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Rafael Gómez «El Gallo»: Una vida de anécdotas (II)

Rafael “El Gallo”, el genial e inigualable torero, cabeza de los hermanos Gómez Ortega, fue un torero excepcional, con ocurrencias que hicieron que su personaje se convirtiera en uno de los más destacados de la extensa historia taurina. En una primera entrega, estuvimos repasando algunos de sus mejores “golpes” con personajes famosos o importantes de la época, así como de supersticiones del diestro, en el que ya pudimos vislumbrar la personalidad tan auténtica que tenía. En esta nueva y última entrega, vamos a conocer algunas de sus ocurrencias en materia estrictamente taurina y, en su vida personal, el día a día del “divino calvo”.

 

 

Rafael Gómez “El Gallo” retratado en uno de los establecimientos que frecuentaba, en 1949 (Cano, Museo Taurino de Valencia)

BRONCAS, “ESPANTÁS” Y GENIALIDADES DE UN TORERO ÚNICO EN LA PLAZA

De entre todos los momentos divertidos o anecdóticos del Gallo, sus mejores momentos seguramente sean los que estuvieron estrechamente relacionados con su profesión, protagonizando genialidades difíciles de igualar, ya fuera con sus compañeros y el público, o relacionadas con alguna tarde concreta o plaza de toros.

Cuentan que una tarde, en la plaza de toros de Madrid, Rafael hizo con el primer toro una de las peores faenas de su vida. Llovieron almohadillas al ruedo, y el público, indignado, se hartó de chillarle. Cuando el Gallo, compungido por el fracaso, volvió a la barrera, Vicente Pastor, que le estimaba mucho, se creyó en la obligación de dirigirle alguna frase de consuelo, y le dijo: ¡Hay que ver cómo está el público esta tarde, Rafael!; A lo que el Gallo le respondió rápido: Para vosotros, colosal. ¡Ya los he dejao a tós roncos!

Otra anécdota muy sonada fue la que protagonizó con un amigo al que hacía mucho tiempo que no veía y se cruzaron en el tren Córdoba-Sevilla. Acababan de celebrarse las corridas de la feria de Córdoba y Rafael regresaba en el tren a su casa tranquilamente, pero, durante el trayecto, en el pasillo del coche-vagón tropezó con un amigo que, desde Madrid, se dirigía también a Sevilla. Tras saludarse efusivamente, recayó la conversación sobre las corridas de Córdoba.

Fue el amigo preguntando al Gallo por la actuación de todos los diestros que en ellas tomaron parte, así como el juego que había dado el ganado. Al fin le dijo:

— Y tú, ¿qué tal has estado? ¿Qué opinaba el público de tu actuación? A lo que el Gallo contestó con seguridad:

— Pues mira, de mí sólo sé decirte que las opiniones quedaron divididas.

— ¿Entre tú y el “Bomba”? – preguntó el amigo.

— No –respondió Rafael–. Que unos se metían con mi madre y otros con mi padre.

 

Fotografía de estudio en la que vemos a Rafael “El Gallo” con aparente serenidad (Vía todocolección)

 

En otra ocasión, habiendo matado El Gallo el primero de su lote en una comparecencia en Valladolid, no había tenido mucha suerte y su actuación había sido bastante mala, por lo que un espectador comenzó a increparle duramente a la muerte del toro y gritaba que se lo llevaran a la cárcel. Rafael, consciente de que aún le quedaban dos toros encerrados (pues en el cartel solo se anunciaban dos espadas, respondió: A la cárcel… ¡qué más quisiese yo con lo que me queda ahí dentro!

Una de sus anécdotas más sonadas fue la que protagonizó con respecto a la distancia existente entre Galicia y Andalucía. Terminó de torear en La Coruña e inmediatamente exclamó: «Ya vamos a estar en Sevilla». Alguien le replicó: «pues no está lejos Sevilla», ante lo que el torero sentenció: «Sevilla está donde tiene que está, lo que está lejos es La Coruña…»

Otra de las cosas que a Rafael no le gustó absolutamente nada, y con esto cerramos esta parte del artículo, fue cuando se impusieron los petos en los caballos de picar, medida muy protestada por Rafael, que en la Maestranza le dijo sobre la medida al delegado de plaza: Pero usted se cree que se puede picar a los toros con los caballos disfrazados de Felipe II.

