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Un «Miura» de vuelta al ruedo y Rubén Pinar, en hombros, cuatro orejas en Béziers

El torero albaceteño hizo vibrar a las Arenas tras sentar una faena de luces y otra de valor. López Chaves corta una oreja, y Escribano, que resultó volteado en su primer toro, dio una vuelta al ruedo, todo ello frente a un emocionante encierro de Miura.

Es la última del serial. Dos nombres dos pongo yo a la tarde de hoy, y son Pinar y Miura. Por cosas del destino se encontraron ambos ganado y matador en una tarde como la de hoy, día 15 de agosto, de la Asunción de la Virgen, dígase de los Reyes, de la Paloma o lo que viene a ser el día más taurino de todo el año. 

 

Y así fue, tal que “Luminario” de Miura salió de toriles y se encontró con un diestro vestido de celeste y oro. Rubén Pinar sabía dónde estaba. Conocía su entorno. Para funcionar en esto hay que tener muy buena cabeza, y el de Albacete, aparte de mostrarse inteligente, le cantó las cuarenta nada menos que a uno de Zahariche. Hay que tener mano. Así, de la mano de un repertorio muy del gusto de la afición local, puso a la plaza de pie gustándose primero y sudando la gota gorda después, a las duras y a las maduras. Su esportón se fue repleto, cuatro orejas que se desglosan en dos claras en el primero; y dos que más bien sabían a una en el segundo. No es por desprestigiar su hacer en el segundo de su lote, el cual tuvo que matar en quinto lugar por estar Escribano en la enfermería. Menos cuando fue un toro fiero, que se definió como tal desde el principio sin temblarle las piernas al manchego en ningún momento, y habiéndolo matado arriba. No obstante, faltó rotundidad como para que el segundo pañuelo asomase, pero la tarde venía con la inercia de su anterior triunfo, y así desembocó ¿Qué si el pañuelo azul en el primero fue acorde? Pues no dejaba de embestir el animal tras acudir presto al caballo en dos ocasiones, a mayor distancia en la segunda de las entradas, peleando sin tapujo ni aflicción. Había que provocarle y apretarle, y Pinar supo hacer lo propio, por lo que además de ver torero vimos toro. Estocada en todo lo alto remató, y nada más que añadir. 

 

López Chaves fue el encargado de abrir boca en la tarde de hoy, tras faenar oficiosamente a un Miura que pedía sitio, colocación y entrega. Cumplía con las exigencias el salmantino, que fue haciendo, haciéndolo y haciéndose, así hasta hacer sonar a la banda como tanto esperan los parroquianos. Hubo encuentro entre tendido y ruedo, y todo ello rematado con una muy buena estocada, que por efectuación de la suerte, colocación y rápida consecuencia, le hizo merecedor del trofeo. Por seguro pudo sentirse más a gusto en su segundo, un animal más templado dentro de lo que el hierro loreño supone, aun teniendo que encontrarle tecla y sitio por igual. Muleteó bajo y despacioso siempre que lo permitieron los astros, quilates dentro del pajar en el que terminó por convertirse el animal por ser más apagado su movimiento sin ser más escaso. La espada le privó de ver pañuelo asomarse, tras poner media estocada a la que el toro vendió cara la muerte. En definitiva, la tarde del torero charro fue de poso, entrega y saber hacer.

 

Escribano estuvo valiente durante toda la tarde, como acostumbra. Desagradecido fue su lote cuanto menos, si bien nada pudo hacer con él más que sufrirlo y volver a poner banderillas, que no es poco. Según el primero de sus animales le encontró media vuelta ya en la franela, hizo por él, propinándole una voltereta violenta, aparatosa, que le rompió la taleguilla y le supuso par de varetazos y una mano rota. Adivinen. Volvió a la cara del toro, para intentarlo de nuevo sin nada por delante. Lo mató, arriba, un punto trasero. Le sonó un aviso antes de que acertase con el descabello, y tras ello dio la vuelta al ruedo tras la insistencia de las gentes. Parecía que algo podía haber en los adentros de su segundo, un cárdeno oscuro al que recibió a porta gayola para luego soplarle una serie de verónicas que calentaron los tendidos. Hasta ¡cuatro veces! se arrancó el morlaco de punta a punta, peleando con viveza en cada una de las entradas, honrosas las manos de Juan Francisco Peña, que montaba el caballo. En pie le despidieron los tendidos de Béziers, inundando el ruedo con una ovación de categoría máxima. Pues resultó andarín el animal, miren ustedes. Lo que mostró en banderillas lo agudizó en la muleta, y vino a ser un defecto, de tal dimensión que no fue posible hilar faena en ningún momento, y tras justificarse, tuvo que tomar la espada y acabar con la tarde. Media estocada tendida y tres descabellos sirvieron de prólogo a Anubis. 

 

Lo dicho, la corrida de Miura salió variada para bien, pudiendo atreverme a calificarla de buena sin tener que taparme de ninguna de las maneras. No buena de fácil. Buena de exigente, emocionante, fiera y bien presentada. Los matadores estuvieron a la altura, y salvo en la muleta del lote de Escribano, que fue de carrete corto, en todos los toros vimos espectáculo, hasta en los previamente mencionados, con lidias muy completas por ambos cuadrillas y astados. En el caballo empujaron todos, mención especial a Juan Francisco Peña, premiado como el mejor varilarguero de la corrida. De todos, destacó especialmente “Luminero”, lidiado en tercer lugar, premiado con la vuelta al ruedo como ya mencioné. En lo personal, disfruté con el fiero quinto en todos los aspectos, por mantener el romanticismo del hierro en tiempos como los que corren. Por otra parte, la entrada fue espléndida, casi lleno.

 

Se va así otra Feria, “Féria” en este caso, y nosotros seguiremos aquí para lo que deseen. Hemos disfrutado, pasado calor, nos hemos emocionado y hemos podido ver una vez más que esto del toreo no entiende de fronteras. Porque esta Fiesta que parimos nosotros, en días como este, es tan suya como nuestra. Y pocas cosas más bonitas hay en esta vida que la fraternidad. Cuídense siempre, y cuiden de los suyos. Con verso me despido. Nos veremos pronto.

 

El marfil más que las carnes

O madera en burladeros

Para mí rompe fronteras

No le existen forasteros;

 

Cuando sale el de las barbas

No se entiende de colores

Pues todos tienen un hueco

En albero y corazones.

 

Cuando muere no se muere

Porque vive en el recuerdo

Y mientras su alma le suene

Vivirá sin sentir el tiempo.

 

RESEÑA

hierro-eduardo-miura

Plaza de toros de Béziers (Francia) Francia. Quinta de Feria. Tres cuartos de entrada. Toros de Miura, el tercero de nombre «Luminario», nº 16, fue premiado con la vuelta al ruedo.

López Chaves (de marino y oro), oreja y silencio tras aviso.

Manuel Escribano (de tabaco y oro), vuelta al ruedo tras aviso y ovación.

Rubén Pinar (de celeste y oro), dos orejas y dos orejas.

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