de ahí, brotó un toreo relajado y con desparpajo para cuajarlo a placer. Estuvo francamente bien toreando al natural y tambié le pegó derechazos sensacionales a un ejemplar muy bondadoso. Nunca lo apretó y el toro tuvo muchísima duración. Finalmente, tras amagar con montar la espada en varias ocasiones, llegó el indulto. Recibió las dos orejas bajo los acordes de ‘El Rey’ junto al ganadero Mauricio González.

El tercer ‘Santa Coloma’ de Salento fue un animal no muy generoso en su recorrido, pues se quedó incluso corto ya en el recibo de capote de Joselito Adame que, pese a ello, logró firmar varias verónicas con cadencia. Con la cara arriba, hizo sonar el estribo en el paso por el caballo, antes de un quite entonado por chicuelinas. Esos lances hicieron concebir esperanzas al tendido, pero el animal ya en los primeros compases el trasteo mostró su escaso recorrido y muchas dudas, parándose, antes de cada cite.

Adame estuvo poderoso con él, sometiéndole y obligándole a pasar. Lo llevó muy tapadito en la muleta para que el burel prolongara su recorrido en lugar de quedarse a mitad del viaje. Molesto y a regañadientes, se tragó tres series antes de, al verse podido, echar la persiana. Pinchó en cinco ocasiones antes de enterrar la espada abajo, por lo que todo quedó en silencio tras aviso.

Rompió plaza un animal que obedeció mejor a las telas que al caballo. Fiel a su encaste Santa Coloma, se fue ‘calentando’ poco a poco y, encelado, galopó con ritmo y alegría. Sin embargo, Willy Rodríguez, que se despedía de la profesión esta tarde, no terminó de acoplarse a su adversario en una labor llena de tiempos muertos e imprecisiones. Llegó incluso a cambiar una montura sin siquiera clavar una banderilla antes. Además, cuando pareció haber mayor ajuste, siempre a la grupa, nunca de costado, pidió de manera sorpresiva el rejón de muerte. El rejón, perpendicular, necesitó de tres golpes de cruceta. Hubo vuelta al ruedo para el toro y pitos para el jinete.

RESEÑA

Plaza de toros de Cañaveralejo, en Cali (Colombia)Colombia. Tercera de la Feria de la Libertad. Alrededor de un cuarto de entrada. Toros de Salento, el primero para rejones, desiguales de presentación, algunos justos de presencia y cornicortos. El 1º, de nombre ‘Mochito‘, nº 55, negro entrepelado, con ritmo y codicia, fue premiado con la vuelta al ruedo. El 6º, de nombre ‘Coquito‘, nº 88, cárdeno, fue indultado.

Willy Rodríguez, que se despidió de la profesión, pitos.

Antonio Ferrera, (de blanco y oro), silencio y dos orejas.

Joselito Adame, (de negro y oro), silencio tras aviso y dos oreja simbólicas.

Juan de Castilla (de blanco y oro), dos orejas y palmas.

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