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Picadores legendarios del Siglo XIX: “Agujetas” y “Badila”

Es, seguramente, el tercio de varas la parte de la lidia que más denostada se encuentra en la actualidad, convirtiéndose en un mero trámite en la mayoría de ocasiones e impidiendo el lucimiento de toro y varilarguero en el que es, uno de los momentos esenciales de la corrida. Pero, hay que recordar, que los picadores también portan el oro en su chaquetilla y es que, en momentos pasados, estos “toreros a caballo” ocupaban el lugar principal en los carteles y su importancia era tal, que su fama trascendía los ruedos. En este artículo, homenaje a la profesión, vamos a conocer brevemente la biografía de una pareja de picadores que marcaron época y que los podemos englobar en la línea temporal que va desde la segunda mitad del siglo XIX hasta los primeros años del siglo XX: Manuel Martínez “Agujetas” y José Bayard “Badila”.

Pintura que recoge un lance del tercio de varas (Navas Linares, 1890)

MANUEL MARTÍNEZ RIESGO, “AGUJETAS”

Empezamos con el que, a buen seguro, es el picador más famoso de la historia: el celebérrimo “Agujetas”. Nacido en Madrid en el año 1855, antes de convertirse en varilarguero, aprendió el oficio de cerrajero, intentó ser torero de a pie, trabajó como mozo de cuadra de Frascuelo y como monosabio en la plaza de Madrid.

Sus primeras actuaciones tuvieron lugar en la plaza madrileña de los Campos Elíseos en 1873 y 1874. Se presentó en el coso de la carretera de Aragón, de Madrid, en la novillada celebrada el 27 de mayo de 1875, siendo aplaudido por las siete varas que puso al cuarto novillo. Su jefe de cuadrilla ese día fue Remigio Frutos “Ojitos”. El 21 de octubre de 1877 recibió en esa misma plaza la alternativa de picador —una ceremonia usual entonces y desaparecida a mediados del siglo XX—, de manos de Francisco Gutiérrez “Chuchi” (en un festejo en el que alternaron Currito, Frascuelo y Cara-Ancha), quien le cedió el toro miureño de nombre «Rumbón», lidiado en quinto lugar. Su presencia en Madrid fue continuada y muy festejada por la afición cada año, desde el 75 hasta el día en que picó por última vez en la corrida de la Beneficencia, en 1899.

Manuel Martínez, “Agujetas” (Biblioteca Nacional de España, 1887)

Durante algún tiempo figuró en las cuadrillas de Frascuelo y Ángel Pastor, para después ingresar en la de Luis Mazzantini, con quien estuvo hasta 1890 (momento en el que coincidió con “Badila”, del que hablaremos más adelante, y consiguieron su máxima fama como pareja). En 1891 se colocó con Lagartijo, y, una vez retirado éste, con Reverte y Gaona, además de con su hijo Ramón, que fue un novillero que se apodó con el mismo nombre.

Agujetas permaneció en activo treinta y cinco años, convirtiéndose así en el picador con más dilata carrera de la historia, hasta su despedida en Barcelona el 21 de julio de 1912, en un festejo que se celebró en su beneficio. Con posterioridad, toreó en la plaza de Tetuán de las Victorias (Madrid) el 15 de agosto de 1915, en una novillada en la que participó también su hijo. Tal y como recoge José María de Cossío en su homónima obra, tras su retirada, pasó un gran número de penalidades lo que, sumado a la muerte de su hijo a edad temprana, vino a aumentar su desvalimiento. Se trasladó a Ceuta y finalmente regresó a Madrid, ciudad en la que falleció en los primeros meses de 1937, a la edad de 81 años.

Retrato de estudio de “Agujetas” vestido de calle y firmado (J. Derrey, 1910, vía Todocolección)

JOSÉ BAYARD CORTÉS, “BADILA”

José María de Cossío y el anónimo autor de un texto biográfico publicado en la revista El Ruedo indican que nació en Tortosa, si bien Luis Nieto señala, probablemente debido a una mala transcripción, que Badila vino al mundo en Tolosa en el año 1858.

