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La convicción de un Ginés Marín cada vez más maduro, Puerta Grande en Zaragoza

Torero que va a más en el transcurso de cada temporada, también en parte por ese olvido que viene recibiendo cada año en buena parte de las ferias que desperezan el año, Ginés Marín volvió a dar un aldabonazo esta tarde en Zaragoza. Si el año pasado cerraba curso descerrajando la Puerta Grande de Madrid el 12 de octubre, en 2022, el enésimo golpe en la mesa llegó en El Pilar. Faena de dos orejas al mejor toro de una corrida remendada, por la mañana y por la tarde, muy desigual en hechuras y, sobre todo, comportamiento de José Vázquez. El extremeño demostró que es un torero que avanza hacia una madurez que ya es prácticamente una realidad. Su convicción fue la fe que movió montañas para revertir una tarde en la que el palco le había sisado una oreja en su primero. Otra le escamoteó a un entregado Cayetano del que abrió plaza. Petición mayoritaria en ambos casos. Téllez, con el peor lote, debe irse contento por salir de una pieza después de una cogida muy fea en el tercero.

El quinto fue un animal bajo, aunque algo montado, bien hecho, algo acapachado y con desarrollo de pitón, con las puntas hacia delante. No permitió el lucimiento de Ginés con el capote. Abanto, buscó los terrenos de querencias, como varios de sus hermanos. Animal tardo, había que llegarle mucho en cada cite. Brindó a su picador Agustín Navarro, ante una posible retirada, muy emocionado el varilarguero.

Ginés comenzó con pases de rodilla genuflexa para después ofrecerle la muleta plana, adelantada para tirar del animal y darle celo. El trasteo cogió vuelo en una tanda de derechazos a la que cosió un cambio de mano en el que tragó una barbaridad. Rompió entonces el toro a embestir, con profundidad, además. Muy centrado y convencido Ginés, entregado para ligarle los muletazos. Limpios, con hondura. Encajado de verdad, cuando se disponía a una segunda tanda con la zurda, se rajó sin descaro. Enterró más de media estocada, muy agarrada, en buen sitio, que resultó suficiente. Se pidió con fuerza el doble premio y el palco, esta vez sí, compensó atendiendo la petición. Dos orejas.

Lleno, bajo y de poco cuello, el segundo fue un toro serio y astifino, con longitud de pitón, que persiguió con clase el percal de Ginés Marín en el recibo a la verónica. Apenas se le señaló en ambos puyazos y hubo variedad en quites de Ginés por chicuelinas y Téllez a la verónica. Se desmonteró Rafael Viotti en banderillas. Comenzó el extremeño de rodillas, ligando los derechazos y después el trasteo tuvo la virtud de conseguir sujetar al toro que, ya desde la segunda tanda, miró a tablas y se abrió con intención de rajarse. No se lo permitió Ginés que muy firme, logró muletazos estimables, siempre en paralelo a las tablas. Faena de querer mucho. Muy podido el de Vázquez, acabó huyendo muy suelto y Ginés detrás de él para cuadrarlo, labor costosa. Dejó una estocada algo caída y asomaron los pañuelos. El presidente volvió a querer ser protagonista y le negó el trofeo, por lo que dio una vuelta al ruedo.

Bajo y proporcionado, estrecho de sienes, rompió plaza un animal fino de cabos de José Vázquez. Lo recibió con una larga cambiada Cayetano de hinojos. Fue un toro abanto de salida y de embestida dormida, por definir, que rompió en la muleta del torero dinástico. Inteligente, Cayetano lo dio celo en un torero comienzo de trasteo por doblones. A partir de ahí, el toro tuvo entrega, especialmente por el derecho, siempre dejándole la franela puesta en el hocico. Más a media altura por el izquierdo. Cayetano firmó una faena llena de entrega, que rubricó con un desplante de espaldas de otra época y un final a dos manos, con sabor. El pinchazo antes de la estocada hizo que el palco, pese a la petición mayoritaria, no concediera el trofeo. Dio una vuelta al ruedo.

