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Mercedes Vázquez: «Las mejores lecciones de mi padre fueron la humildad y la responsabilidad».

Imagen: ANDRÉS ALFONSO QUILES

El lado más humano de Pepe Luis Vázquez, con sus hijos Mercedes, Juan y Lolo, salió a escena en la segunda charla del ciclo que se está celebrando en la Maestranza en torno a la figura del ‘Sócrates de San Bernardo’. Esta tarde se cierra el ciclo con Curro Romero, José Luis Lozano, Chicuelo y Alfonso Ordóñez.

Tres hijos de Pepe Luis Vázquez, Mercedes, Juan y Lolo, se encargaron de glosar la vertiente personal del maestro en un coloquio magníficamente moderado por Álvaro Rodríguez del Moral, y al que asistieron entre otros el Delegado del Gobierno en Andalucía, Ricardo Sánchez; y los toreros Eduardo Dávila Miura y Ángel Jiménez.

El periodista de El Correo de Andalucía empezó haciendo un repaso de toda la dinastía para dar paso a las preguntas. «Cuando le dije -recordaba Juan Vázquez- que quería ser torero, sólo me contestó: pues avíatela como puedas y mucha suerte«. Lolo, por su parte, explicó que lo puso en una novillada un empresario que daba festejos por los pueblos y que le decían ‘Curro Embarque’ y también ‘Curro Lío’, y que cuando se enteró su padre sólo le advirtió: «Ten cuidado, no vayas a atravesar al becerro con la espada». «Bueno, pues resulta que lo atravesé. ¿Cómo sabía que podía sucederme eso?», se preguntaba Lolo Vázquez.

Contaron sus hijos que, una vez retirado, seguía la actualidad taurina al detalle. «Si le hablábamos de un picador bueno, estaba deseando ir a verlo», relató Lolo para explicar hasta dónde llegaba su afición por el Toreo, y en referencia a su personalidad, Juan dijo que «mi padre mantuvo su grupo de amigos de cuando era un niño y toreaba a escondidas en el matadero, reuniéndose con todos ellos periódicamente en un bar que se llamaba La Ponderosa». En este sentido, aclararon que «mi padre siempre nos decía que cuando más había disfrutado había sido en sus comienzos en el matadero, y una vez retirado toreando en el campo», pese a lo triunfal de su trayectoria profesional como gran figura del toreo.

Mercedes, por su parte, confesó que las mejores lecciones que le había dado su padre fueron «la humildad y el sentido de la responsabilidad». Y ya desde los 80 años decía que «la guadaña ya va a estar aquí», pese a que siempre fue consciente de lo afortunado que había sido en la vida: He hecho lo que me ha gustado, he triunfado en mi profesión, y luego he disfrutado del campo, de los galgos y de vosotros (dirigiéndose a su hija y refiriéndose a su familia). Me quedo con todo eso pero todavía no me quiero ir».

En referencia a la inevitable llegada de la muerte, contó Mercedes que su padre le pedía todos los años al Cristo de la Salud cada Miércoles Santo que le permitiera seguir en esta vida un año más, «¡aunque un día de estos el Señor me va a decir que ya está bien!«, le decía el maestro a sus hijos con su característico sentido del humor.

Finalmente tuvieron palabras para la Exposición que, en torno a la figura de su padre, permanecerá hasta mediados de mayo en el Ayuntamiento de Sevilla. «Mi padre -confesó Mercedes- seguramente nos reñiría por el lío en el que nos hemos metido, pero todo esto nos está haciendo revivir, recordar y revisar muchas cosas, y creemos que es importante para que las nuevas generaciones tengan una idea clara de lo que representó mi padre en la historia del Toreo y en la ciudad de Sevilla». Y al hilo de la exposición, Lolo Vázquez concluyó con estas palabras:

«Si mi padre supiera que, con esta Exposición, se pueden aficionar a la Fiesta aunque fuese solamente cien personas, seguramente nos diría que habrá merecido la pena».

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