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Víctor Mendes: «Me siento orgulloso por ser una referencia»

Este sábado 4 de diciembre Vila Franca de Xira rinde un homenaje en el campo al torero más emblemático de Portugal. Víctor Mendes celebra sus 40 años de alternativa que la tomó en Barcelona de manos de Palomo Linares. Ya en octubre se descubrió una estatua en el barrio dónde se desarrolló su niñez

Cuenta la leyenda, que como hizo en su momento Sánchez Mejías y otros toreros de aquella época, usted comenzó su andadura en el mundo del toro como subalterno.

Hay que situarse en la época, tanto España como Portugal estábamos medio olvidados en el año 76 por la Unión Económica Europea. Me matriculé para estudiar Derecho. La situación política de Portugal estaba muy revuelta. Surgió la amistad con el maestro de los subalternos aquí, con Antonio Badajoz que valoró mis condiciones y me animó a hacerme banderillero para empezar. Salí en la cuadrilla de Palomo Linares con 19 años, también con el maestro Capea. Cuando venían los toreros importantes españoles me llevaban en su cuadrilla porque se corrió la voz de que andaba bien. Aquí en Portugal, dónde no se pican los toros, es importante tener un subalterno capaz. Cogí mucha experiencia, también con los rejoneadores de aquella época. En ocasiones me tocó parar toros de salida.

Una vez cambiada la plata por el oro, ¿cómo lo vivió?

Tras la muerte de José Falcón surgimos una serie de novilleros portugueses. Estuve tres años como novillero con picadores. Coincidí en esa época con Espartaco, Pepín Jiménez, El Mangui… una camada de novilleros que venía a renovar el escalafón de matadores.

¿Cómo se cuajó tomar la alternativa en Barcelona?

Conseguí cartel en Francia con novilladas muy duras y en Barcelona dónde había sido triunfador de las novilladas de la Monumental. Había conseguido ambiente y me propusieron una alternativa soñada: Toros de Carlos Núñez con Palomo Linares como padrino y José María Manzanares de testigo.

Han pasado 40 años de aquella tarde (13 de septiembre de 1981). ¿Qué recuerdo tiene?

Magnífico. Corté tres orejas, el maestro Palomo Linares cortó una y Manzanares no tuvo suerte. Fue una gran tarde de toros.

¿Qué siente al ver cerrada la plaza dónde se doctoró como matador de toros?

Tristeza. Hablamos de la Monumental y de todo el circuito de plazas que había con buena salud en Cataluña. He toreado en todas ellas, era una afición extraordinaria. El toro ha sido nexo social entre todos los segmentos sociales, desde la élite de Barcelona hasta los migrantes procedentes de Extremadura y Andalucía tras la Guerra Civil. El toreo no puede ser la piedra arrojadiza de los políticos. Se ha demostrado que fue anticonstitucional, me duele por la trascendencia que tenía en la temporada.

Aunque fue a final de temporada, toreó más ese año, ¿verdad?

Sustituí a Ruiz Miguel en varias corridas consiguiendo abrir la puerta grande de Zaragoza por lo conseguí dejarlo bien para el año siguiente.

¿Sus grandes facultades con las banderillas cree que han podido eclipsar su buen y variado manejo del capote y su gran capacidad con la muleta?

No creo que me haya eclipsado. Lo que sí es cierto es que alcanzaba unos niveles con el tercio de banderillas, especialmente de poder a poder, sacando los palos de abajo al estilo valenciano, que era muy difícil igual en otros momentos de la lidia.

En el año 2017 descubrí junto a usted la gran pasión que tienen por su figura en Francia cuando viajamos a Mont de Marsan.

La vinculación con Francia es muy especial. Debuté con picadores en Aire Sur l’Adour y después tuve muchísimo cartel en el suroeste aunque afortunadamente pude triunfar en todas las ferias importantes. Había una pasión y una afición joven que me llevaba a entregarme al máximo en todas las plazas. Me acuerdo de Mont de Marsan, Bayona, Dax o Vic – Fezensac entre otras. También en el sureste: Beziers, Frejus, Nimes, Arles… Todas en general, fue una constancia en mi carrera.

