Ginés Marín entre la sombra de Vistalegre

“Señor amo, ¿adónde hay que ir mañana?” Se cruzaron el verbo, la carne y el habla, en un tal Isidro, quien fuere un humilde labrador de las tierras de Madrid, hoy día, Santo y seña, nunca mejor dicho. Mañana no sé, Isidro. Pero hoy sí. Hay toros en tu tierra. Por ti, para tu Madrid.

 

Nunca se me pasó por la cabeza un San Isidro a lomos de otro corcel que no fuese ese purasangre, rojo como la arcilla en las colinas, de alma gris y vida en piedra, que pasta en plena calle de Alcalá, cuyo relinche resuena todo el año, convirtiéndose en dorado ídolo de quienes lo invocan cuando más le necesitan. En el cartel que hoy cuelga, fresca la tinta, tres jinetes que saben lo que es cruzar la vida en su galope. Abrir su Cielo, sentir su sangre. Y qué pena me da que, hasta junio, este caballo, tan mío como forastero como tan propio de sus feligreses, vaya a estar recluido en su frío establo, tras ver la luz colarse por las ventanas en su días más grande. Paciencia.

 

Y es que duele, y más tal y como están las cosas. Pero qué le vamos a hacer más que abarrotar cualquier piedra que se deje asomar, ¿no? No deja de haber Toros en San Isidro, al fin y al cabo. Y este rocín que se nos presenta, aun viviendo más lejos de lo castizo, sabe bien de correr y hacer galopar. Nos ha mareado, sin duda. Pero ha venido.

 

La tarde se presenta interesante, cuanto menos. Juventud que ya sabe lo que es rozar con los dedos de la mano la Gloria. Esa madura juventud que precisa de codazos y raza para abrirse hueco. Por otra parte, un hierro que, precisamente, por estas fechas, ha levantado a más de uno de su asiento. Veremos qué se tercia. Que San Isidro nos ampare.

 

El primero de la tarde, para López Simón, fue un toro colorado, parejo y musculado. Buen capote le dio el diestro madrileño, ante el que el burel respondió con buenas embestidas, con el defecto de salirse en ocasiones, rectificando bien ante la tela que posteriormente le buscó. Lo llevó al caballo por chicuelinas, apretándole el de los marfiles en ocasiones. Entró al caballo en una ocasión, empujó con la cara abajo, fijo en el peto. Fijo siguió en los engaños, humillando, en el tercio de palos, en el que Mambrú clavó dos grandes pares, siendo obligado a desmonterarse. Brindó a través del micrófono a su compañero herido, miembro de su cuadrilla, Vicente Osuna. Empezó en los mismos medios de la plaza, donde el toro mostró prontitud y codicia aun desde lejos, con buen motor que al principio era difícil de controlar. Mejor lo sometió López Simón en una segunda serie, pidiéndole por abajo. Se llevó un susto en la serie posterior, con una cogida sin consecuencias. A partir de ahí, se mostró firme con un toro que se paró a mitad de algunos muletazos, aunque siendo todavía de embestida templada. Iba mejor por el pitón derecho, embistiendo más acompasado que por el otro lado, donde costaba ganarle la acción. Cuando perdió notablemente el recorrido, se arrimó el torero de Barajas, aún en los medios. Tuvo gusto y ceñida cintura el final por bajo, antes de pinchar y clavar una estocada algo tendida, que tuvo sin embargo rápido efecto. Ovación con saludos.

 

Buenos cabos, finos como agujas, apuntando a los cielos tenía el fuerte segundo.  No facilitó el lucimiento en el capote, ante lo que Álvaro Lorenzo lo pasó por ambos pitones. Embestía algo desordenado, pero con buen fondo. Poco tardó en hacer por el caballo de picar, tomando una vara en la que metió riñones. Pasaría a la muleta con dos pares puestos. Brindis al público de Lorenzo. Con la rodilla flexionada comenzó la faena, embistiendo el toro con tranco y cara baja, andándole hacia los medios.  El toro fue perdiendo en prontitud, aunque cuando por fin encontraba la tela la buscaba agresivamente, faltándole compás en su acometer. Más se fue desentendiendo de la muleta del de Toledo, mostrándose distraído y cada vez más reacio a embestir. Quiso seguir con él hasta que no quedaba más agua en el pozo, en torero en todo momento. Le siguió buscando también con la espada en la mano, dejando buenos estatuarios y pases por abajo. Hizo por él el toro en la primera entrada a matar, propinándole un varetazo en el muslo izquierdo, mientras que no encontró pelo la espada. Un pinchazo y un aviso hicieron de prólogo para una muy buena estocada, efectiva, en el sitio. Silencio.

