Sin toros pero con San Fermín en el corazón

Repasamos algunos datos y curiosidades de las Feria taurina más universal de nuestro país, en el segundo año consecutivo en el que Pamplona se queda sin San Fermín

Este 7 de julio ha sido triste. No ha habido toros corriendo por las calles de Pamplona. Ni los habrá en los próximos días. Una fecha que da el pistoletazo de salida a una semana en la que fiesta, tradición y alegría se dan la mano. Todo el que sigue los encierros a las 8 de la mañana y las corridas por la tarde se sienten pamplonicas durante 7 días. Hasta el más ferviente devoto de la Virgen del Rocío se encomienda al jovial San Fermín y su capote salvador. Una fiesta universal, en la que está naturalizado lo que para nosotros es realmente motivo de fiesta: el toro como eje de las celebraciones. En este 2021 se cumplen 430 años de las primeras celebraciones en torno a San Fermín que acogió Pamplona. Fue en concreto en el año 1591 cuando se celebraron por primera vez la fiesta de los Sanfermines. Ese año fue la primera vez en la que hubo festejos taurinos el 7 julio porque tradicionalmente se celebraban en octubre, malográndose muchas veces por las lluvias propias de la época.

Los mozos corrían por las calles de Pamplona delante de los toros sin el atuendo blanco y rojo que hoy estamos tan habituados a ver. En 1939 un toro provocó tal caos al romper el vallado que tuvo que ser abatido a tiros por la autoridad foral ante el peligro de salir del recorrido sin control posible. Aquel suceso provocó que se instalar el doble vallado que hay hoy en día, esa segunda barrera tan codiciada por las mañanas para presenciar el encierro.

Los festejos en la nueva fecha se consolidaron con los tradicionales encierros. Pero la Feria del Toro, tal y como la conocemos hoy en día nacería en 1957. Dos años antes, la Casa de Misericordia de Pamplona contrató a Miguel Criado ‘El Potra’ como encargado de la contratación de toreros y ganaderías desde ese mismo año. Aquel fue el germen de la primera Feria del Toro que se celebró, como decíamos, en 1959 al generarse complicaciones en la negociación para contratar a Antonio Ordóñez y a Luis Miguel Dominguín. El Potra decidió centrarse en las ganaderías, buscar las camadas de mayor trapío, anunciar los hierros que más interés concentraban en la época: Domecq, Miura, Pablo Romero, Carlos Núñez, Benítez Cubero, Garci-Grande y Tulio e Isaías Vázquez.

En ese 1959 sucedió todo un acontecimiento: En la tercera corrida de los sanfermines, el venezolano Curro Girón paseó los máximos trofeos de un toro de Álvaro Domecq que fue premiado con la vuelta al ruedo primero y reconocido después como el más bravo de aquella primera edición de la Feria del Toro. Ese día, además, Gregorio Sánchez paseó las dos orejas del segundo y acompañó al matador venezolano en la salida a hombros.

Miura fue desde el principio un hierro clave en la Feria del Toro, ya en 1960 un toro cárdeno de nombre ‘Esparraguero’ fue premiado con la vuelta al ruedo pero no fue hasta 1969 cuando la legendaria divisa sevillana conseguiría su primer trofeo ‘Feria del Toro’, de los cinco que ha logrado a lo largo de la historia, que reconoce a la corrida mejor presentada y más brava del serial. Repetiría en los años 74, 77, 84, 99 y 2008. A este dato hay que añadir que, se les ha concedido el Trofeo Carriquiri al mejor toro de la feria en 9 ocasiones.

Un hierro con personalidad propia que suma más de 50 años consecutivos lidiando en la capital de Navarra hasta que el Covid-19 ha cortado la tradición. El encierro más largo de la historia estuvo protagonizado por los toros de Miura en 1958, duró más de media hora porque un toro se negaba a entrar en los corrales. Tuvieron que emplear la ayuda de un perro, al que los mozos pasearon a hombros. El récord en su propio palmarés en cuanto a velocidad lo lograron en 2006 al haber hecho el recorrido (848,6 metros) en 2 minutos y 13 segundos con una media de velocidad de 23,6 km/h.

Con Miura la afición de Pamplona ha elevado al súmmum de la admiración a algunos de sus ídolos más representativos como Dámaso González con aquel ‘Tramposo’ en 1982 al que realizó una de las faenas más importantes de su trayectoria. Perdió el rabo con la espada y el toro fue premiado con la vuelta al ruedo. Otro referente de Pamplona, forjado en mil batallas, es el maestro Ruiz Miguel que lidió a otros importantes miuras premiados con vueltas al ruedo como fueron ‘Trapajoso’ y ‘Estopeño’ (de 658 kilos) en el 84 y en el 85, respectivamente. El maestro de Cádiz sumó 12 corridas de Miura, además de otras muchas de hierros durísimos en este ruedo. Alternó algunas tardes con su inseparable compañero Antonio José Galán, que se ganó el favor de las peñas con su estoicas estocadas sin muleta, como reeditaría años más tarde Ángel Gómez Escorial en una escalofriante imagen con otro Miura, claro. Otro nombre inseparable a la divisa es el de Juan José Padilla, otro gran héroe de las peñas, el último torero que ha paseado en Pamplona dos orejas de un toro de Miura, fue en el año 1999. Pamplona le lanzó al circuito más duro de todas las ferias y también pagó su entrega con sangre en un percance que a punto estuvo de costarle la vida al recibir una gravísima cornada en el cuello. En la etapa posterior, con el parche, reinventó el vínculo con las peñas pasando del Ciclón de Jerez al Pirata. En su despedida, con pañuelo de bucanero, corearon el famoso ¡¡illa, illa, illa, Padilla, Maravilla!!