Se han cumplido 30 años de la desaparición de Nimeño II.

Recuerdo a Nimeño II muchísimo, con quién viví momentos imborrables. Era una gran figura, no se dejaba ganar terreno. Toreamos corridas como Miura, Guardiola, Pablo Romero… En esa época alternamos varias tardes con Paco Ojeda y con José Antonio Campuzano, entre otros.

En este 2021 hemos perdido a dos personas importantes en su carrera: Gonzalito –el eterno mozo de espadas de Curro Romero– y a Teodoro Matilla.

Gonzalito apostó por mí y me incluyó en las primeras novilladas con caballos que toreé en España. Fue la primera persona de fuera de mi entorno que creyó en mí. El apoderamiento de la Casa Balañá con Teodoro Matilla fue fundamental para consolidarme. Lo que más me impresionaba de Teodoro Matilla eran sus silencios. Me enseñó a ver muchas cosas de los toros, de sus hechuras, de su actitud en el campo. Fue una época de gran tensión entre empresas porque don Teodoro defendía el prestigio de Balañá que estaba en competencia con Camará, Chopera y los Lozano. Tenía un talento especial para lanzar las ferias.

Enseguida comenzó a alternar con las figuras.

De toda la generación comentada antes de novilleros los únicos que conseguimos colocarnos junto a las figuras fuimos Espartaco y yo. Desde el principio alternamos con Dámaso González, Niño de la Capea, Julio Robles, Ortega Cano, Roberto Domínguez, etc

¿Qué fue lo más duro que vivió?

La muerte del Yiyo fue lo más traumático de nuestra generación. También la muerte de Paquirri nos tocó muchísimo, pero lo de Yiyo nos llegó especialmente porque teníamos una edad parecida.

En América consiguió también un magnífico cartel.

De América recuerdo lo caliente que era su afición, su entrega. Qué gran feria al de Quito, la de Acho, la de Bogotá, la de Cali varias de Venezuela como Caracas, Maracay, Mérida, Valencia…. Una vez allí me preocupaba de conocer los países, hice muchísimos amigos. Tanto que si hoy voy a alguna de esas ciudades no me dejan irme a un hotel. Tengo amigos en América que considero de mi familia.

En este 2021 no dejan de homenajearle en su tierra. ¿Está satisfecho?

Lo que más orgulloso me hace sentir es que soy una referencia en Portugal. Hay aficionados para todos los gustos. En Portugal hemos vivido cosas magníficas, se potenciaron las corridas mixtas. Incluso se intentó organizar cuatro o cinco corridas al año picadas y con muerte, pero no cuajó por la fuerza de la corrida tradicional portuguesa.

¿Qué supone para usted hablar de la Monumental de Las Ventas?

Las Ventas marca un punto y aparte en cualquier matador de toros. Madrid en sus aciertos y en sus defectos sigue cortando el bacalao. Es el espejo para toda la temporada por la seriedad de su afición, en ocasiones, intransigente. Lo que ocurre en Madrid tiene eco en todo el mundo del toro.

Madrid ha confirmado su estatus de figura del toreo.

En el 84 cortó dos orejas a un Victorino y en 87 logró tres trofeos de la corrida de Baltasar Ibán.

Tuve esas dos tardes de Puerta Grande en Madrid y en otras dos estuve cerca de hacerlo. Pero independientemente de lo conseguido, tengo la sensación de haber sido respetado por esa plaza. Por muy preparado que estés, cuando te ves anunciado en Madrid vas de cagalera en cagalera.

Un torero inteligente, espectacular, sonriente, muy completo. Forjado en mil batallas ante toros complicados a los que pudo y banderilleó con una pureza inigualable.

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