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Histórica puerta grande de Ferrera, que da la cara con una áspera miurada

La Feria del Toro de Pamplona puso el broche con la esperadísima encerrona de Antonio Ferrera con los toros de la legendaria ganadería de Miura. Una gesta con la que quería conmemorar su 25 aniversario de alternativa. Más allá del número de trofeos, el diestro extremeño afrontó el compromiso con seriedad, responsabilidad y una gran claridad de mente.

 

Pamplona tributó a Antonio Ferrera una calurosa ovación en reconocimiento a la heroicidad de la tarde. Tuvo el bonito gesto de sacar a saludar a la cuadrilla al completo junto a los sobresalientes, poniendo al público en pie.

Abrió plaza «Rifador» de pelo sardo y de gran altura, que intentó saltar al callejón antes de encelarse en el capote verde, a juego con el traje del torero de Badajoz. Un vestido que utilizó hace ocho años cuando se encerró por primera vez con los «Miura», en aquella ocasión en La Malagueta. Quiso acabar con supersticiones, puesto que aquel día las cosas no rodaron bien. En cambio, hoy la imagen que ha dado Antonio quedará en el recuerdo. Esta fecha también fue importante para el picador Pedro Prieto, que se despedía de los ruedos. Lo hizo de manera sublime al instrumentar dos buenos puyazos. Este primer ejemplar no era triunfo. Pasaba metiendo la cara de forma irregular y echando un tornillazo arriba al final de muletazo. Decidió abreviar en vista de los cinco que le quedan dentro. Se tiró a matar enterrando los aceros, que remató con un golpe de descabello.

El segundo, de nombre «Chaparrito» con 625 kilos fue el toro de mayor peso de la corrida. Otro animal alto y largo, que no aparentaba lo que apuntó en la romana. Se arrancó al caballo en los dos encuentros con alegría. Con la pierna genuflexa inició la labor para sacarlo fuera de las rayas de picar. A media distancia le planteó las telas. El extremeño le impuso temple a los muletazos. Al natural, lo condujo con más despaciosidad intentado prolongarlos. Remató volviendo con la mano diestra para exprimir las embestidas que le regaló en dos series, para torearlo relajado. Acertó al segundo intento con la espada, dejando una buena estocada con la que cayó rodado el toro. Paseó una oreja de ley.

Con muchos pies saltó al ruedo «Espadero», colorado, de gran amplitud de pitones y astifino, que hizo tercero. Salió sueltecillo del capote de Ferrera, impidiendo que se fajara con él. Recibió un primer puyazo del que salió disparado hasta el caballo que hacía guardia, pasando por la capa del extremeño que le instrumentó un delantal al paso con mucha torería. Hizo un esfuerzo Antonio con un astado que tuvo más complicaciones que virtudes. Le aguantó las miraditas e intentó meterlo en las telas de las que salía desentendido. Aún así, plasmó muletazos meritorios a media altura. La espada, en esta ocasión, se le atragantó.

El cuarto, «Harnero», otro colorado y corniveleto se quedó cortito en el capote de Ferrera, que fue perdiéndole pasos para sacarlo hacia fuera. Hasta en cinco ocasiones acudió al encuentro de ambos picadores sin empelarse nunca. Salía huyendo de ellos cuando sentía la puya. Tampoco lo puso fácil en banderillas. Antonio era consciente de que tenía una papeleta delante que resolver y le plantó cara a su oponente a base de inteligencia y temple. En los medios cimentó una faena con mando en la que logró atemperar la embestida desigual que mostró el de Miura en un inicio por el pitón derecho. Por el izquierdo, fue aún menos claro. Entró a matar con su peculiar forma de ir andado desde lejos enterrando la espada, que cayó baja. Tuvo que descabellar y perdió la oreja que se había ganado con rotundidad.

«Bodeguero», el bonito ejemplar cárdeno chorreado que salió en quinto lugar, mostró falta de fuerzas en los primeros tercios. Lo cuidó mucho y pidió que no fuera muy castigado en varas. El toro se defendió en cada muletazo del inicio del trasteo. Tenía fijeza pero pasaba con nula transmisión y sin la fiereza que les caracteriza a los que pastan en Zahariche. El diestro pacense decidió abreviar. Con la espada tampoco estuvo acertado por lo complicado que se puso el animal.

«Ahechador» cerró la tarde. Echó las manos por delante en el capote de Ferrera que quiso imprimir torería. Era su última baza para intentar salir a hombros y no se dejó nada en el tintero. Se subió al caballo de picar y citó al «Miura» desde cierta distancia. Se fijó el animal y se arrancó empujando en el petó. El torero señaló un buen puyazo para sorpresa de muchos. Repitió la hazaña con la misma solvencia. Por primera vez, se fue a los medios para brindar la muerte del astado al público. El sexto fue el más complicado, si cabe, del encierro. No fue metido en ningún muletazo y en cada uno de ellos, fue a peor. No se dio coba y cuando vio que no podía hacer nada se fue a por la espada. Mató con facilidad por lo que el público le premió con una oreja por el conjunto de la tarde. Ferrera agarró la oreja con la emoción reflejada en sus ojos. La puerta grande se abrió. Al final los sueños se cumplen.

 

RESEÑA

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Plaza de toros de Pamplona España. Última de la Feria de San Fermín. Lleno. Toros de Miura, desiguales de presentación y juego. Destacó el noble segundo. El cuarto, manejable pero sin entrega. Primero, segundo y sexto fueron los más complicados. El quinto estuvo falto de fuerzas.

Antonio Ferrera (de verde esmeralda y oro con los cabos blancos): silencio, oreja, silencio, ovación con saludos, silencio y oreja.

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