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Francisco Callejo: «Belmonte no revitaliza la Tauromaquia, la inventa. La construye tal y como la conocemos a fecha de hoy»

Coincidiendo con el reciente 60 aniversario de su fallecimiento y celebrando el 14 de abril, el 130 aniversario del nacimiento de Juan Belmonte, el genial torero que protagonizó la edad dorada de la tauromaquia junto a Gallito, hablamos con un estudioso de su figura y su tauromaquia, que recientemente ha publicado un trabajo titulado “Contrarrevisión del toreo”, en el que, como él mismo dice, quiere combatir esa nueva corriente de sentimiento gallista y colocar en lugar destacado a el “Pasmo” de Triana. Francisco Callejo, no tiene miedo a defender su versión, que se sustenta con largas horas de estudio e investigación, por lo que el debate está servido, y la rivalidad entre gallistas y belmontistas vuelve a la palestra, esta vez desde un punto revisionista y académico. Charlamos con él…

Francisco Callejo, que se ha convertido en paladín de la causa belmontista

De la espada y la muleta, con la que te sentiste torero llegando a participar en algunos festejos, a la pluma y el papel, para convertirte en un estudioso de la historia de la tauromaquia, ¿qué te llevó a este cambio?

Lo cierto es que en mí no se opera ningún tipo de mutación, sino que siguiendo la estela de eso que el Renacimiento italiano dio en llamar uomo universale, siempre he concedido pábulo a conocer el máximo de disciplinas artísticas posibles, y dentro de ellas sus más diversas y heterogéneas ramificaciones. Por lo tanto, no me he supeditado a ningún cambio de paradigma, sino a la diversificación de mi mirada.

Recientemente, has publicado tu primer trabajo en papel, tras cosechar un gran número de seguidores en diferentes plataformas online y más concretamente en tu blog, ¿cuáles son tus fuentes de referencia e información? ¿A qué bases de datos sueles acudir?

 Antes de dar a la imprenta esta reciente Contrarrevisión del Toreo, ya había publicado una obra – a instancias de un elevado número de aficionados- en la que logré compilar un compacto y estructurado número de artículos que fui publicando entre los años 2010 y 2013; años en los que observé que la Tauromaquia vadeaba un angosto desfiladero sobre el que los distintos estamentos profesionales optaron por sobrevivir como gremios y no como industria. El libro se titula Artículos para un fin de Fiesta, y hoy es una cotizadísima rareza.

En cuanto a mis fuentes, como todo escritor de fondo, soy partidario de lanzarme al barro de las experiencias vividas en propia piel, las hemerotecas, los archivos, los testimonios canjeados en primera persona, y un escrupuloso cribado de datos por los que termina revelándose aquello que busco.

<<Contrarrevisión del Toreo nace con objeto de reparar y corregir la tendenciosa proclividad por parte de un nutrido elenco de revisionistas de nuevo cuño inclinados a sostener una incorrecta lectura de la Historia de la Tauromaquia>>

 En tu reciente aparición en el mundo de los libros taurinos, intentas luchar contra una idea que se ha ido extendiendo en los últimos años y con la que no estás de acuerdo, ¿cuál es esa idea y por qué crees que no es correcta?

Efectivamente, Contrarrevisión del Toreo nace con objeto de reparar y corregir la tendenciosa proclividad por parte de un nutrido elenco de revisionistas de nuevo cuño inclinados a sostener una incorrecta lectura de la Historia de la Tauromaquia que, inevitablemente, alimenta un cisma espurio, doctrinal y errático.

La idea que combato, nacida allá por 1989 de la mano de José Alameda y sostenida en su libro El hilo del Toreo, ha encontrado permeabilidad en una gavilla de tratadistas con un acentuado sentido de la oportunidad que, en muchos casos, aprovechando el centenario de la muerte de Joselito “el Gallo”, han propendido a expectorar con vigoroso y enardecido ardor el mensaje que lo informa. La especie que defienden es que en “Gallito” se compacta un torero moderno del que nace el toreo en circular. Obvio decir que ambas aseveraciones son rotundamente falsas. Ni Joselito es un torero moderno, ni el toreo en redondo nace de su mano. De ello, y de mucho más, profundizo en mi obra.

 Con tus escritos, intentas reivindicar la figura de Juan Belmonte como el torero que revitalizó la tauromaquia y que abrió las puertas de la tauromaquia a la modernidad, ¿no crees que fue una acción conjunta entre varios toreros?

Honestamente, no creo que la figura de Juan Belmonte precise reivindicación de laya alguna. Lo que demanda es auténtico conocimiento de su obra. Belmonte no revitaliza la Tauromaquia, la inventa. La construye tal y como la conocemos a fecha de hoy.

Hay un proceso branquial en el desarrollo de las viejas tauromaquias cuyo único fin era la búsqueda de una lidia eficiente en un marco con pulsión ornamental, pero es la llegada de Belmonte la que traza la línea divisoria entre lo que tiene la Tauromaquia de toreo, frente a su encapsulamiento como brega. Belmonte dota de animismo, sentido, estética y profundidad una actividad que hasta su irrupción sólo contabilizaba dengues, puyazos y jacos muertos.

