Tambores de guerra

Arranca farolillos con una colisión a tres bandas que promete. Roca Rey y Tomás Rufo llegan a la Maestranza con pocas intenciones de hacer prisioneros, y los observará El Juli, que como figura del toreo que es, tampoco tolera ser pisoteado por nadie. En los corrales, seis toros de Victoriano del Río, quizá la ganadería del momento.

El arranque de campaña ha situado a Tomás Rufo como la gran revelación del año. A su pureza con el capote y a su temple y ajuste con la muleta, ha unido desde que tomara la alternativa en septiembre del año pasado una ambición irrefrenable. Viene a ser figura del toreo, y además lo antes posible. Cuenta todas sus tardes por triunfos, y el de Castellón, cerrando el mismo cartel que tenemos hoy, fue aplastante. Aquí en Sevilla la gente está pendiente del toledano, que llega con el run run de los toreros grandes.

Viene también Roca Rey, y lo hace con sed de venganza. Su paso por Sevilla en San Miguel fue cuanto menos discreto, y marcado por ese primer toro de los seis que mató, de la misma divisa que esta tarde, y al que le cortó una oreja teniéndole que haber cortado el rabo. En Valencia se vio a un Andrés desatado y en Arles y México, además, toreando con un magnífico estilo. Si no vuelve a pesarle el escenario -que no lo parece- lo normal es que salde cuentas pendientes.

Y lo normal también es que El Juli observe la colisión entre Roca y Rufo no como convidado de piedra. Ya no es tiempo para él de batallas a sangre y fuego, pero que la maestría crece con los años y la raza se conserva, es un hecho flagrante si observamos la trayectoria de este Julián López que le abre plaza a los muchachos. Huele a tarde grande, aunque el toro y Dios dirá.

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