¡Qué fresquito!

Ginés Marín se hace con Gijón en un festejo en el que Álvaro Lorenzo cortó una oreja a su primero y Finito de Córdoba sembró vuelos con su segundo, frente a un encierro notable de La Quinta

Que hace calor dicen. La gente no para de hablar de esto y de que Messi se ha ido del Barça, y de buenas a primeras estamos a trece de agosto. ¡Ay, que se nos va el verano! Quién lo diría, con las ganas que teníamos y seguimos teniendo. Uno en lo personal, de lo que no tiene ganas es de seguir con la mosquita muerta del COVID tras la oreja, que el maldito bicho ya está suficientemente en boca de todos como para encender la televisión y que no se hable de otra cosa. Luego se preguntan por qué nadie ve la tele. Bueno, un servidor sí, que hoy hay toros en Gijón, y encima son de La Quinta. A ver qué dicen los marfiles hoy, al menos sé que no me hablarán de pandemias.

 

Fino de caja, hocico y pitones era el cárdeno oscuro primero, zancudo de cuartos traseros. Entró irregularmente al capote de Juan Serrano, “Finito de Córdoba”, frío en ocasiones y rebosado en otras, algo justo de fuerzas en un principio. Despaciosas medias le plantó como retazo, aprovechando el temple de las embestidas del de La Quinta. Un solo puyazo, de justa medida, tomó el burel, ganando este en temple tras el castigo. En banderillas tuvo recorrido en el capote que lo bregaba, humillando en los pareos. Trasteó primero Finito para dibujarle un comienzo incierto después, lo que le decayó en transmisión de sus haceres. El toro era pronto y humillador, pero algo escaso de recorrido en algunos muletazos. Tenía su fiesta, sus teclas a tocar. La faena tuvo similitudes con la que podría verse en el redondel de una finca más bien por lo que un servidor considera malo en una plaza, es decir, por la falta de intensidad. Mayores distancias y menor tardanza en ganar la acción de las acometidas del toro hubieran levantado mejores aires, así como algo más de casta por parte del de los marfiles. No anduvo mal del todo Finito, ya que dejó retales de su azabache, pero fue una faena algo vacía. Se durmió la muleta y no fue menos el animal. Mató de algo más de media estocada y tres descabellos. Ovación con saludos.

 

Más alto, más profundo de badana y serio de espadas era el segundo toro de La Quinta, cárdeno bragado, calcetero de una pata. Entró con buenos aires, templados también, en el capote de Álvaro Lorenzo, que le sopló grandes verónicas al ralentí, con las mismas palmas de las manos y el mentón hundido. Se empleó en el puyazo que se le impuso, empujando con fijeza en el peto. En banderillas, las manos de José Ignacio Rodríguez “Puchi” y Víctor Cañas levantaron una sonora ovación de los tendidos. Álvaro Lorenzo brindó su faena al público del Bibio. Se dispuso a iniciar labores en medio del vendaval, buscando sacar al cornúpeta de las rayas a terrenos más adecuados para su lidia. El diestro toledano dotó al toro en la faena de mayor intensidad, sin necesitar altos voltajes, haciéndose grande en las preciosamente codiciosas embestidas del animal, que se quería comer la muleta, pero lento y por abajo, vaciando sus acometeres Lorenzo por debajo de la pala de ambos pitones. Se gustó y se sintió a base de mando y arte. Hay que tener valor, que no les engañen. Lo mató sin problemas, terminando por ganarse una merecida oreja.

 

El tercero de la tarde era un toro gacho y cerrado de pitones, serio, muy en Santa Coloma, de buena caja, era cárdeno de los de toda la vida, axiblanco. A pies juntos le dio la bienvenida Ginés Marín, quieto como una estaca, por verónicas, rematando con dos buenas medias. En el caballo se desplomó estrepitosamente el burel nada más sentir la puya. Al menos entró, tomando una sola vara, sin más. En palos se vino arriba, ganando en chispa y sin acusar aparentemente la notable falta de fuerzas que se le vio en el caballo. Brindó a Gijón Ginés Marín, y se postró de rodillas en los mismos medios con la muleta montada en la mano derecha. Aprovechó la chispa que derramó el toro en palos para iniciarle faena, comenzando con una arrucina de rodillas que subió los plomos. Quizás no fue el mejor inicio, y rectificó ya de pie el comienzo de faena en la segunda serie dándole distancias y aprovechando tranco y humillación. Por abajo quiso mandarle, lento y en criterio, y pareció que el burel respondía aunque un poco más adormilado que templado. No duró en exceso, y terminó por apagarse progresivamente, faltándole finales de embestida a pesar de las ganas y la firmeza del torero nacido en Jerez. Sin embargo, gustó a los allí presentes, y fue premiado con una oreja.

 

Sin descolgar apenas pisó los alberos el cuarto toro, cárdeno salpicado de pelaje, de finos, no muy largos, pero agresivos pitones, bien provisto de carnes sin sobrarle. Por ello no pudo lucirse Finito en el saludo capotero. Un puyazo sin mucha intensidad recibió el franciscano. Al borde del susto tuvo a las gentes en banderillas, pues hacía hilo, pero providencialmente se le quitó cuando fue debido. Con el toreo que llamaba Juan Belmonte “de los señores” comenzó a caminar frente a la testuz del toro del hierro cordobés, manos bajas acorde a los tiempos, eso sí, imponencia serena. Las maneras hacían faena, ahora sí. Al comenzar, salvo en la serie inicial, más bien en las cercanamente posteriores, faltaban resquicios de compás, faltaba ordenar el trazo, también por cómo miraba el toro en ocasiones. Lo terminó por encontrar, fue así cuando lo toreó estrictamente erguido, con cintura y muñecas y bajando la mano todo lo que se podía. Lo hizo suyo, mandándolo por abajo, en justa duración de faena, pues cuando se hacen las cosas bien no es necesario alargar postrimerías. Le faltó matarlo, lo marró con la espada, le faltó quietud a la hora de perfilarse, y el toro, pronto y con fuerzas aún, le andurreaba. Pinchó tres veces para luego poner media estocada que lo hizo finalmente echarse. Ovación para Finito, también palmas para el toro.

