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Tarde grande en Castellón: festín de Rufo en la mesa de las figuras

Imagen: Manolo Navarro & Plaza de Toros Castellón

El toledano, cuatro orejas y una dimensión enorme, sale a hombros junto a Juli y Roca Rey; Gran corrida de Domingo Hernández

Qué gran tarde de toros y toreros la vivida en Castellón. Y qué falta nos hacía, a todos, que así fuera. En tardes así se renuevan ilusiones, se ganan aficionados, se reavivan esperanzas y se suma futuro. Si me apuran, en tardes como la de hoy, hasta el frío es menos frío. Fue todo una catarata de toreo y emociones. Del magisterio de Juli con el bravo primero se pasaba acto seguido a la pasión y la rivalidad en quites de Roca Rey y Tomás Rufo, para sin solución de continuidad degustar una faena del joven toledano de muchísimos kilates. ¡Aquí estoy!, vino a decir y lo que dijo fueron muchas cosas, entre otras que es torero de ferias y que a poco que le acompañe la suerte y le embistan los toros en Madrid y Sevilla, estará sentado más pronto que tarde en la mesa de las figuras. El primer festín ya se lo ha dado en su presencia. Dimensión enorme la suya, tanto en la del bien torear, le llegaron a pedir el rabo en su primero, como en la más arrebatada e inventiva en el que cerró plaza. Qué tío ese Rufodel que todos van a seguir hablando en tertulias y corrillos porque ganado lo tiene.

Como hablarán de Roca Rey y la manera en la que acabó adueñándose de la embestida del quinto, al que se podría decir que acabó domesticando. Y todo eso sucedió gracias a una gran corrida de Domingo Hernández en la que embistieron mucho y bien hasta cinco toros, qué digo cinco, los seis, porque el más aplomado segundo también lo hizo aunque durara menos. Un gran envío que no fue capaz de torcer ni la mala suerte con la devolución del lote titular del diestro peruano.

Para ser justos, la gran tarde de la Magdalena 2022 empezó a gestarse a las ocho de la mañana. Cinco toneladas de arena, sílice para ser más exactos, dejaron el maltrecho ruedo de la aguada víspera como una alfombra. En realidad lo dejaron de esa guisa los empleados de la plaza, que la arena no se mueve sola. Enorme trabajo el suyo contando con tan peculiar material para llevarlo a cabo. Tapete de tonos pálidos que recordaba a las arenas nimeñas del milenario Coliseo galo y la terna hacía el paseíllo a las cinco con la mejor entrada de la feria en los tendidos.

La función no pudo empezar mejor. En treinta arrancadas, “Descorchado”, pitorrito y enseñando las puntas, mostró más codicia y bravura que la corrida de Juan Pedro entera. Lo vio pronto El Juli, que se moría por torear y cuando brindaba al público no se habían acabado de retirar las cuadrillas de sus ocupaciones en el tercio de banderillas. Los doblones del inicio para moldear la casta del de Domingo Hernández, herrado con la G de Garcigrande, fueron poderosos e instructivos. Magisterio julista. Ya erguido, la faena tuvo mucho más nivel sobre el pitón diestro, que no es que fuera el peor del toro ni mucho menos, sino que era por el que menos molestaba viento. Un derechazo ligado en el sitio con el de pecho rompió la plaza. El del desdén, las tandas largas y de muleta rastrera, afloraron en una obra de nivel y entidad. Los galones, intactos. Una última serie de mano muy baja y autoridad total. Estocada desprendida y dos orejas. La ovación en el arrastre para Descorchado, merecidísima.

La competencia y la rivalidad emergieron en el tercio de quites del segundo. Rufo aprovechó un segundo puyazo al relance para ejercer su turno y declarar intenciones. Por el palo de Chicuelo y rematando a una mano como si de un natural con el capote se tratase; Roca Rey replicó capote a la espalda, cambiando el viaje in extremis y soltando capa de la misma guisa que Tomás. La plaza era en ese momento un manicomio.

El Soro, trompeta en ristre en una barrera de capotes, presagió con su diana floreada una faena grande que no fue tal. Montado, despegado de suelo y cuesta arriba, el toro llegó a la muleta de Roca Reyaplomado al piso y guardándose casi todo. El peruano se puso con sinceridad, se colocó por derecho, pero sin ligazón no hay paraíso. Se le fue la mano con la espada en un bajonazo infame.

