Y Morante soñó el toreo eterno en Las Ventas

Obra cumbre del genio de la Puebla en una Beneficencia en la que El Juli vuelve a malograr con el acero una esforzada faena que pudo haber sido premiada. Ginés dispuesto con el peor lote

El Rey de España presidió la Corrida se la Beneficencia. La más importante del año. Noveno cartel de ‘No hay billetes’ de la feria. La expectación desbordada, la reventa como antes de la pandemia.

Y mereció la pena. Vaya si lo hizo. Morante de la Puebla cuajó una faena extraordinaria al cuarto de la tarde, de nombre ‘Pelucón’. Un cinqueño colorao, con cuajo y noble expresión. No fue franco en los primeros tercios, muy suelto. Morante colocó sus manos en jarras. El sexto toro de San Isidro y hasta el último momento no se definió. Cuando lo hizo, porque Morante se puso en ese sitio donde los toros rompen a embestir, hilvanó una faena de exquisito temple. Fue una confección lenta, precisa y al mismo tiempo apasionada.

Con los ayudados por alto del inicio le abrió los caminos acompañando con todo. Sin irse de la cara del toro quiso aprovechar rápidamente el pitón derecho, el toro se sintió atacado y se paró. Fue entonces cuando Morante encajó las piezas del arte y la técnica: exponiendo pero sin agobiar, poderoso pero sin brusquedad, ceñido y templado. La tanda por el pitón derecho estuvo rematada con un pase de la firma excelso. Madrid en pie. Al natural no encuentro el mismo entendimiento, exigía recuperar la posición rápidamente. A la vuelta al pitón derecho la faena alcanzó su cima: natural, desde arriba, se enroscó el toro hasta lo imposible. Las tandas concluían apuradas, agarrado al lomo pero en el forzado de pecho lo arreglaba con una estampa preciosa. De otro tiempo.

Antes de irse a por la espada, en los terrenos del 10 le echó los vuelos al natural, sin abrir prácticamente el compás, para pasárselo por la faja muy despacio. El toro de Alcurrucén descolgó hasta el final, con ese algo especial del toro de Núñez. Ya lo había cuajado también por ahí cuando volvió a la derecha para rematar lo bien realizado. Se tiró detrás de la espada perdiendo el engaño, el pitón le rebaño a la altura del vientre pero se zafó milagrosamente. Tardó en echarse el toro minimizando la obra a un trofeo que cobró tras dos golpes de verduguillo. La vuelta al ruedo fue lenta, apoteósica.

No quiso ni verlo con un primero reservón al que le recetó alguna verónica suelta con su capote de vueltas verdes y una media extraordinaria. Se creó un silencio expectante durante la faena de muleta que se tornó en revuelo cuando se dieron cuenta que llevaba la espada de verdad. Cuatro recortes, otros tantos doblones, quitarle las moscas y a otra cosa.

Las faenas de la feria las ha protagonizado Julián López ‘El Juli’, aunque solo haya cortado una oreja . La figura madrileña entró en esta Beneficencia por Emilio de Justo quién presenciaba la corrida en el callejón junto a Roberto Gómez. El madrileño, en un gesto humano y torero, brindó la segunda de sus actuaciones al extremeño.

Fue el segundo un berrendo hechurado en el que volvió a desplegar su magisterio. El toro empezó punteando la muleta en las primeras tandas, en forma de protesta al sometimiento de El Juli. Poco a poco lo fue corrigiendo, a base de temple y de limpieza en el trazo. El toro tenía la virtud de humillar mucho pero con sus teclas. Las entendió perfectamente El Juli que fue extrayendo esa intensidad. La faena tuvo un punto muy bueno por la sorpresa que supuso ver al Juli otra vez cuajando un toro que sólo había visto él. Rugía Madrid de nuevo con este Juli en una versión tan comprometida y de toreo clásico, con su garra pero con esa versión erguida que tanto gusta en Madrid.

El quinto, un colorado rematado, tuvo buena voluntad pero falta de empuje en demasiados momentos. El Juli se dobló con él para ahormarlo, humilló entonces el toro pero no respondió con todo el recorrido esperado. El madrileño porfió en una faena de técnica sorda, de buena colocación y actitud. Lamentablemente lo pinchó en repetidas ocasiones diluyéndose la buena sensación.

Ginés Marín se reencontró con los toros de Alcurrucén con los que tocó la gloria en la última Feria de Otoño. El buen quite por chicuelinas en el toro de El Juli dio cuenta de su predisposición. Toreó bien por verónicas al primero de su lote, que como sus compañeros, brindó al Rey de España. Empezó genuflexo una faena a la que le faltó continuidad. El bonito cuatreño que se había protestado de salida, tuvo bondad pero no desarrolló sus virtudes echando el cierre demasiado pronto.

Al sexto, lo paró el subalterno Antonio Manuel Punta por su incierto comportamiento de salida. Distraído, frío y frenado. Un ensabanado con motas negras sin fijeza ninguna. Tuvo emoción en su embestida, por su buena humillación pese a su huidiza condición. Ginés Marín lo fue sometiendo en redondo para atarlo. Faena paciente, en terreno de toriles. Tuvo vibración todo lo realizado, el emocionante final por bernadinas ligado con el pase de las flores puso a la gente en pie. La estocada fue contundente pero tardó en echarse el toro. Hubo petición pero no pasó de ahí.

Los toros son un acontecimiento social, se concentraron numerosos rostros conocidos. Felipe VI estuvo acompañado por Isabel Diaz Ayuso -presidenta de la Comunidad de Madrid- y por Antonio Bañuelos, ganadero y presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia. Reconocidos políticos como el alcalde Almeida, José Bono, Rocío Monasterio, Juan Antonio Gómez Angulo, Antonio Hernández Mancha. Maestros como Eloy Cabazos, Luis Francisco Esplá, César Rincón, entre otros.

Nadie se quiso perder la tarde más importante del año, que no defraudó y que quedará en el recuerdo por la faena cumbre de Morante de la Puebla.

 

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