 

El quinto toro era para pintarlo. Cárdeno también, era bajo, careto, bragado, girón y salpicado, astifino, serio pero bello en presencia. Una media y poco más le cantó al capote de Álvaro Lorenzo. En el caballo, entró cabeceando pero terminó por fijarse en el peto, empujando. Pareció que tenía cierta codicia, al menos con fuerzas salió del único pero largo puyazo que tomó y buscando los engaños. Grandes pareos sembraron en el posterior tercio Sergio Aguilar y de nuevo Víctor Cañas, que fueron ovacionados. La faena fue de menos a más. Aburridamente hacía el toro por la muleta, con fijeza al menos, pero nulo en casta, blando aun sin ser falto de fuerzas. Y no fue por no intentarlo, pero hasta las postrimerías nada pudo hacer Álvaro Lorenzo, que cuando parecía que todo acababa y que nada allí quedaba por hacer le arrancó una ceñida serie por luquecinas previa a la espada, que arrancó igualmente los oles en los tendidos. Rubricó con la espada, y se le pidió la oreja, que sin embargo, no fue concedida. Fue ovacionado.

 

Salió para cerrar la tarde un toro cárdeno axiblanco, bajo pero con trapío. No se le vio en el capote tras salir por toriles, y tomó una sola vara acometiendo en el peto la bestia con cabeceo, empleándose pero de una forma un punto desordenada.  Tras sacarlo del caballo sí que le dio capa Ginés Marín, desempolvando las palmas del público (al que por televisión se escuchaba bastante flojo, supongo que por una mala distribución de los equipos de sonido). Se le lidió como mandan los cánones en el tercio de banderillas. Y se fue a la guerra Marín. Las primeras letras fueron escritas con excelsa caligrafía, rodilla en tierra, bebiendo de la transmisión desbordante del de Conradi, que se moría por embestir, humillando de verdad. En la muleta del extremeño, el toro se entregó marcando el contrapunto en raza con respecto al resto del encierro. Cito de nuevo mis palabras escritas con respecto a la faena al cuarto: cuando se hacen las cosas bien no hace falta alargar sin más. Mandó por abajo, andó con confianza (que no confiado) y demostró que tiene plaza, y que puede dar guerra a los grandes. Con la mano baja por arma, hizo vibrar las gargantas teniendo a un toro muy bravo delante de sí. Que se dice fácil, y es muy complicado. No encontró toda la fortuna que hubiera deseado en la espada, pinchando primero pero colocando una gran estocada en su segunda entrada a matar, que le hizo ganarse una oreja. Palmas a un gran toro en el arrastre, que bien podría haber sido premiado con la vuelta al ruedo.

 

El encierro de La Quinta fue por lo general algo blando pero templado y con buen fondo, principalmente de calidad en la embestida, en lo que destacó notabilísimamente un gran segundo, que rebosaba templanza y humillación, siguiendo la franela allá donde fuese. El mejor toro de la tarde, no obstante, para mí, fue el enrazado sexto, que tuvo tranco y transmisión hasta el final, rompiéndose por embestir, que debería de haber sido premiado con la vuelta al ruedo, probablemente no siendo así debido a la brevedad (para nada impugnable) de la faena, a ojos del público, que no la pidió. Este toro supuso el contrapunto como ya dije antes, pues tuvo sobradamente la chispa que faltó en casi todos los demás. En menor medida también dejó buenas impresiones el cuarto. Hubiera esperado, como aficionado, más empleo en el caballo en lo general, siendo esta ganadería brava como suele ser en el peto. La tarde fue de Ginés Marín, que salió a morder, y se llevó dos orejas en su esportón. Álvaro Lorenzo también tocó pelo con el buen segundo, diciendo “aquí estoy yo”. Finito fue la sombra en su primero y la luz en su segundo, al que le faltó sellar con la espada. Los tendidos registraron una gran entrada según lo permitido.

Con esto se va el que escribe a seguir pasando calor, a pesar de tener la suerte de encontrarse uno cerca de la playa. Aquí no se libra nadie, bueno, Messi sí, que está en París. Supongo que las gentes del Bibio también se salvan, por allí arriba no pega tan fuerte la solana. Aire tengo el justo, pero les entregaré mi verso:

 

 

Haciendo más calor

Que sembrando amapolos

Un servidor prefiere

Café, hielo y toros.

 

 

RESEÑA

Viernes 13 de agosto de 2021. Plaza de Toros de El Bibio de Gijón. 6 Toros 6, de La Quinta, para: Juan SerranoFinito de Córdoba”, de blanco y azabache, ovación con saludos en ambos; Álvaro Lorenzo, de azul Soraya y oro, oreja y ovación con saludos tras petición; y Ginés Marín, de verde hoja y oro, oreja y oreja.

Incidencias: al finalizar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio en honor a las víctimas de la pandemia de COVID-19.  Saludaron, tras parear al segundo toro de la tarde, José Ignacio Rodríguez “Puchi” y Víctor Cañas; e hicieron lo propio de nuevo Víctor Cañas y Sergio Aguilar tras banderillear al quinto.

 

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