 

“El Gallo” en una de sus actuaciones, vestido de luto por la muerte de su hermano (Vandel, Comunidad de Madrid)

 

“EL DIVINO CALVO” EN SU DÍA A DÍA

Cuando hablamos del día a día, nos referimos a cómo era este torero en las distancias cortas, delante de los que lo conocían bien o en cotidianidad diaria. Llegados a este punto, se hace necesario mencionar la mala gestión que hizo siempre de su dinero y como se justificaba siempre de tal manera, que era difícil echarle nada en cara. Se defendía siempre a las acusaciones de mal gestor con la afirmación de que era rico en amistades y simpatías (cosa que era una gran verdad).

Famoso fue cuando se fue a París en taxi a golpe de contador (para extrañeza del conductor) o como, ya en sus últimos años, cuando Juan Belmonte fue preguntado cómo le debían hacer llegar un dinero obtenido a beneficio del torero, afirmó que se lo tenían que dar en dos partes diarias para que no se lo gastara todo en pocas horas.

El Gallo, estuvo cerca de un lustro en América y en 1934, decide volver ante una gran atención mediática. Al llegar a España, sus primeras declaraciones fueron: «Pensé que me iba a convertir en uno de esos compatriotas harapientos y sin afeitar que piden limosna en las tabernas y restaurantes del puerto. Todo cambió cuando aparecieron unos señores de parte de la empresa Pagés con cinco mil duritos y dos billetes para España. El dinero lo usé en comprarme unos trajes a medida y una sortija, pues no iba yo a aparecer en mi tierra sin un solitario en el ‘deo’ anular. También traje unas chucherías para mis sobrinillos. Así que me lo he gastao ‘to». (1)

Era muy amigo de sus amigos, a los que intentaba beneficiar en todo lo posible y era el primero en hacer valer su situación social para siempre colaborar con los demás. Muchas anécdotas al respecto, pero destaco una que me contó José María Liñán después de leer la primera entrega de esta serie, en relación a un abanico regalado a su abuela.

Resulta que en el mismo aparecen pintados el propio Rafael, el abuelo de José María, Juan José Cruz, su hijo Patricio y otros motivos taurinos. Junto al mismo, y para excusarse por robarle a sus queridos amigos (de Lora del Río), una nota que decía: “Querida Nieves ya que mi amigo está más fuera que en Lora, te mando un compañero de tertulia”. Lo sorprendente fue ese compañero de tertulia… ¡le mandó un papagayo!

 

El abanico protagonista de la anécdota (fotografía de José María Liñán)

 

También cuentan que era algo olvidadizo y un tanto despistado, tanto que incluso durante la Guerra Civil, ya bien entrada la contienda, y teniendo en cuenta que en Sevilla la guerra fue bastante liviana, estando tomando café con un amigo y al contemplar por la calle un regimiento, le pregunto sobre el motivo de la presencia de estos señores uniformados, ¡qué cosas!

UN TORERO ÚNICO MÁS ALLÁ DE SUS PECULIARIDADES

Rafael el Gallo ha sido el inventor del toreo. Te lo voy a explicar: Lagartijo, dicen, que fue un fenómeno; Guerrita, muy poderoso; a los demás ya les vi yo y no me lo tuvo que contar nadie. Rafael el Gallo, ¡Rafael!, éste inventó lo que se llama el toreo moderno, porque tú sabes que en aquella época se dedicaban más a lidiar el toro, no a torearlo, que es distinto. Cuando Gallito y yo llegamos al toreo, ya lo había inventado Rafael, que, además, ha sido el que mejor ha toreado de toda la historia” decía el mismísimo Juan Belmonte cuando le preguntaron por Rafael en una entrevista y, es que, se puede reafirmar sin género de dudas que el mayor de los Gallo fue un torero único más allá de sus anécdotas y que difícilmente, aparecerá otro diestro como él.  Ejecutaba todas las suertes del toreo a la perfección, impregnándolas de un sello personalísimo, una gracia y un donaire, no ya insuperables, sino incopiables, inigualables. (2)

Para concluir, os dejo unos versos que le compuso el romántico poeta y ganadero, Fernando Villalón; Rafael “El Gallo”, ¡genio y figura!

«Yo te he visto otra vez antes de ahora

y fue en Egipto, en Luxor enterrado,

estaba tu antiguo cuerpo embalsamado

con el barniz de cobre que lo dora.

No sé si fuiste mago o hieronfante,

guerrero o faraón, porque en tu fosa

no falta nada de ninguna cosa

de la que aquí en el mundo es importante…»

Fernando Villalón sobre Rafael El Gallo.

 

Donaire y torería, un matador de toros único (Fotografía Boldún, Museo Taurino de Valencia)

 

(1) José Sinisterra Gago lo cuenta en su libro “El mundo de Rafael Gómez Ortega”

(2) Términos usados por Cossío en su monumental obra para hablar de “El Gallo”

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