Un pliego para El Puerto de Santa María con muchas dudas

Texto: Sandra Carbonero

El Ayuntamiento ha hecho público un pliego inverosímil para la concesión de la explotación de la plaza de toros.

El Ayuntamiento de El Puerto de Santa María ha dado a conocer el pliego de condiciones para la licitación de su coso en el que se prima el rédito económico antes que al fomento y preservación de la cultura taurina.

Desgranemos los puntos más controvertidos y, al mismo tiempo, dañinos para todos los estamentos de la Tauromaquia, incluyendo al propio aficionado.

El pliego, con fecha del 18 de abril, ya ha entrado en vigor y los empresarios tendrán solo 15 días naturales para presentar sus propuestas, sujetas a la bases del pliego.

Como no podía ser de otra forma, el primer aspecto a tener en cuenta es el económico. La plaza sale a concurso con un canon de 17.481,37 euros. El máximo de puntos que se pueden obtener es de 30, pero esta oferta puede «mejorarse al alza». Es decir, cuanto más dinero ofrezca el empresario, (sin ningún límite establecido) más puntos obtendrá. Es una oferta al mejor postor.

La concesión será durante un año. Desde la firma del contrato hasta el 15 de octubre. Del mismo modo, estará exento de pagar el IBI para, según el alcalde, Germán Beardo, pueda destinarse esa cuantía a la mejora de los carteles.

El segundo punto hace referencia los «criterios de calidad» con un máximo de 70 puntos. En el mismo se señala la obligatoriedad de ofrecer tres corridas de toros a pie y una clase práctica. Estos tres festejos se deben celebrar entre el 21 de julio y el 14 de agosto. ¿Pero por qué una plaza de la relevancia de El Puerto de Santa María no da toros el 15 de agosto, día más taurino del año? La respuesta es fácil. El documento advierte que el empresario no podrá disponer de ella entre el 15 y el 28 del mismo mes, ya que se llevarán acabo otro tipo de actos.

La empresa arrendataria podrá anunciar hasta dos festejos y obtendrá 20 puntos por cada uno de ellos. Hay que recordar que cuantos más festejos se den, el Ayuntamiento recaudará más beneficios. El mismo hecho se traslada a las novilladas y clases prácticas.

Volviendo a los «criterios de calidad» que se establecen, debe haber «tres toreros a pie situados entre los doce primeros del escalafón» y «ganaderías de prestigio» con «toros de primera calidad». ¿Acaso El Puerto de Santa María no goza de categoría e importancia suficiente que es necesario hacer hincapié en ello?

En cambio, hay una cuestión importante que afecta a la calidad y que se le escapa al alcalde: el tiempo. A estas alturas, las figuras ya tienen cerrados y/o apalabrados los carteles para julio y agosto y las ganaderías reservados los encierros que van a lidiar. Además, hay otro plus. Una vez firmado el contrato con el arrendatario, (se estima que a principios de mayo) tiene que presentar la propuesta al Alcalde con los «carteles cerrados» 40 días como mínimo antes de la celebración del primero para que sean aprobados o no. Es decir, que la empresa tendrá que confeccionarlos en apenas unas semanas.

En cuanto a la promoción y comunicación se ofertan un máximo de 10 puntos. La letra pequeña de este apartado puntualiza que se otorgarán 0,5 puntos por cada 1.000 euros que se inviertan. Para optar a la puntuación máxima habría que invertir 20.000 euros.

Por otra parte, se darán hasta 7 puntos si se realizan tentaderos y clases practicas «a costa del concesionario».

El último apartado, serán 5 puntos para el fomento de la tauromaquia entre los jóvenes. El arrendatario pondrá a disposición de los menores de 30 años un mínimo de 1.000 abonos con bonificación del 50%. Estas entradas están ubicadas en los tendidos de sol, gradas segundo piso de sombra y grada segunda piso de sol. El contrapunto está en que el Ayuntamiento, como señala el pliego, «dispondrá de ocho asientos de barrera de sombra con los números 124 al 131, ambos inclusive, para cada festejo» y, también, cuenta con tres burladeros reservados.

Si sumamos todas las cuantías anteriores, se observa que para el alcalde Germán Beardo esto es una ganga para las arcas de su consistorio, mientras que para el empresario la rentabilidad será poca y, al final, será el aficionado el que sufra este despropósito en su bolsillo.

 

 

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