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Santander: la zurda de Víctor Hernández, el gusto de Linares y las ganas de ser torero de Fonseca

Foto: Lances de Futuro / Arjona

Víctor Hernández paseó la única oreja de la tarde en la segunda de la Feria de Santiago, en Santander. Una novillada -marcada por la falta de raza de la que adoleció el encierro de Núñez de Tarifa con la excepción de primero y tercero- entretenida más allá del resultado numérico, pues los tres jóvenes mostraron por diferente vía sus respectivos conceptos. Así, gustó esa zurda de tantos kilates de Victor Hernández, que mostró un valor que derrochó Isaac Fonseca, sin suerte en su despedida del escalafón inferior y que incluso recibió una pequeña cornada en la axila. Mientras, Marcos Linares -que debió cortar la oreja del tercero- sedujo a los presentes por su buen aire, corte de torero artista y con muy buen embroque, más nuevo que sus compañeros, pero, sin duda, para seguirle la pista.

Avacado, sin llenar, estrecho de sienes y cornicorto, el primero fue un novillo que se movió en los primeros tercios. Con dos faroles de rodillas y un variadisimo saludo que también tuvo caleserinas, lo recibió Víctor Hernández. El quite, por saltilleras. Tuvo fijeza y prontitud el de Núñez de Tarifa en la franela del manchego, que destacó una vez más con esa gran zurda que posee. Dos series más ligadas y una tercera aún mejor, de uno en uno, echando los vuelos y enganchando con suavidad las embestidas humilladoras del novillo, que tuvo buena condición. Final por angostas bernadinas. Tras una estocada trasera y desprendida, paseó el primer trofeo de la tarde.

Al cuarto, abrochado y estrecho de sienes, bajo y bien hecho, lo recibió de nuevo de rodillas, Víctor Hernández. Esta vez a la verónica. El quite, por tafalleras, para no exigir al novillo, que marcó lo suyo las querencias en banderillas. Volvió a echarse de rodillas en el prólogo de un trasteo en el que estuvo centrado y trató de poner todo lo que faltó al utrero que, sobre todo, fue raza. Pasaba, pero le faltó codicia y clase en la muleta del alcarreño, que volvió a dejar, pese a ello, dos buenas series al natural. Terminó, otra vez, de rodillas sonando un aviso antes de montar la espada. La estocada cayó baja y necesitó de tres golpes con el verduguillo. Vuelta al ruedo por su cuenta tras dos avisos.

 

 

Algo acapachado y más lleno, el melocotón tercero pareció marcar querencias en los primeros compases de su lidia. Variado en el saludo Marcos Linares, con chicuelinas y caleserinas, no perdonó el quite, por delantales, acompasados. Después, armó una faena en los medios, basada en el pitón derecho aprovechando la clase del novillo, que humilló y transmitió en su muleta. Tuvo profundidad y el jiennense lo toreó con largura y reunido. Muy buen embroque y cuidada siempre la colocación en una faena que tuvo empaque y elegancia. Al natural, también logró una buena tanda postrera. Finalizó con muletazos de rodilla genuflexa en otra muestra del buen corte de su toreo. Buena estocada, pero tardó en doblar el animal y Linares, muy torero, cuidando la escena, no quiso descabellar. Se le pidió con fuerza la oreja, pero el palco no la otorgó. Vuelta al ruedo.

Cerró plaza un colorado lleno y con mayor cuajo que sus hermanos, más bastito y cornidelantero, que permitió a Linares dibujar buenas verónicas en el saludo. Encelado con el caballo, fue un animal al que faltó raza y entrega, muy deslucido. Linares trató de ayudarlo a romper y le hizo las cosas muy bien, esmerándose en la colocación y el trazo de los muletazos, pero no había nada que extraer de un adversario que a mitad del trasteo ya había echado la persiana, muy parado, sin embroque prácticamente. Contrariado, tuvo que desistir, sin opción. Silencio tras aviso.

El segundo fue un colorado suelto de carnes y acodado al que intentó parar de rodillas a la verónica Fonseca. Sin embargo, salió muy suelto y huidizo hasta conseguir encelarlo en un saludo capotero que también tuvo chicuelinas. Se lo dejó crudito, pues apenas se le señaló con la puya. Buen tercio de banderillas de Iván García y Tito. Brindó al público y clavó las dos rodillas en tierra para cambiarlo un par de veces por la espalda, siguió de rodillas para abrochar la tanda con ajustadísimo afarolado y el de pecho. Ya en pie, el de Núñez de Tarifa fue un utrero tardo, que dejaba estar, pero al que faltaban finales. Fonseca logró ligarle las tandas hasta terminar en las cercanías. El cierre, por arlesianas. Muy ajustadas. Dejó media que necesitó de dos descabellos y saludó desde el tercio. Ovación tras aviso.

Muy en lo de Núñez, el quinto salió frío y abanto, a su aire, buscando los terrenos de sol y sin fijeza alguna, no permitió a Fonseca el lucimiento. Algo que sí consiguió en el posterior quite por gaoneras, muy quieto, sin enmendarse. Brindó al cielo y comenzó con cambiados por la espalda con un utrero al que faltaba entrega en el final del muletazo. De hecho, en la tanda posterior, se rajó y cada vez más desentendido y reservón, convirtió en una quimera la faena. Fonseca no quiso dejarse nada en su último novillo y se la jugó con él, pues rozó la voltereta en tres ocasiones. En una de ellas, contra las tablas, incluso el pitón encontró carne y recibió una cornada de 10 centímetros en la axila derecha. Visiblemente dolorido y con el animal ya muy acunado en tablas, costoso para cuadrar, se le complicó mucho despenarlo, pinchando en repetidas ocasiones. Pese a todo, saludó una ovación. Ovación tras dos avisos.

RESEÑA

Plaza de toros de Cuatro Caminos, en Santander. Segunda de la Feria de Santiago. Mas de media entrada. Novillos de Núñez de Tarifa, desiguales de presentación. El 1º, con fijeza y prontitud, tuvo nobleza; el 2º, tardo y sin finales; el 3º, con transmisión, profundidad y clase; el 4º marcó las querencias, deslucido y sin raza; el 5º, rajado en la primera tanda, muy desentendido y reservón; y el 6º, deslucido y muy parado, casi sin embroque.

Víctor Hernández (de rosa palo y oro), oreja y vuelta al ruedo por su cuenta tras dos avisos.

Isaac Fonseca (de sangre de toro y oro), ovación tras aviso y ovación tras dos avisos.

Marcos Linares (de rosa palo y oro), vuelta al ruedo y silencio tras aviso.

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