 

Más abierto de defensas, y más cornigacho era el tercer toro, negro zaíno de pieles, largo. Se mostró algo suelto de salida, pero Ginés Marín supo hacerse con él capote en mano, dejando verónicas de muñecas bajas y mentón hundido, elegante media para acabar. Directo se fue al caballo, teniendo que rectificar su varilarguero un puyazo sin más, y posteriores picotazos al mostrarse receloso el toro con el equino petado. Gran quite por nuevas verónicas de Marín, con sitio y sabor, fino, rematando triunfante en el dominio cambiándose el capote a una mano. Buenos pares y gran brega de los subalternos del torero extremeño, aplaudidos por el público. Parcialmente desigual embestía el animal en los inicios de faena, falto de transmisión. Le venía bien el sitio que se le fue dando, en las medias distancias, de cara a dejar buenos envites en ocasiones. Brusco se llegó a tornar, llegando a pegar topetazos que incluso llegaron a desarmar al diestro. El toro no regalaba nada, tapándolo Ginés Marín y dando de respirar un peligro sordo y escondido. La firme persistencia y la labor le sirvieron al diestro para arrancarle dos buenas series por las que pocos hubieran dado un duro segundos atrás. Dos pinchazos y una buena estocada entre lo que sonó un aviso hicieron de punto y final. Palmas.

 

El cuarto de la tarde era un toro castaño, alto y de largo cuello, agudo en su cuesta arriba. No quiso mucho juego con la esclavina, saliendo rajado de los engaños. No se desplazaba en exceso, pero dio algo de pelea en el caballo, empujando serenamente. Gran pareo dejó Jesús Fernández, apretándole en el segundo sesgo y tirándole al suelo, arrollando sin notables consecuencias, y la ovación de los tendidos le desmonteró tras su trabajo. Manoletesco inicio de Alberto López Simón con la franela, a pies juntos, por alto y de frente. Mostraba mejor entrega ahora el morlaco, a pesar de su embestida rebrincada. Feísimo fue el intento de cornada del animal, que se llevó al espada a los cielos de Madrid, a expensas de su largo cuello y notable fuerza, dejándole muy dolido. A partir de ahí, el toro se defendía, buscando sangre. A un animal que nada tenía que ofrecer más allá que cicatrices, tuvo que acortarle faena López Simón, haciéndose con él con una estocada entera, un poco atravesada, que trajo un descabello que se llevó al burel consigo. Ovación con saludos, pitos al toro.

 

A saltos salía el quinto, colorado y ancho de puntas, fino, pero largo y bajo, serio. Segunda y última bala para Álvaro Lorenzo, que le cantó por verónicas derrochando capote, andándole hacia los medios del redondel, con una gran media de guinda. Desde lo bajo apretaba el toro en el caballo, con fuerza inerte. Una vara. Buenos los capotazos y buenas las banderillas de la cuadrilla del toledano. Decidió empezar faena en los medios, buscando la caricia ante un oponente con pocas fuerzas, que repetidamente perdía las manos. Había que llevarlo cogido con pinzas. No se organizaba el cornúpeta, por lo que no lo terminaba de encontrar Lorenzo a pesar de no perderle las ganas en ningún momento. Ante un desentendido y parado bovino, se metió entre sus amplios pitones, buscándose en el vacío. Epílogo por algo protestadas luquecinas, en las que el toro poco tuvo que decir, tras las que sonó un aviso. Despaciosamente, otorgó una estocada un punto desprendida que mató rápidamente. Oreja inesperada tras el aparente descontento del público ante el fin de faena de Álvaro Lorenzo, que suscitó una notable división de opiniones al ser concedida, por ser generosa.