Basto y feo de hechuras, alto y con caja, huesudo, el cuarto fue un colorado ojo perdiz que embistió sin entrega en el capote de Cayetano. Se repuchó en el caballo. A su aire, se desplazó en los primeros tercios, aunque mantuvo su falta de humillación. Buen comienzo, sin apretarlo, del torero dinástico, que logró extraer dos buenas series, sobre todo, una al natural, en la que pudo correr la mano con despaciosidad. Luego, el toro -que se venció por el derecho- trató de atrincherarse en tablas. Muy venido a menos, resultó imposible ligarle. Buena estocada, haciendo bien la suerte y volcándose sobre el morrillo. Ovación desde el tercio.

Bajo, suelto de carnes y sin llenar, cornidelantero,el tercero fue un toro fino de cabos que repitió en el percal de Ángel Téllez, que le enjaretó un variado saludo con verónicas y chicuelinas. Muy medido el castigo en varas, porque al de Juan Pedro no le sobraba nada. Se desmonteraron Juan Sierra y Vicente Herrera con las farpas. Brindó al picador Diego Ochoa y, sin preámbulos, se puso a torear sobre la diestra más allá de las dos rayas. Con mucho aplomo y cuidando siempre la colocación, buscando siempre el pitón contrario, vendiendo mucho cada pase, logró extraer buenos muletazos de buen porte. No era sencillo, porque el animal se orientó pronto y, reponiendo, buscó siempre rebañar al final de cada pase. De hecho, cuando lo toreaba con la zurda, justo después de dos buenos naturales, en el tercero, repuso y lo prendió por el muslo derecho para encunar de fea manera. La caída, muy violenta, sobre los riñones. Quedó desmadejado y volvió a la cara del toro, cuando lo llevaban a la enfermería. Por fortuna, sólo aturdido. Final junto a las tablas antes de matarlo de una estocada tras tres pinchazos.

El sexto, bien hecho y armónico, fue un castaño que perdió las manos en un par de ocasiones antes de la primera vara. Tras la misma y, cuando mejor se estaba desplazando, el animal fue devuelto. Precipitado, pues toda la corrida se vino arriba en la muleta. Salió en su lugar un sobrero de El Pilar, ensillado y con alzada. Colorado que se emplazó más allá de las dos rayas en el recibo de Ángel Téllez. Cumplió en el peto, sobre todo, en el segundo encuentro, donde empujó metiendo los riñones. Se le tapó la salida. Comenzó por alto el toledano de la Escuela de Madrid, pero después el toro no quiso tirar para delante. Quiso buscarle las vueltas, sobre todo, por el pitón izquierdo, pero el animal, aburrido y buscando excusas para no embestir, no dio opción. Se le fue la mano con el acero y necesitó del descabello.

RESEÑA

Plaza de toros del Coso de la Misericordia, en ZaragozaEspaña. Penúltima de la Feria de El Pilar. Casi lleno. Toros de José Vázquez, Juan Pedro Domecq (3º) y un sobrero El Pilar (6º), desiguales de presentación. El 1º, dormido en los primeros tercios, rompió a embestir en la muleta, con más clase por el derecho; el 2º, manso, se rajó en cuanto se sintió podido; el 3º, orientado, reponiendo siempre, sabía lo que dejaba atrás; el 4º, sin entrega, se atrincheró en tablas en la tercera serie; el 5º, el mejor del envío, rompió a embestir con transmisión y profundidad en la muleta, aunque se acabó rajando; y el 6º, deslucido, rajado y remiso a embestir.

Cayetano (de rosa y oro), vuelta al ruedo tras petición y ovación.

Ginés Marín (de coral y oro), vuelta al ruedo tras aviso y petición y dos orejas.

Ángel Téllez (de sangre de toro y oro), ovación tras aviso y silencio tras aviso.

Incidencias: En el segundo, se desmonteró en banderillas, Rafael Viotti. En el tercero, hicieron lo propio Juan Sierra y Vicente Herrera.

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