Era hijo de padre francés y de madre española. De niño aprendió el oficio de tapicero, aunque muy pronto se aficionó al toreo oyendo las conversaciones taurinas sostenidas por su padre y el picador Francisco Calderón (poco después su mentor y protector).

Calderón le coloca como criado de “Frascuelo”, quien al ver la afición que tenía el mozo, lo lleva bajo la tutela de Gonzalo Mora, con quien comenzó a picar desde muy joven. Las ropas que utilizaba para su labor taurina eran muy holgadas ya que pertenecían a su mentor, y el mozo apenas tenía 18 años, hecho que lo marcaría de por vida y que le hizo, años más tarde, tener una gran obsesión por la vestimenta. Comenzó a ejercitarse con los toros, demostrando una habilidad natural para el manejo de los caballos —que Calderón llevó a la perfección con sus enseñanzas y sus consejos— y distinguiéndose por su valentía y su elegante figura.

José Bayard, “Badila” (Biblioteca Nacional de España, 1887)

Pronto consiguió un apodo, el de “brazo de hierro”, con el que se le empezó a conocer en los mentideros taurinos pero un día, reunida la cuadrilla de Gonzalo Mora, y al ver este que su picador andaba cabizbajo y silencioso, le dijo que estaba tan callado que parecía que se había tragado el rabo de la badila. Hizo gracia la frase y sus compañeros comenzaron a llamarlo, bromeando, Badila. Un apodo que finalmente trascendió del ámbito personal y fue con el que pasó a los anales del toreo. Decir que la badila es una especie de paleta de hierro con mango que se emplea para recoger las brasas de una lumbre o chimenea.

Se presentó con acierto en Madrid el 5 de noviembre de 1876, en una novillada que torearon Felipe García y Ángel Pastor, y en la que Badila hizo las funciones de reserva (una categoría de los picadores antiguos). A partir de la temporada siguiente torea mucho en Madrid, sin dejar de trabajar también para Frascuelo, al que incluso hacía de mozo de espadas. Ejerciendo esta función subalterna, el 15 de abril de 1877 le hizo un quite al diestro granadino, apartándole del peligro. Recoge Cossío: “Esta acción la agradeció Frascuelo tanto, que redimió a Badila del servicio militar”.

En 1878, ya comenzó a torear en la cuadrilla de Frascuelo y el 1 de junio de 1879 tomó en Madrid la alternativa de picador de toros, trabajando en tanda con Calderón. En 1881 se colocó en la cuadrilla de Ángel Pastor, formando pareja con su “alter ego”, el anteriormente referenciado “Agujetas”.

Otros matadores con los que toreó en los años siguientes fueron Luis Mazzantini (con quien empezó de novillero y en cuya cuadrilla siguió varios años, una vez que éste tomó la alternativa); Frascuelo (en 1890 picó los seis toros que ese matador lidió en la corrida de su despedida, y banderilleó a caballo alguno de ellos); El Gallo, Fabrilo, Faíco, Minuto… aunque en general en los años de su juventud prefirió no ajustarse en cuadrilla fija, sino torear suelto una gran cantidad de festejos cada temporada. Pasados esos años se colocó, entre otros, con Algabeño, Reverte y Antonio Montes. El 24 de septiembre de 1905 picó por última vez en Madrid.

Fue un polifacético en sus actitudes taurinas y en otras, como actor y cantor de operetas, convirtiéndose en un gran aficionado y entendido de dicho género musical. Sintió interés por mejorar el vestido de torear a caballo, y entre sus aportaciones a dicho fin, destacaron: mejoró la «mona», diseñó una calzona holgada, con ojales, sin atar, para que se pudiera rasgar y no ser arrastrado el picador en las cogidas; y utilizó unas chaquetillas cada vez más lujosas, con terciopelos ornadas con hilos de seda, menos pesadas y más flexibles, devolviendo al picador la elegancia de trajes de épocas pasadas. Fue un gran picador y un hombre muy interesante, inquieto, emprendedor y muy seguro de sí mismo.

En la mañana del 28 de febrero de 1906, se le encontró muerto en su domicilio madrileño a consecuencia de una conmoción cerebral.

José Bayard, “Badila” en una pintura de Daniel Perea (Biblioteca Nacional de España, finales siglo XIX)
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