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Pureza y zurda de lujo de Urdiales, tres orejas, en hombros con Roca Rey en Valladolid

Foto: vía twitter @RocaRey

Diego Urdiales paseó tres orejas este sábado en Valladolid y dejó otra de esas tardes sedosas, llenas de pureza y gusto, con las que está salpicando toda su temporada. El riojano cuajó al natural y cinceló remates por bajo de puro diamante al buen toro de la variada y entretenida corrida de Victoriano del Río en la tercera de la Feria de la Virgen de San Lorenzo. Luego, por el registro del mando, se impuso al encastado cuarto, para lograr otro trofeo. Le acompañó en hombros Roca Rey. El peruano echó una tarde de querer, de entrega, de torero poderoso, con el peor lote. Paseó sendos trofeos. Por su parte, Manzanares paseó un trofeo del segundo, pero estuvo francamente bien con el quinto. Toreando con una suavidad exquisita, sin embargo, lo pinchó en otra corrida con múltiples argumentos en Valladolid.

Rompió plaza un castaño basto y lleno, con caja, que abría la cara, agradable por delante, que repitió en el percal de Diego Urdiales, que dibujó buenas verónicas en el recibo. El quite, por chicuelinas, rematado con una larga cordobesa. Brindó, en su tierra, a Roberto Domínguez. El riojano armó una faena reunida y de excelente trazo a un animal de Toros de Cortés pronto, que tuvo clase y profundidad, que se abrió para rajarse pero nunca lo hizo, y tuvo gran duración. El trasteo creció en dos tandas de bella factura al natural, vertical y con enorme pureza, con buen embroque. En la segunda, hubo una trincherilla tremenda. Otras dos de cartel y el de pecho, abrocharon la tanda posterior de vuelta a la diestra, que mantuvo entonces ese alto nivel hasta el final del trasteo. La estocada, de premios, lo dejó sin puntilla y paseó las dos orejas para empezar.

 

Burraco, largo y bajo, con cuello, el cuarto, muy en “lo” de Algarra, fue un toro que salió con bríos de chiqueros. Animal encastado, que empujó con franqueza en varas y tuvo disparo en los primeros tercios y no permitió un segundo de respiro a Urdiales con la franela. Toro de apuesta, exigente de verdad, con el que el de Arnedo quiso mucho, hizo un esfuerzo, porque no era sencillo domeñar y templar las embestidas vibrantes del de Victoriano, que iba con todo. Faena de mando y autoridad, que finalizó con naturales a pies juntos, aunque el toro, tampoco entonces consintió ese relajo al torero. Lo rubricó todo con una estocada que necesitó del descabello y paseó el tercer trofeo de su tarde.

Castaño de capa, el fuerte tercero fue un manso de libro que salió enterándose, andando y midiendo a Roca Rey en el saludo para después pasar de un caballo a otro huidizo sin que nadie pudiera sujetarlo. Sorprendentemente lo devolvió el presidente. Salió en su lugar uno del mismo hierro que, tras hincar los pitones en la arena, se descoordinó y tuvo que ser devuelto también.

En su lugar salió un tris, alto y bastito de hechuras, cercano a los 600 kilos, acapachado y abriendo mucho la cara, que permitió un templado ramillete de verónicas a Roca Rey. Tuvo movilidad el toro en esos primeros tercios y la mantuvo en un volcánico inicio en los medios con cambiados por la espalda, que rubricó con el del desdén y el de pecho. Lo dejó más a su aire, el peruano en las tandas posteriores, pero el animal, lejos de romper en la muleta, fue un toro que, aunque se dejó, tuvo el poder justo. Puso todo lo que le faltaba Roca Rey que se incrustó entre los pitones para robarle los muletazos de uno en uno dejándose deslizar los pitones por los muslos. Apabullante. Lo mató de estocada algo trasera y paseó un trofeo.

Cerró plaza un astado más aparente por delante que el resto del encierro, algo acapachado, que resultó deslucido por sus irregulares embestidas y sin entrega. Roca Rey, que brindó a Victoria Federica, trató de poner en orden a su condición en un trasteo que comenzó por doblones. No hubo manera de corregir esos defectos, por lo que el peruano, impávido, optó por acortar las distancias y se metió entre los pitones. Sin enmendarse, pasó una y otra vez al toro por alto y con la derecha en un palmo de terreno. Ese final más hierático y una buena estocada pusieron la oreja en su mano para salir en hombros junto a Urdiales.

El quinto fue un ‘Cantapájaros’ tocadito de pitones, bajo y bien hecho, que empujó en el peto metiendo los riñones. Buena pelea y buena vara. Se desmonteró Daniel Duarte en banderillas. Manzanares hilvanó una faena en la que hubo mucha suavidad en el tramo inicial de faena, tratando de afianzar al toro, que tuvo nobleza y entrega en la muleta del alicantino, porque, mediada la faena, apretó más al animal y respondió por derecho. Hubo elegancia y tandas de buena composición, especialmente dos tandas postreras en redondo. La primera de ellas con un cambio de mano larguísimo, sin fín, marca de la casa, que cosió al de pecho. El conjunto tuvo temple y esa dulce suavidad para enganchar las embestidas sin un solo tirón. Era de premios, posiblemente, en plural, pero marró con el acero por dos veces antes de la estocada, que necesitó del descabello. Fue ovacionado.

Bajo y de lomo recto, con los pitones para delante, el segundo tenía hechuras perfectas. Apretó para dentro en el recibo de Manzanares y luego blandeó en el paso por el caballo. Buen tercio de Mambrú en banderillas. A pesar de su medida fortaleza, el de Victoriano lo quiso todo por abajo -aunque embistió con el pitón de fuera- y tuvo largo recorrido. Esa profundidad la aprovechó el alicantino que corrió la mano para torear con empaque y prestancia por la derecha. Con la izquierda, más descompuesto, no logró cogerle el pulso del mismo modo. Lo mató de estocada trasera y algo perpendicular y paseó una oreja.

RESEÑA

hierro victoriano del río

Plaza de toros de ValladolidEspaña. Más de tres de entrada. Tercera de la Feria de la Virgen de San Lorenzo. Toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés (1º), el tercero, como sobrero tris, tras devolverse el titular y el primer sobrero, desiguales de presentación. El 1º, buen toro, con clase y profundidad, tuvo también duración; el 2º lo quiso todo por abajo y tuvo profundidad, pero embistió con el pitón de fuera; el 3º, manejable pero de justo poder; el 4º, toro de apuesta, bravo en varas, encastado y exigente, con disparo, no permitió un segundo de relajo al torero; el 5º, aunque medido de motor, fue toro noble y con buen fondo; y el 6º, de embestidas irregulares y sin entrega.

Diego Urdiales (de marino y oro), dos orejas y oreja tras aviso.

José María Manzanares (de marino y oro), oreja y ovación.

Roca Rey (de espuma de mar y oro), oreja tras aviso y oreja.

Incidencias: En banderillas, se desmonteró en el quinto, Daniel Duarte.

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