¡Viva Litri!

Miguel Báez Espuny in memoriam.

En la tarde de ayer, falleció un torero carismático y único, Miguel Báez Espuny, anunciado en los carteles como “El Litri”. Figura de dinastía, este torero nacido en Gandía (Valencia) pero onubense de corazón, pasará a la historia como uno de los toreros que más expectativas generó en su época de novillero, protagonizando junto a Julio Aparicio uno de los enfrentamientos más sonados en las plazas de toros. En este artículo, que es un homenaje al maestro desaparecido, recordaremos esa época en la que recorrió toda España, consiguiendo un hito histórico, pues en el año de 1950, las novilladas duplicaron en número a los festejos mayores y que concluyó con la alternativa de ambos toreros en la Plaza de Toros de Valencia, el lugar en el que mayor acogida tuvieron y más adeptos cosecharon…

Pancarta dedicada a Litri el día de su alternativa en Valencia (Fotografía Vidal, del libro “Viva Litri, toreros en el corazón de Valencia).

 

Un torero de época

Miguel Báez Espuny, Litri (como se anunciaba también u padre), fue un torero de los que marcan época y lo podríamos considerar como el torero que más expectación generó de novillero de toda la historia (con permiso de su compañero de aventuras Julio Aparicio). Matador de dinastía, su fuerza y atracción residía en la emotividad que todos hallaban en todo lo que hacía delante del toro, sin importar el tipo de astado que tuviera enfrente.

Los aficionados más ortodoxos y puritanos no terminaron de aceptar su forma de torear, criticándolo en multitud de ocasiones (destacar la animadversión que sentía por él el crítico Luis Bollain), pero el gran público lo adoraba.

Tuvo una carrera meteórica como novillero (que desgranaremos más adelante) y una vida como matador de toros de aceptable condición, pues sin llegar a ser máxima figura, siempre estuvo bien acartelado y existía un gran grupo de aficionados que lo seguían por las plazas. Su fama fue tal, que le llevó a protagonizar una de las películas más sonadas de temática taurina, “El Litri y su sombra” (1967), y recibió numerosas distinciones a lo largo de su vida, destacando la Gran Cruz de Beneficencia (1965) y la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (1998).

Pero como ya he comentado, su etapa dorada fue de novillero y es en la que vamos a profundizar en este artículo.

Litri en una escena campera (Fotografía Cano, Museo Taurino de Valencia).

 

El “boom” de las novilladas: Aparicio VS Litri (1949-1950)

Dos años después de la muerte de Manolete, en 1949, con una afición todavía llorando la pérdida del genio cordobés, irrumpen en el escalafón inferior dos toreros de conceptos contrapuestos pero que rápidamente generaron el estimulo suficiente en el público para que los consideraran una nueva pareja de época y de prodigiosas cualidades.

Esta genial explosión, sumada a que los toreros coetáneos  no generaban el interés necesario en el gran público, provocó que ambos novilleros recorrieran toda España con un cartel extraordinario. Aparicio, encarnaba el torero de corte clásico, muy técnico y dentro de la ortodoxia; Litri, era más tremendista, valiente como pocos y capaz de generar espectáculo casi con cualquier toro.

Bajo la batuta de un genio como fue el caso de Camará, la pareja taurina del momento reanudó una competencia que parecía perdida. Litri torea 115 novilladas en 1949 y otras tantas Aparicio, aunque sin llegar a las cifras estratosféricas del onubense. Pero el año en que ponen el mundillo taurino boca abajo es el de 1950 que se celebraron 303 novilladas con picadores frente a 145 corridas de toros. Dos años antes, las corridas eran ciento treinta más, y los festejos menores unos sesenta menos.

La pasión por estos dos colosos fue tal que en plazas como Madrid, Sevilla, Valencia o Málaga se programaron más novilladas que corridas. Por ejemplo, en la plaza de Las Ventas se celebraron doce corridas frente a casi cuarenta novilladas. Pero si hay que destacar un coso, ese es el de Valencia, en el que para su feria de julio se programó seis novilladas, que contaron con la participación de ambos en todas y cada una de ellas y no se dio ni una sola corrida de toros (hecho único en la historia de la Plaza).

De todos los éxitos cosechados por el onubense en esta época, hay que destacar el que obtuvo el 18 de mayo de 1950, saliendo por la puerta grande de la Plaza de Toros de Las Ventas, tras lidiar al novillo «Alpargatero» de la ganadería de Manolo González de forma magistral.

 

Litri y Aparicio a hombros (Fotografía Cano, Museo Taurino de Valencia).

 

Una alternativa soñada

Y, tras esta meteórica carrera hacia la cima, el 12 de octubre de 1950, en la plaza de toros de Valencia, se anunció el cartel más esperado: Litri y Julio Aparicio recibirían de manos de Joaquín Rodríguez, “Cagancho”, la soñada alternativa.

 

Litri con sus partidarios el día de su alternativa (Fotografía Isidoro, colección del autor).

 

En la corrida, en la que se lidiaron seis toros de Urquijo a beneficio de la Asociación de la Prensa Valenciana, se congregó aficionados de toda España, consiguiéndose rápidamente el apreciado “no hay billetes”. Fue éste el único festejo mayor que se celebró en el coso.

Dos revisteros de época, Ricardo García “K-hito” y Gregorio Corrochano, fueron los encargados de sortear la antigüedad de los nuevos torerillos, correspondiéndole a Aparicio ser el primero en tomarla.

Litri recibe la alternativa de manos del torero gitano y al toro que le correspondió en suerte, “Pendolito”, le realiza una faena de valor, con sus clásicas manoletinas mirando al tendido, y al entrar a matar, sale prendido de los pitones del toro después de dejarle una buena estocada. En ese momento, los tendidos son una algarabía desenfrenada y tras conceder la presidencia los máximos trofeos, Litri pasea hasta por dos veces, entre aclamaciones, las dos orejas y el rabo concedidos…

Tras finalizar el festejo, el acontecimiento fue titulado por la prensa de histórico, pues al quinto de la tarde, Aparicio le realizó una de sus clásicas faenas y fue premiado con las dos orejas y el rabo de su oponente. Por su parte, Litri, consiguió dos orejas más ante el que cerraba plaza.

Los tres diestros abandonaros el ruedo a hombros entre la aclamación popular y cerraron para siempre la que sería la mejor época en toda la historia de la novillería.

 

Bibliografía recomendada

Sobre Litri, existe mucho escrito, pero me gustaría destacar dos ejemplares editados por la Diputación de Valencia (y que me han servido para sacar la información de este artículo): “Viva Litri, toreros en el corazón de Valencia” y “El boom de las novilladas, la temporada de 1950 en Valencia” de uno de los escritores que más saben sobre la historia taurina valenciana, Ángel Berlanga.

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