¿Y qué es eterno si no?

Noviembre, casi echado el telón. Resquicios de pitón chispean a lo largo y ancho de nuestra geografía a lo que (parece, que puede que no) va expirando la temporada y el camino al invierno de campo ya tiene unos pocos pasos contados. Cazalla de la Sierra fue el otro día memoria de la realeza que un día la habitó, cambiando el metal por los marfiles para coronarse con una buena corrida de Fuente Ymbro, además televisada por Canal Sur. No serían pocas las casas andaluzas que tiraron de tele, brasero y mesa-camilla en la tarde del sábado. Benditos abuelos, ángeles cárdenos.

Vestidas de cana, con un aura de patriarca que acompaña ahora a la imperialidad de su persona, aparecieron las sienes del maestro Romero también el sábado pasado para la presentación del documental “Curro Romero, Maestro del Tiempo”, dirigido por Curro Sánchez Valera, en el Festival de Cine de Sevilla. Una superproducción, para la que no hacen falta efectos especiales más allá de la realidad ya acontecida. A la estrella de Curro se arriman para alumbrar otras del tamaño de Calamaro, Sabina, Joaquín Sánchez, Carlos Herrera o José Mercé, entre otras tantas. Así como Curro, por supuesto. Desde la blancura de su cabellera hasta la boca que no tiene ni tuvo nunca mordaza, sale del silencio. Y en esas, sólo pide ser eterno, para poder reírse para siempre. Aun siendo dueño del segundero, aun habiéndole cantado la Leyenda del Tiempo, se postra frente al reloj para esbozar media luna. Todos queremos ser eternos. Pero Curro, si no lo es tu arte, ¿qué lo será?

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