Sólo Parladé. Y una oreja

Foto: Arjona-Toromedia

Somnolencia de Juan Pedro. Se agradece la presencia de los dos últimos toros, del hierro filial, que despertaron a los tendidos.

Llovía en Sevilla. Teníamos sueño hasta el quinto toro, y para cerrar terminó por cambiar la cosa, afortunadamente. 9ª de abono, segunda tarde consecutiva pasada por agua. Para colmo corrió el fresco bajo un cielo marengo, lo que trajo muy poca gente a los tendidos, y dejó a otros tantos en casa. Se hizo duro estar allí hasta que pudimos ver algo. Dos toros y una oreja (6º) vi yo, a lo que asomaron dos pañuelos, el otro en el 5º, premiando a Álvaro Lorenzo. Les cuento. Vayamos por partes.

Lo del ganado fue la crónica de otra muerte anunciada. Es demasiado redundante rajar de nuevo de los toros de Juan Pedro, más concretamente de los del hierro que lleva su nombre, que arrastran un historial catastrófico de hace ya años, en juego y presentación en la mayoría de los casos. En esta vida hay que ver el vaso medio lleno, y de aguantar hasta el final del festejo pudimos ver los allí presentes cómo dos toros de Parladé levantaron un tanto la tarde. Los de la divisa amarilla, que salieron en lugares quinto y sexto, tuvieron ambos movilidad y temperamento (más el sexto, el mejor de la tarde), precisamente lo que no tuvieron los que portaron la encarnada y blanca. 

Bien pudiera haberse anunciado la corrida con la segunda marca de la casa, que se ve que es la que valió y la que vale. Pero no fue así, y no va a ser así nunca más, aparentemente. Ya anunció el ganadero en 2019 que solo quedaban por delante tres camadas herradas con el redondel y las aspas, las cuales serían lidiadas o eliminadas. Cuesta comprender cómo el escaso atractivo que posee la casa en la actualidad tal y como están las cosas en los últimos tiempos, vaya a ver muerte y nada más, una llama que se está terminando de consumir. 

Hablemos de las orejas. Sevilla anda perdida en exigencias este año, bastante más que en la historia más reciente de esta plaza, y ni hablemos de tiempos más antiguos. Los carnavales son en febrero, más en Cádiz que aquí, y no nos quitamos la careta para asomar pañuelos día sí y día también. El triunfalismo, o una presión fomentada por tres o cuatro partidarios del que toque, parecen hacerse siempre con el gran público, que últimamente puede más que el palco precisamente cuando no toca. Mérito siempre hay, y mérito tuvo Álvaro Lorenzo con el 5º. Pero no fue de oreja, faltó un tranco de más, faltó pasar la puerta del cumplir. 

Si por el público hubiera sido, a Luque se le hubiera otorgado la oreja en sus dos toros, pero esto es Sevilla y no Gerena de momento. Menos mal que llegó Ginés frente al sexto, para mostrar un claro ejemplo de lo que es una faena de oreja en la Maestranza. De nuevo anduvo el público dando la nota, pidiendo hasta las dos. Hiperbolismo. Ahora sí se mostró firme el presidente, asomando un pañuelo, de mayor peso que el anterior. Ya tocaba.

Se precisa mayor educación taurina. Una base de conocimiento. Lo que vemos en los tendidos hoy no es sino un derivado de la moda de ir a los toros porque sí. Tendríamos que aprovechar esa oportunidad que se nos presenta para crear afición, y no para desvirtuarla. Para ello se necesita obligatoriamente el respaldo del palco, un palco que sirva como aficionado modelo, al menos en las principales plazas, como es el caso del coso del Arenal. Veremos este mismo percal en otras plazas de primera categoría este año, por desgracia. 

Ese tranco de más del que les hablaba, es el que se vivió con el último de los lidiados hoy, posiblemente el último toro de Parladé que veamos lidiar en esta plaza jamás. Las gallinas que entran no son como las que están por salir, y no es para menos. Sevilla dice adiós a un hierro con casi 109 años de antigüedad, pero nadie parece inmutarse. Que la tierra le sea leve. 

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