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Román y Santa Bárbara, un matrimonio de éxito en Manizales

El idilio de Román con la ganadería de Santa Bárbara en Manizales no tiene fin. Tres de tres. Por tercer año consecutivo, el torero español logró este miércoles salir en hombros en la Feria del Café con este hierro. Tras indultar en la primera ocasión y abrir la Puerta Grande el año pasado, hoy volvió a desorejar a un gran astado de la divisa colombiana para saborear las mieles de la gloria. Se lidió una corrida muy bien hecha, pareja dentro de su seriedad, en tipo y sin exageraciones. Impecable en trapío, tuvo además un comportamiento interesante, encastados en distinto grado, destacando los lidiados en segundo y tercer lugar, que recibió la vuelta al ruedo en el arrastre. La otra oreja del festejo fue para Juan Sebastián Hernández, que demostró que es un torero con poca experiencia, pero con raza y ganas de ser torero. Mientras, Rivera fue ovacionado.

Toro fuerte y con trapío, pero proporcionado, se ovacionó de salida al segundo de Santa Bárbara. Román le entendió y toreó francamente bien desde el inicio, si bien, como el anterior, tampoco fue un ejemplar que permitiera excesivo acople manejando el percal. Otra cuestión fue con la muleta, sobre todo, por el pitón derecho, que fue una mina de oro. Por ahí, afianzó las dudas iniciales del toro, que midió en los primeros compases, pero luego se entregó con calidad, cuando encontró al torero valenciano firme y con una disposición sin mácula. Tandas poderosas que tuvieron mucha verdad y ligazón.

Aunque por el izquierdo, no hubo la misma intensidad, porque el burel se coló en un par de ocasiones, sin duda, podría decirse que es una las faenas más maduras hasta la fecha del español. Fue un animal con mucho recorrido en sus embestidas y Román aprovechó esa transmisión para cuajarlo en los mismos medios. Trasteo de enorme vibración, que rubricó de una estocada contundente para que asomaran los dos pañuelos blancos de una tacada.

Muy bien armado y presentado, el quinto fue otro colorado ojo perdiz, muy entipado, bajo y hondo, rematado por todos lados. Fue un animal reservón, que midió lo suyo y con disparo en sus embestidas. Cuando arreaba llevaba dentro ese poder para transmitir peligro, porque, además, lo hacía con la cara alta y soltándola en muchas ocasiones. Tampoco fue nunca metido en la muleta de Román, porque se venía andando al torero que, aunque quiso, no terminó de confiarse con la muleta. Trató de meterlo en la muleta, pasándolo por ambos pitones, dejando algún natural suelto incluso de buen trazo, pero faltó calado al conjunto. Marró esta vez con la espada.

Juan Sebastián Hernández cortó una oreja del tercero. Un animal que tuvo más nobleza que convicción para embestir con bravura. Es cierto que tuvo clase, embistiendo por abajo por ambos pitones, pero le faltó un tranco más a esa embestida para ser superior. Tal vez influyó en ello, que le faltara una muleta delante que le imprimiera mando en cada muletazo para llevarlo hasta el final. No obstante, Hernández plantó cara, pese a su corto bagaje como matador, y tuvo momentos de mucha lucidez, sobre todo, por el derecho. Por ahí, llegaron los muletazos de mayor largura y profundidad.

No obstante, por momentos, fue una faena algo deslavazada, carente de estructura, dando la sensación de que el de Santa Bárbara llevaba dentro más virtudes de las mostradas. Aunque tardó algo en doblar, la espada fue efectiva y paseó la oreja de un astado que recibió la vuelta al ruedo en el arrastre.

Cerró plaza otro toro importante. De echar la moneda y apostar, porque fue un animal exigente y nada sencillo. La poca experiencia de Juan Sebastián Hernández no ayudó para que pudiera extraer lo mejor de este adversario. Se movió mucho en los primeros tercios y en el final fue un toma y daca entre ambos, porque se midieron mútuamente: ni uno se entregó ni el otro se confiaba. Por ello, la faena navegó entre probaturas hasta hilvanar dos series más intensas y rotundas, en las que tomó la iniciativa al toro, pero en el tramo final, volvió a tomar el mando el toro. No lo vio claro con la espada.

Serio y de preciosas hechuras, rompió plaza un animal de Santa Bárbara de embestidas también serias e importantes, con mucho peso cada cosa que se realizaba delante de él. Ese poder en sus embestidas no permitió que Ricardo Rivera pudiera cuajarlo de capote. Embistió recto y pidió gobierno en unas arrancadas que pedçian otros terrenos en un comienzo de faena en las que nunca se lo sacó más allá del tercio. Perdió esa violencia cuando lo sacó a los medios, se abrió más y fue un toro obediente a los cites, que debían ser secos y mandones, porque si no, el animal se aburría. Lo quiso todo por abajo en una faena de Ricardo Rivera algo interminente. A más en el tramo final, parecía de premio, pero la estocada caída no hizo que doblara y, como cayeron dos avisos, uso sin tino el descabello. Todo quedó en ovación para toro y torero.

Un colorado serio, pero armónico y guapo, salió en cuarto lugar. No obstante, fue el de peor comportamiento hasta el momento. A pesar de que tuvo un desarrollo similar al de sus compañeros de camada en los primeros tercios, con interés y embestidades encendidas que transmitieron mucho, por abajo, luego, en la franela de Ricardo Rivera se mostró mucho más reservón. Lo sacó a los medios para torearlo al natural y, tras distrarse con la montera en la arena, el toro cambió. Empezó a buscar con cierto peligro al torero, midiendo sobre todo, algo que minó la confianza del matador. Percibió esa falta de asentamiento el animal y comenzó a defenderse cada vez más. Tan sólo se dio algo más de coba en el tramo final, junto a las tablas. Para entonces, la faena, ya estaba hecha y no tomó vuelo.

RESEÑA

Plaza de toros de Manizales, en ColombiaColombia. Segunda de la Feria del Café. Tres cuartos de entrada. Toros de Santa Bárbara, corrida muy bien hecha, pareja dentro de su seriedad, en tipo y sin exageraciones. Interesantes, encastados en distinto grado, destacando los lidiados en segundo y tercer lugar, que recibió la vuelta al ruedo en el arrastre, de nombre ‘Dicharachero‘, nº 21, de 478 kilos, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. El otro toro destacado fue el segundo, con matices y también virtudes los lidiados en 1º y 6º lugar. Más complejos, 4º y 5º, que se terminaron defendiendo.

Ricardo Rivera (de sangre de toro y oro), ovación tras dos avisos y silencio.

Román (de verde botella y oro), dos orejas y silencio.

Juan Sebastián Hernández (de blanco y y oro), oreja y silencio.

Incidencias: Tras el paseíllo, se guardó un minuto de silencio en memoria de los toreros fallecidos a lo largo del año.

 

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