José Luis Galloso: “Hay que conocer todos los encastes”

El maestro gaditano celebra su L aniversario de alternativa tras recibir varios homenajes en Jerez y en El Puerto

José Luis Galloso ha cumplido felizmente 50 años de alternativa. Ha recibido dos magnos reconocimientos, uno en Jerez y otro en El Puerto. Además de multitud de actividades en torno a su figura. Ha sido profeta en su tierra con triunfos incontestables y es una persona querida por su dedicación con la cantera del toreo en la Escuela Taurina ‘La Gallosina’. Una vida completa dedicada al toro, saboreando la miel y la hiel de esta profesión. Una carrera con altibajos, que siempre supo reconducir con afición y constancia. Contó con una legión de seguidores del Rincón del Sur, también en horas bajas. Ese respeto, ese cariño, no se gana en un día. Se trabaja día a día, durante muchos años.

¿Qué recuerdo tiene del día de su doctorado el 18 de julio de 1971?

Fue una tarde redonda. Se lidió una corrida de toros de Carlos Núñez extraordinaria, embistió entera. Tuve la suerte de torear con dos toreros muy importantes para mí como fueron el maestro Antonio Bienvenida, quién me causó mucha impresión pero que estuvo muy cercano toda la tarde, y con Palomo Linares que era un ‘perro presa’. Fue un privilegio torear con ellos, salió todo perfecto.

Cortó nada menos que cuatro orejas y dos rabos.

Sí, fueron dos faenas rotundas. Palomo también estuvo sensacional y Antonio Bienvenida cuajó una de las mejores faenas de su vida. Lo pinchó tres veces y aun así le dieron una oreja y dos vueltas al ruedo. Fue algo único. Salimos los tres a hombros, fue inolvidable.

No debe ser fácil alternar con toreros de ese estatus en una tarde de tanta responsabilidad.

La llegada al escalafón de matadores de toros fue en un momento de plenitud de grandiosos toreros. En aquella época había veinte figuras del toreo. Competir era muy difícil, teníamos que ganarnos que nos hicieran caso. Además de Bienvenida y Palomo en ese momento estaba Paco Camino, que fue un hombre con una gran sabiduría al que admiré mucho, otro de mis referentes fue Antonio Ordóñez, con poderío y con clase. Diego Puerta que no se dejaba ganar la pelea… El Cordobés, Dámaso y Paquirri. Más tarde llegarían Julio Robles y Capea y, después, Emilio Muñoz y Espartaco. Fue una época de preciosa.

Usted bebió de muchos toreros.

Sí, también de algunos mexicanos como Manolo Martínez a quién tuve la oportunidad de disfrutar allí en México y aquí en mi tierra a Rafael Ortega, a quién ya conocí retirado y me enseñó muchas cosas.

Lo catapultó su rivalidad con José María Manzanares como novillero.

Los inicios los recuerdo con gran cariño, había toreado en muchos pueblos y cuando debuté con caballos empezamos a torear José María y yo. Éramos grandes amigos pero cuando nos poníamos el traje de luces cada uno íbamos a lo nuestro. Nos teníamos un cariño y un respeto mutuo. Toreamos muchas tardes, también de matadores.

La cumbre de esa rivalidad fue en Madrid.

Toreamos dos novilladas en Las Ventas y en las dos se acabó el papel, imagínate el ambientazo que teníamos. Salimos a hombros en la primera tarde, en la que corté cuatro orejas y José María dos. La otra tarde también hubo muchas cosas y a partir de ahí nos contrataron en todas las ferias para torear juntos, algunas mano a mano y otras con algún otro compañero.

Tras la exitosa alternativa toreó mucho en ese año 1971.

Sí, toreé 40 corridas de toros después de la alternativa, que fue en julio. Además fue el primer año que fui a América y toreé en muchas plazas de allí.

Consiguió un gran cartel al otro lado del charco.

Así es, guardo mucho cariño a todos esos años yendo a América. En Lima llegué a torear seis toros en solitario y me llevé un año el Escapulario. Era la Sevilla de América…. Me trataron en todas partes fenomenal. Toreé en México, Venezuela, Ecuador y Colombia.

En México recibió una cornada. ¿Fue la primera?

No, ya de novillero tuve dos. Después llegó esa como matador. En total he tenido unas catorce cornadas.

El Puerto de Santa María ha sido su casa y su plaza.