Dávila Miura, otro torero muy querido por la afición de Pamplona, reapareció con toros de su familia en 2016 para quitarse la espina por no haber lidiado hasta entonces toros de Miura en San Fermín.

Volviendo a sucesos ‘clásicos’ de San Fermín, hay que decir que uno de los personajes que más contribuyeron a que estas fiestas se convirtieran en universales fue el escritor Ernest Hemingway. El auto estadounidense está recordad con un busto de bronce en los aledaños de la plaza de toros. En 1926  viajó a España y se enamoró de la fiesta de los toros y, en concreto de los Sanfermines. Escribió su famosa novela ‘Fiesta’ y entabló una amistad basada en la admiración con Cayetano Ordóñez ‘El Niño de la Palma’. Años más tarde, cuando regresó a España a mediados de los 50 se encontró que la figura del toreo era Antonio Ordóñez, el hijo de su amigo, a quién siguió durante el verano del 59 escribiendo en una serie de reportajes para la revista Life que años después se publicarían recopilados en un libro llamado ‘El verano sangriento’ en el que relataba la fuerte rivalidad de Ordóñez con Dominguín en aquella temporada en la que coincidieron 10 veces, resultando heridos en dos ocasiones cada uno y convirtiendo cada tarde en todo un acontecimiento. Ordóñez fue el rey del toreo en el Norte. En Pamplona toreó en 32 ocasiones, debutó como ganadero con una corrida de toros en el 61, corrió el encierro de su propia corrida, otras veces hizo las funciones de pastor y, también, doblador en otra ocasión. Retó a las peñas que lo encumbraron y también le abroncaron con fuerza en su última actuación en el 71. El aficionado más serio le dio el valor que tuvo como figura del toreo: inolvidable la faena al toro de Arranz y el rabo logrado en el 68 que se suma a las 32 orejas de su palmarés en esta plaza. Como anécdota curiosa, el maestro de Ronda se vistió de pamplonica para torear un festival benéfico en Pamplona.

Un cántico que qudó para el recuerdo es el de ¡El Viti!, ¡El Viti!, ¡El Viti es cojonudo!, como El Viti… ¡no hay ninguno! La gravedad majestuosa de El Viti encajó en Pamplona de forma extraordinaria desde la tarde de 1962 cuando, coicidiendo con el rodaje de ‘55 días en Pekín’, Charlton Heston acudió a los toros en un cartel que completaron Antonio Ordóñez y Paco Camino, casi nada.

Hubo dos sevillanos que en las décadas de los 80 y 90 gozaron de un gran cartel en la Feria del Toro: Emilio Muñoz y Espartaco. El maestro de Triana hizo el paseíllo en 27 ocasiones obteniendo 19 orejas y un rabo, alcanzando una regularidad que no ha tenido en ninguna otra plaza. Cuajó en el 94 una faena para la historia a un toro del Marqués de Domecq. La figura de Espartinas fue base de la feria durante muchas temporadas, alcanzando ocho puertas grandes y siendo un auténtico ídolo de la ciudad. Siempre que pudo acompañó a su amigo Pepín Liria quién tuvo un debut muy especial en Pamplona porque le llamaron para sustituir a José Tomás en la corrida de Cebada Gago en el momento en el que estaba conociendo a su hija recién nacida en Murcia. No se lo pensó ni un instante, besó a la niña y se fue corriendo para cumplir su sueño de torear en San Fermín. El murciano vivió tardes muy duras pero otras gloriosas.

Otros toreros vinculados a la afición son Juan Mora, Antonio Ferrera, el inolvidable Iván Fandiño o, de forma reciente, Cayetano. Todos ellos han conseguido que las peñas se sientan identificadas con su toreo y, al mismo tiempo, convencer a los buenos aficionados que están abonados en la sombra de la plaza monumental. Coso diseñado por el arquitecto de San Sebastián Francisco Urcola, quien también hizo la Monumental de Sevilla –la de Pamplona es la que más se parece a la creación de Joselito– y que fue inaugurada el día 7 de julio de 1922. El genio de Gelves que ideó las plazas monumentales no pudo conocer la de Pamplona pero sí fue una ciudad importante en su carrera, especialmente por el acontecimiento que protagonizó en 1918, en la plaza anterior, cuando toreó las cinco corridas que se celebraban en torno a la festividad del patrón y en las que estoqueó once toros, cuatro orejas y un rabo.

Volveremos a vivir la emoción de la adrenalina tras el madrugón veraniego. La satisfacción de ver a un torero triunfar ante un toro imponente, cabeza de camada. La alegría de encontrarse con amigos en la calle y en los tendidos, ataviados con el pañuelico rojo. Disfrutaremos de poder hablar de toros en cualquier sitio, aunque sea de los encierros, y aprovechemos para destacar que por la tarde se lidian y que las 19.500 almas que acoge el Coso de la Misericordia financian la residencia de mayores. Una organización generosa con toreros, ganaderos, aficionados y sociedad civil. Un ejemplo de gestión, un icono del sector pese a su maltrecha salud. Ya sólo quedan 363 días para los Sanfermines 2022.

 

 

RELACIONADO