Con él se produce un rupturismo que obliga a los aficionados a situarse entre el inmovilismo y la modernidad. Y ello lo hizo completamente solo, por más que se empeñen oportunistas de ocasión en buscarle compañeros de viaje.

El toreo en redondo, las Plazas de Toros Monumentales, la selección del ganado, el cambio en la estructura del negocio taurino… Aportes todos que se consideran realizados por Gallito, ¿tuvo Belmonte algo que ver en todo ello?

El toreo en redondo no es una aportación de “Gallito”, tal y como desarrollo en mi obra. Y en relación a las plazas de toros monumentales, no hará falta recordar que fueron solamente tres, de las cuales sólo una dispone de vigencia, que es la de Madrid. Con respecto a las otras dos -ambas de todo punto innecesarias-, una terminó demolida (la de Sevilla), y otra clausurada (la de Barcelona), circunstancias que animan a pensar que no hubo en Joselito ese visionario que muchos alientan. El campo en el que la mano del pequeño de los “Gallo” se percibe con total nitidez se asienta en el desarrollo y deriva de las actuales ganaderías, donde su orientación fragmentó de tal manera la cabaña brava que hoy apenas existen encastes que logren salirse del ramificado reducto Vistahermosa-Murube-Ibarra-Parladé-Tamarón-Conde de la Corte-Juan Pedro Domecq.

Para finalizar, y respecto a la estructura del negocio taurino, es cierto que dio pábulo a la irrupción de pujantes y veleidosos apoderados como lo fueron José Camará, o Domingo Dominguín, pero, al parecer, lo que no logró atisbar Joselito es que el negocio terminaría dirimiéndolo cuatro arbitrarias y antojadizas familias, que son las que hoy hacen y deshacen a su entero antojo.

A todo ello, Belmonte, que jamás se inmiscuyó en el organigrama estructural de la Fiesta, se limitó a muscular su ciclópea revolución muy al margen de lo que sucediera en instancias ajenas al ruedo.

 ¿Cuál considerarías que fue el mayor aporte de Gallito y cuál el de Belmonte?

“Gallito” llevó la Lidia que heredó, y usufructuó, a su máxima capacidad expositiva. Fue el lidiador más capaz, más dotado y más sobresaliente de la antigua Tauromaquia. En él se desarrolla la vieja liturgia a tal nivel que en él mismo se agota y fosiliza.

Belmonte descubre una nueva vía, inaugura un procedimiento, intuye una deriva, y abre la idiosincrasia de la Tauromaquia a un nuevo ceremonial en el que el torero no se limita a dar muerte al toro tras un previo dominio, sino que transubstancia la lidia de un acento espiritual que le permitirá poner en su obra el fermento de su propia identidad. 

<<La generosidad de Juan Belmonte y sus correligionarios han permitido que la figura de Joselito se salvara de la preterición y la anacronía>>

 ¿Consideras que Juan Belmonte ha sido un torero que ha gozado de muy buena fama en todo el siglo XX y que Gallito ha quedado relegado a un segundo plano?

Todo lo contrario. La generosidad de Juan Belmonte y sus correligionarios han permitido que la figura de Joselito se salvara de la preterición y la anacronía. Jamás esbozó Belmonte un mal gesto a la hora de compartir los laureles póstumos de su vejez con el mito de Joselito. Mito que trataron de mantener vivo quienes hicieron una pésima deglución de la propia evolución de la Tauromaquia, y de otros individuos que, como Gregorio Corrochano, disponían de otras particulares razones para querer mantener viva su memoria.

Defina en pocas líneas a Juan Belmonte.

Aun a riesgo de conculcar una vieja idea que alimento a efectos de considerar que definir no es, comúnmente, mucho más que poner fines, y dado que si por algo se caracteriza la figura de Belmonte es por su imposibilidad de acotación, trataré de subrayar que por encima de cualquier apostilla se trata de un hombre con conciencia de tal, que fue capaz, no sólo de nadar contracorriente, sino de lograr remontar los desfiladeros de la pendiente por la que se le trató (y trata) de arrojar de forma reiterada y constante, fundando una nueva misión de la que hoy somos todos depositarios. A nivel taurino, y a nivel vital.

El torero Juan Belmonte a caballo, en Jerez de la Frontera (Fotografía Marín)

De los toreros actuales, ¿cuál consideras que podría parecerse más a Belmonte?

Como en el misterio de la Sagrada Trinidad, que defiende la tesis de que Dios es uno y trino, y si bien a la inversa, me atrevo a afirmar que todos tienen el sello de Belmonte sin parecérsele ninguno ni por aproximación.

¿Tendremos un nuevo libro más extenso en los próximos años o con “Contrarrevisión del toreo” se cierra tu etapa de escritor?

La escritura, en mi caso, no es una etapa sino un destino. Algo así como una segunda piel o, tal vez, mi propia piel.

Para finalizar, un deseo para los próximos años.

Desearía pensar que lejos de aprensiones, prejuicios, dogmas, escrúpulos, arbitrariedades y recelos, los aficionados más jóvenes fueran permeables a la indagación, el análisis y el rastreo, con objeto de que sepan siempre apelar a las fuentes fidedignas en detrimento de esas otras corrientes que sólo garantizan la vida muelle de los que se dejan adormecer por la opinión pública y lo políticamente correcto.

Portada del último trabajo de Francisco Callejo
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