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«Vienen que aplastan”

Dice la voz popular que botijo nuevo hace el agua fresca, y tan fresca viene el agua manando que todos quieren beberla. Todo aficionado ha tenido alguna que otra crisis de Fe con respecto a la continuidad del reino de los marfiles sobre el albero, y es que haber motivos para dudar, haylos, más bien nacidos del adentro que acechantes desde fuera. 

De aldabonazos respira el toreo, del hambre vestida de luces. Y últimamente la mesa anda recibiendo puñetazo tras otro. Nombres nuevos, otros no tanto, pero nuevos para los podios y las vitrinas. 

A guantazo limpio (y que me perdone Jada) desempolvó los rugidos de Castellón Tomás Rufo el fin de semana pasado. Al lado de dos monstruos, llenó rebosante su esportón con nada menos que cuatro orejas, que atestiguan sin lugar a dudas su querer puro e hiriente. Si el cuerpo se lo permite, se come el orbe sin cuchillo ni tenedor. 

Por otra parte, para muchos ya consolidado y merecido en estatus de figura llega Aguado este año tras una temporada 2021 marcada por su lesión de rodilla. Un palmo de año le ha hecho falta para dejar a todos patidifusos tras sacarle agua a un seco pozo con el hierro de Juan Pedro en Castellón. Y todos lo dicen: por poder, puede repetir en Madrid con los de La Quinta si se lo propone. No hay quien no cruce los dedos, de eso puede estar seguro uno. 

Y con ese mismo estatus, más arreón si cabe, viene cabalgando igualmente Emilio De Justo. Desafiar a la muerte seis veces en Las Ventas es algo que no se puede pagar con dinero. No sólo brinda la leña al fuego el extremeño (tras la mejor temporada de su vida), sino que demuestra que, para mandar, hay que estar a las duras y a las maduras. De todo va a matar este año. Y como se le meta en la cabeza, revienta la plaza que quiera. Cuidao.

No todo es la capital, en los pueblos también se sangra. Con un cuchillo entre los dientes, armado del arrojo de quien lucha por su propia vida, que no es otra que la de luces, David Galván le arrancó dos orejones a una corrida de toros de José Escolar tan seria como dura. Y las que le quedan, que no son pocas este año. El que tenga miedo a morir que no nazca. Ojo con él.

No sólo del máximo escalafón va la cosa. Les voy a ser sincero, no cabe en mi cabeza el ver el aluvión de críticas a Víctor Hernández. Estuvo hecho un tío, andando con la soltura de quien carga con la experiencia, cosa que como todos sabrán, no tiene porque no se le ha dado. Dos orejas, y puerta grande, y a pesar de que las ferias estén hechas, a base de sustituciones tiene en su mano cerrar muchas bocas, algo de lo que es bien capaz. No podemos olvidarnos tampoco de Uceda Vargas, al que se le negó una oreja bien merecida. Mientras, al sur, tres de los máximos punteros del circuito sin caballos debutaron con los del castoreño el pasado fin de semana en Morón de la Frontera. Marcos Linares, Diego Bastos y Joselito Sánchez compusieron una terna que funcionó en los tendidos (gente joven, sobre todo niños, y familias, por todas partes) y que hubiera funcionado en mejoría de no ser por el juego de los novillos. Garzón puso la primera piedra, y ya destino y hambre dirán el resto. Quieren mandar y van que muerden. Se pueden ir preparando los de arriba.

Esto no es todo, amigos. No lo digo por un servidor, yo cierro letra hasta la próxima. Pero el tiempo corre a nuestra favor. Al fin. Si alguien les llega a decir que esto se muere, no tienen más que invitarle a los toros (pero ante todo cuiden su bolsillo). Si no, bastará con que echen alguna en abierto. A los de siempre, ojo. Que camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. Fresca, viene el agua. ¡Y no vean ustedes si corre!

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