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Sólo asomó Calerito

No es besar el santo, porque queda camino de sobra por andar. Pero de andar, anduvo Calerito esta tarde como el que lleva ya otras como matador de toros. Es de Sevilla, por cierto.

Presumida la plaza, vestida de lleno, salió el primero de la tarde, el toro de la alternativa. Calerito lo recibió a placer con el capote, componiendo verónicas muy sentidas sobre la panza del percal. Tuvo una decente pelea el Victoriano en el caballo, aun sin ser excesivo el castigo, siéndolo así el hilo que hizo en las costosas banderillas, tras las cuales saludaron montera en mano Antonio Manuel Punta y David Pacheco. Llegó el momento del intercambio de trastos, firmado con un fuerte abrazo, y posterior, el brindis, a su padre.

El toro remató con rabia de celo todo lo que anduvo cerrado en un burladero, y acudió presto a la llamada del alternativado, que lo esperaba desde los medios. Explosivo se mantuvieron ambos de inicio, desbordante el toro y ciertamente capaz en la intensidad Calerito, que ganó acción y tragó lo que hizo falta, dejando compases de amplia luz. No terminó de redondear por no darle más aire al bravo Victoriano, que se movía como si supiese que le iba la vida en ello. Terminó por apagarse, pero una buena estocada causó petición unánime que fue satisfecha. Oreja, y ovación al toro en el arrastre.

Castaño de capa el que cerraba la tarde, gallardo de estampa. Se movió echando las manos adelante, cabeceando en el capote. En varas el castigo fue breve, y el paso por garapullos se dio inadvertido. Brindó la muerte del toro el nuevo matador de toros a su madre, y de nuevo se dirigió a los medios. No respondía digamos con creces el del hierro de la “Y” en primera instancia. Pero Calerito se fue abriendo camino, y cuando quisimos darnos cuenta, estaba trazando sobre su mano derecha los muletazos más suaves y dedicados que vimos en toda la tarde. Y encima, despacio. Nadie diría que hoy era su primer día. Pero no consiguió rematar de la mejor manera, clavando un pinchazo hondo en su primera entrada a matar. Aviso. Tras intentarlo repetidamente, al fin acertó con el verduguillo. Le sonaron palmas.

Negras como las de su hermano eran las pieles del segundo. Salió un tanto suelto, y cuando quiso Manzanares meterlo bajo su esclavina se quedaba el burel en una baldosa, apretando y repitiendo, hasta llegando a desarmarlo en la propia brega. En el caballo cumplió bajo castigo más bien medido, y en el tercio de palos mantuvo revoluciones, a lo que los hombres del alicantino (Duarte, Mambrú y Blázquez) escucharon una ovación por su buen hacer. No abría la boca el animal, y menos se paraba, y en esas se movió de primeras. Le costó a Manzanares encontrarle sitio en totalidad, pues abundaron choques y enganchones, por otra parte facturando derechazos de exigencia y calado intenso, colisionando ambas vertientes en un mismo hacer. De finales, le encontró sitio tras buscarlo con ahínco, hasta sonándole la música, y dejando dos series que hicieron faena por sí mismas, de alto listón y mayor conexión. Tocaba matarlo, y no se remató como mejor merecía, colocando media estocada más bien trasera, que le exigió descabello. Acertó al fin tras escuchar dos avisos. Ovación con saludos, y palmas al toro en el arrastre.

Sin mucho eco en el recibo, el segundo del lote de Manzanares dio buen juego en el caballo, arrancándose con cierta distancia y acometiendo con garra en los bajos del peto. No se quedaron atrás las manos que tomaban las riendas del equino, las de Paco María, que fue ovacionado tras su hacer. Algo forzada fue la ovación en banderillas, habiendo sido un tercio de buen hacer pero sin excesiva excepción. Si bien quizá hubiera quien se lo pudiera haber esperado, el comienzo de faena fue de voltaje, vibrante cada embestida del cornúpeta. Bien le hizo de primeras, pero se le presentó a Manzanares misma cruz que en su primero: perder el sitio. Tras desbordársele de la franela no volvió el Victoriano a ser el que era, aburriéndose sin tapujo, pitando los tendidos. Lo pinchó primero, puso media estocada tendida después, entrando por tercera vez para dejar un pinchazo hondo. Vino el descabello para intentarlo, múltiples veces, hasta dejar la nuca del animal ensangrentada. No sin escuchar antes un aviso, atronó finalmente al toro Manzanares. Silencio.

Tuvo incierta salida el tercero de los de la divisa madrileña, sin mucho interés en la continuidad. No dijo nada su andar en el caballo, que no tuvo tampoco notada humillación. Buen tercio de banderillas salió de las manos de los de plata, que se asomaron al balcón de los marfiles aun sin hallar acometidas plenamente honestas. Llegados a la muleta, no terminaban de redondear ni pitón ni franela, quedándose ambos en medias tintas sin mayor narrativa. Roca Rey lo movió un tanto y decidió abreviar, entre algunos pitos. Pinchó dos veces y puso un bajonazo muy contrario. Pitos al toro en el arrastre y silencio al matador.

Un tanto suelto partió el parejo quinto tras cruzar el umbral de toriles, sin propiciar mejores aires en el saludo. Al caballo entró discreto y en banderillas metió abajo el hocico en cada capote que olió. Tras brindar al público, Roca Rey comenzó a faenar templado y transmisor, baja la mano, larga y tendida. Par de series así fueron suficientes para que empezase a sonarle la música, pero de no apretarle la pañosa comenzó a descafeinarse el animal, cada vez un poco más, hasta aburrirse y rajarse con estrépito, cuando más falta hacía la entrega. No pudo andarse con rodeos el peruano, que tuvo que matarlo completamente pegado a tablas, poniendo una buena estocada que lo echó sin tardanza. Ovación.

 

 

RESEÑA

hierro victoriano del río

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería, en Sevilla España. Cartel de «no hay billetes». Toros de Victoriano del Río,  de presentación seria a la par que armoniosa, fue de notable juego y exigencia, sin terminar de llegar ninguno de manera rotunda a puerto por el hacer que se les planteó. Los mejores fueron 1º, 2º y 4º.

José María Manzanares (de azul marino y oro), ovación con saludos tras dos avisos y silencio.

Roca Rey (de caldero y oro), silencio y ovación con saludos.

Juan Pedro García «Calerito» (de blanco y oro), oreja y palmas tras aviso.

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