EL IMPACTO DE RUFO

Había ganas de ver a Tomás Rufo, el joven toledano de finas maneras del que tanta gente habla. Y vaya si lo vimos. Con un toro que llegó al último tercio sin definir, no se puede estar más firme, ni más torero ni más capaz. Con su puntito de casta y soltando la cara, el inicio de faena fue de consentir y llevar para ayudarlo a romper, como así fue. A partir de ahí se desató el nuevo fenómeno, que además de torear como Dios, se los pasa muy cerca. La torería que no se enseña, el entrar y el salir de la cara del toro, las cualidades que conforman un todo para afirmar que estamos ante un torero como la copa de un pino. Al natural, lo enganchó siempre muy adelante sin enmendarse para acabar ligándolo a placer. La manera de cruzarse despacioso al pitón contrario de aires tomasistas y el epílogo por bernadinas con el toro silbándole la banda de la taleguilla. Un lío. Tanto, que tras la estocada la gente llegó a pedirle el rabo.

Tras aquel impacto, llegó El Juli con su cuarto de siglo en figura del toreo a cuestas y echó las rodillas al suelo para recibir al cuarto, que subió el nivel de la presentación y de la báscula. Le costaba pasar y parecía aburrirse el de la divisa salmantina y Juli, en esta ocasión en versión de mimo y seda, pidió paciencia hasta en tres ocasiones. De repente, el toro se deslizó como no la había hecho antes y el madrileño anduvo con él a placer. A media altura en ocasiones, metido entre los pitones otras, con media muleta y citándolo cortito para exprimir su escaso viaje… lo pasaportó de una estocada en el sitio al segundo intento y le cortó la oreja.

Roca Rey toreó muy despacio y muy bien al quinto a la verónica. El tercio de varas fue un sindios, con el toro de caballo en caballo y saliendo de uno de los encuentros con un aparatoso ojal en el costado izquierdo. El público se enfadó y el palco, sin ningún motivo, lo devolvió en contra del reglamento. Con el sobrero, bueno pero sin acabar de descolgar, Roca Rey estuvo soberbio tras otro follón en varas. Encajado y vertical en el toreo fundamental, hubo naturales que todavía duran. Los de pecho eran casi circulares eternos y tiempo hubo para una arrucina sin montar la espada. Un alboroto. Se volcó sobre el morrillo para cobrar la estocada y paseó el doble trofeo.

Por si los corazones de la gente aún no habían tenido suficientes emociones, Tomás Rufo quitó por chicuelinas al sexto, otro toro sensacional, y se echó de rodillas para principiar faena toreando en redondo. El joven manchego le cuajó naturales inmensos toreando con los mismos vuelos, ligando los de pecho con un leve muñecazo con la suficiencia de quien lleva matadas cien corridas de toros en su carrera. Pero resulta que esta era la tercera. Además, tiene valor para hacer varios toreros y una capacidad total de improvisación. El cambiado por la espalda, la trincherilla, de repente un doblón eterno cambiándose la muleta de mano. La rúbrica del espadazo y otras dos orejas. La vuelta al ruedo al toro, como premio ganadero a todo lo vivido, no sobró ni mucho menos.

RESEÑA

Sábado, 26 de marzo de 2022. Plaza de toros de Castellón. Séptima de la feria de la Magdalena. Toros de Domingo Hernández, el 2º lidiado como sobrero tras perder el titular la vaina del pitón al salir de toriles, al igual que el 5º, tras devolverse a petición del respetable por sufrir un ojal en el tercio de varas. Presentados acorde a la categoría de la plaza y gran juego en líneas generales en el último tercio. Bravo y codicioso el 1º, aplomado el 2º, encastado y a más el 3º, noble pero de contado poder el 4º, bueno sin humillar el 5º, de dulce son y ritmo el 6º, premiado con la vuelta al ruedo, de nombre “Pitillo” y marcado con el número 21. Julián López “El Juli”, dos orejas y oreja; Roca Rey, silencio y dos orejas; Tomás Rufo, dos orejas con petición de rabo y dos orejas. 

Incidencias: Tres cuartos de plaza en tarde muy fría. Bien con los palos Fernando Sánchez.

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