Desde luego, ha sido el lugar dónde más he toreado y tengo el récord de actuaciones en la plaza. En El Puerto, he toreado 112 tardes, he cortado 180 orejas y 17 rabos. Salí a hombros 55 veces. Estos datos los tengo gracias a mi padre, que en paz descanse, que me llevaba toda la relación de corridas que toreé. Me unió una vinculación muy fuerte con esta plaza.

Tanto que toreó en dos ocasiones seis toros en solitario.

Dos anunciadas y una más que me quedé con los seis toros por cogida de Curro Romero en el primer toro, ya que era un mano a mano. Fueron tardes difíciles pero muy bonitas, en las que tuve que sacar todo mi repertorio para ser variado y darle a cada toro su lidia. Buscar la forma de mantener el interés. También toreé seis toros en Sevilla, además de la que te he dicho antes de Lima.

Además de su variedad y de la invención de la suerte capotera de La Gallosina, destacó por realizar la suerte de matar recibiendo.

Sí, fue una época en la que estaba en desuso y me preocupé de recuperarla. Fui un torero muy regular con la espada, fallaba algunos toros claro. Pero lo que sí que intentaba era que el toro que había toreado bien no se me escapara.

A mediados de los años 90 se retiró. ¿Fue difícil aquella decisión?

Mucho, desde niño había dedicado todo mi tiempo y esfuerzo a esta profesión. Se pasa fatal cuando se decide quitarse. Mi familia me ayudó a mentalizarme, a dedicarme a otras cosas. A buscar otras inquietudes, como los negocios, y también a seguir vinculado al toro con la escuela taurina.

Sin embargo, en el año 2009, con 55 años decidió reaparecer.

Me metieron en el canasto y como estamos medio locos los toreros… Me preparé como si fuera a torear treinta tardes pero tenía claro que era sólo por una tarde. Alterné con Enrique Ponce y con Miguel Ángel Perera que estaba en su momento más álgido. Yo llevaba 14 años sin torear. La preparación fue dura, especialmente al principio y luego le fui cogiendo el aire. Cuando un torero se retira pienso que no debe volver porque pierde reflejos, sitio, medida, tacto…

A los aficionados se les quedó grabada unas chicuelinas muy ceñidas, marca de la casa.  

Muchas gracias. Gracias a Dios no hice mal papel, no tuve suerte con los toros, pero fue una tarde bonita.

De esas 112 tardes que decía, ¿cuál es la mejor que recuerda?

Sin duda te diría que la de mi alternativa. Es que fue redonda. Después he toreado muchos toros muy bien.

También le han reconocido en Jerez de la Frontera.

Estar recibiendo todos estos reconocimiento en vida, es un honor. Los estoy disfrutando. Otros compañeros no han podido, como mi amigo José María Manzanares. En Jerez también tuve muy buenas tardes, las recuerdo con emoción.

Aunque sus inicios fueron muy explosivos, su carrera no fue un camino sencillo.

Tuve varias etapas. Una muy fuerte al principio en el que me acartelé con todas las figuras del toreo, otra de parón debido al servicio militar, después con las corridas duras y por último, alternando con las figuras de nuevo.

Lo vivió todo.

Pues sí. Me tocó sacar de tripas corazón. A mí en el barco de las duras no me gustaba navegar, con todo el respeto. Gracias a Dios pude volver al otro barco que era en el que yo mejor me encontraba.

Además, toreó todos los encastes porque tuvo tardes importante con toros de Pablo Romero, Victorino Martín, Miura, etc

Toreé todos los encastes sí, hay que torear de todo y saber emplear la lidia adecuada a cada encaste. En el año 1971, cuando estaba con todas las figuras, toreamos Curro Romero, Palomo Linares y yo una corrida de Victorino en Guadalajara que fue un exitazo.

¿Cómo salió de aquellos años bajos?

Con mucho esfuerzo y un punto de suerte porque cuajé a un gran toro de Samuel Flores en 1978 en Las Ventas. Volví a coger el tren de las figuras y ya peleé por no bajarme de ahí. Fue una época preciosa.

¿Cómo vive el toreo en la actualidad?

Pues sigo mucho la actualidad y estoy muy involucrado con todos los muchachos de la escuela que quieren ser toreros. Me emociona ver su ilusión y me veo identificado en su afición.

José Luis Galloso fue un torero variado con el capote y la muleta, un torero fino y buen conocedor de la técnica enfocada en hacer el buen toreo. Un torero importante de su tiempo y, como decíamos al principio, profeta en su tierra.

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