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Lalo de María cambia una faena de Puerta Grande por los tres avisos

Justo cuando la tarde había encontrado en Manizales definitivamente el norte, cuando un novillero había dado con la tecla para que los buenos novillos de Achury Viejo sacaran ese fondo de raza y calidad que sólo entregan a quién descifra sus necesidades, y cuando el tendido encontró razones de peso para corear los “Olés” con fuerza, un desafortunado accidente impidió que el éxito se hiciera presente. Era Lalo de María, un novillero francés que hacía su presentación en Colombia y que necesitó tan sólo un novillo, el segundo, para aclimatarse, tomarle el pulso a la plaza y a la tarde.

Con ese novillo Lalo demostró sus ganas de agradar, aunque le faltó el raposo y la quietud para sacar más y mejor provecho del noble animal. Pero se quedó con la copla para, en el quinto, salir con otro tono. Uno más consistente. Uno en el que, sin perder ese punto de ansiosa ambición, se impuso la seguridad del que sabe lo que tiene que hacer. En este caso: imponerse sin violentar, dominar sin castigar y apostar sin dudar.

Así lo hizo y el novillo, que al principio midió y probó la muleta que tenía por delante, terminó yendo a más, entregando cada embestida con más convicción que la anterior. Y entonces la transmisión se hizo presente. Y el toreo, porque hasta entonces, la novillada se perdió en mil probaturas, pero esta vez hubo derechazos recios y naturales de seda. Ahora había estructura y contenido. Y cuando todo olía a Puerta Gande, un derrote del utrero cazó la mano del francés entrando a matar y le hirió en la palma de la mano derecha, haciendo que cada nuevo intento fuera un suplicio para Lalo. Hasta que sonó el tercer aviso y el francés, estremecido y cabreado, se sentó en el estribo a mirar su mano sangrante, como maldiciéndola, antes que preocupándose por la herida.

Antes, Felipe Miguel Negret le había mostrado un poco el camino a Lalo, pues con el tercero dejó varios momentos de interés. Más por su actitud, disposición y esa forma serena de entregar todo lo que tiene, que por la estética (aún por construir) o la técnica (aún por perfeccionar) de sus muletazos. Está verde, es obvio y se le nota, pero tiene la firme convicción de ser torero e hizo las cosas bien, pues su planteamiento de faena fue correcto, siempre bajando la mano, tocando con firmeza y tirando del utrero con decisión. Por eso, tras la efectiva espada, la oreja, aunque cariñosa, fue válida.

No le alcanzó el oficio para rascar alguna posible embestida del geniudo sexto, que se emplazó en los medios para arremeter con más genio que casta. Sin embargo, lo intentó hasta el final con dignidad y seriedad.

Menos afortunado estuvo Juan Gómez. Primero, porque el abreplaza no ofreció demasiadas opciones por su rajada condición; y segundo porque con el cuarto no encontró la fórmula de la continuidad. Es cierto que dejó un derechazo templado y encajado y un par de naturales estimables, pero terminaron perdidos en un par de probaturas y muletazos frustrados que impidieron la solidez en una labor de poco calado.

RESEÑA

Plaza de toros de Manizales, en ColombiaColombia. Menos de media plaza. Tarde gris. Novillos de Achury Viejo, bien presentados y de buen juego en general. El mejor fue el quinto, siempre a más. Y manejables los demás, aunque primero y sexto fueron los peores, por bajos de raza.

Juan Gómez (de azul rey y oro), silencio en ambos.

Lalo de María (tabaco y oro), palmas y silencio tras tres avisos.

Felipe Miguel Negret (azul marino y oro), oreja y silencio tras aviso.

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