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¡Silencio!

Para saber hay que aprender, y tenemos que aprender a hacer las cosas cuando tocan. Hoy la Maestranza llevaba la ropa de otra.

Bien cierto es el dicho que enuncia que mejor es mantener la boca cerrada a decir algo que no valga ni un duro. No me gusta hablar en vano, y de toros sé muy poco o nada. Es por eso que en los toros me suelo callar.

La tarde de hoy fue rara, el ambiente en la Maestranza dejó mucho que desear. Morante, Urdiales y Manzanares con los de Jandilla en el cartel. Los tendidos tan llenos como vacíos. El silencio es algo que se le pierde en la memoria a cada cuando a esta ciudad. De cuando en cuando, da con la clave y vivimos de nuevo. Pero cuando le toca estar y no está, duele profundo.

Otra cosa es el vacío. Miren ustedes que hoy tanto Morante como Urdiales han parado el tiempo en más de uno y de dos lances, capote y muleta. Romanticismo y Clasicismo mano a mano, nada menos. Se hablará más de los pañuelos que sí han asomado que de los que no, pues al público parece interesarle más la materia que el fin último de la misma. En lugar de hablar después, esta tarde tertulias de pito y bombo en la Plaza. Hablando de esto y aquello, de qué bonito todo, y de que cómo se llama este que torea. En fin.

No nos encontramos ni en nosotros mismos. Hoy Morante mostraba su enfado, yo también lo hubiera hecho. Hace ya tiempo que esta Plaza pasa por una crisis de identidad en los tendidos, con más forastero que local, más cubatas que aficionados. De vez en cuando brilla algo más la luz al final del túnel, pero ¿qué es el azul si siempre llueve? Hoy he salido ausente de sentires. No creo que sea el único. La corrida no ha acompañado, no lo duden, pero hasta en un secarral hay agua. Ni mucho menos anduvo aquello deshidratado, hubo notas puntuales de algunos toros y toreros como ya he mencionado; un buen sexto, con casta y transmisión; y también buenos tercios de varas y banderillas. Si por poder, se puede hacer afición hasta en las tardes menos lucidas.

La cuestión. Tenemos miel en las manos e imagínense ustedes quien la compra. No se trata de precios, se trata de lo que queremos y lo que hagamos por conseguirlo. La educación taurina es algo tan importante como necesario. Nos hacen falta maestros, y no «maestros». Lástima que tantos se hayan aburrido y ya se queden en casa. Vamos a dejar de comportarnos como niñatos sobre la piedra. Hagamos por ilusionar, hagamos por aprender de ellos, nuestros mayores. Esta batalla se lucha en los tendidos, y no podemos tener a nuestros mejores soldados en el sofá.

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