 

Salió como su anterior hermano el igualmente colorado sexto y último de la tarde, serio. Se rasgó las vestiduras Ginés Marín, sin arrecogerse, en el recibo, que fue artista, en el que se gustó especialmente. Contagió su arrebato a la piedra, que se mostró por unos momentos desnuda al ponerse de pie sus ocupantes. Firmeza renacentista en la efigie, duende en la tela. Un puyazo de cumplir le pareció suficiente al torero, que se fue capote en mano a los medios del ruedo, realizando un ceñido quite en el que mezcló chicuelinas con alguna tafallera y un lucido remate, cortando los vientos a una mano. Muy buena labor de la cuadrilla del diestro extremeño, especialmente destacable la de Rafael Viotti, dejando dos grandes pares y desmonterándole el público. Brindó al público Marín desde los medios. Tras ello, lo esperó entre las dos rayas, muleta en mano, a una considerable distancia, ante la que el toro le llegó, para que lo sacase a los medios. Una vez allí, el toro acusaba falta de recorrido y humillación, por ambos pitones. Comenzó el diestro a encelarse con el animal, sin rendirse, y rindiéndole, ante lo que el animal comenzó a embestir algo mejor, eso sí, teniendo que tragarle, pero viniéndole arriba. Y le dio pelea. Conduciendo la tosca embestida, exponiéndose y contándole verdades, hizo de la adversidad aplausos. Como una estaca estuvo el matador hasta el final. Y rubricó su sudor con una gran estocada, que hizo que las serpientes de hueso besaran la arena a los pocos segundos. Oreja de ley.

 

No cabe duda de que, de haber sido otro el juego de los animales, otro hubiera sido el devenir de la tarde. Los toros del hierro salmantino de El Pilar estuvieron muy bien presentados, pero ninguno pudo dar nada más allá del capote. Ninguno de los herrados respondió en la franela, quitando pasajes sueltos del sexto toro, más por labor de quien la portaba que por condición propia. En comportamiento, desde luego, no estuvo para nada a la altura.

 

La actitud de los diestros hoy fue de una resignada compostura ante seis adversarios que poco tuvieron que dar y ofrecer. Le costó a Alberto López Simón encontrarse (y con razón, con el peor lote) en su vuelta a los ruedos, llegando a llevarse un buen susto con su segundo, pero volviéndole como acostumbra a la cara. Tranquilo y con criterio se pudo ver a Álvaro Lorenzo en su hacer con los bureles, que tampoco le regalaron nada. Se llevó la tarde Ginés Marín, que atraviesa un buen momento, y que quiere mandar, mostrándose artista en una alargada sombra y recogiendo las espinosas florecillas que su último contrincante le tiraba por el camino. Cabe hoy destacar la labor de los subalternos, que dejaron grandes momentos en las banderillas y la brega.

 

No habrá sido la mejor tarde en cuanto a luces o en la entrada que vestían los tendidos, de eso no me cabe duda. Pero no olvidemos que este atípico San Isidro no ha hecho más que comenzar. Ante la noche, unos versos:

Se callan los ríos de noche,

Translucen, los oros cual vidrio,

Los campos ríen su fortuna:

Ha vuelto a Madrid San Isidro.

 

RESEÑA

Jueves, 13 de mayo de 2021. Plaza de Toros del Palacio Vistalegre (Madrid). 6 Toros 6, de El Pilar, faltos de opciones y fuerzas, para López Simón, Álvaro Lorenzo y Ginés Marín. López Simón, de azul noche y oro, ovación con saludos en ambos; Álvaro Lorenzo, de pizarra y oro, silencio tras aviso y oreja tras aviso; Ginés Marín, de buganvilla y oro, palmas tras aviso y oreja.

Incidencias: al finalizar el paseíllo, sonó el Himno Nacional. Se desmonteraron, en su labor en banderillas: Manuel Rodríguez “Mambrú” en el 1º, Jesús Fernández en el 4º, y Rafael Viotti y Fernando Pérez en el 6º.

Ricardo Pineda

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