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Peligrosísimo encierro de los toros de Cebada Gago, que hacen honor a su leyenda con tres heridos por asta de toro

Los toros de Cebada Gago protagonizaron un peligrosísimo quinto encierro de San Fermín en el que no dejaron de mirar y lanzar derrotes en todo el recorrido. En el embudo de entrada al coso, el ‘Cebada‘ que lideraba la carrera se dio la vuelta encontrándose de frente con el resto de la manada y los corredores con muchísima violencia. Segundos después, ese toro y otro castaño, embistieron a las personas que estaban junto a las tablas, corneando, al menos, a dos. Uno de esos dos astados, se ensañó con mucho celo con uno de los mozos completamente desmadejado en la arena.

En Santo Domingo, fue una carrera que recordó a décadas anteriores. Después de un inicio a fulgurante velocidad, a todo gas, con muchos pies, de los astados gaditanos, hasta cinco, de los astifinísimos toros dejaron varios metros atrás a los cabestros ya en la plaza del Ayuntamiento. Hubo una caída general de los animales esta mañana, a mucha velocidad, en la curva de 90 grados de entrada a Estafeta.

La marcha por delante de los astados propició que hubiera más huecos que los últimos días para poder disfrutar de carreras buenas y, sobre todo, nada sencillas porque no era fácil aguantar el ritmo de los astados de Medina Sidonia. Iban prácticamente, de uno en uno. El último toro negro quedó suelto desde ese inicio de la calle generando situaciones de enorme tensión y riesgo.

Sin embargo, los dos momentos de mayor tensión llegaron por delante. Uno, en la bajada al callejón de entrada a la plaza, cuando un toro castaño se volvió en sentido contrario unos metros encontrando de frente a gran velocidad a todos los mozos y a la manada que venía de frente en el sentido correcto de la carrera. Hubo decenas de caídas de mozos y varias cogidas en ese sobrecogedor momento.

Sin tiempo para reponerse de estas imágenes brutales, ese mismo toro castaño junto a otro del mismo pelaje, barbearon descaradamente las tablas, embistiendo contra los mozos que se encontraban allí. Uno de ellos, lanzó numerosos derrotes, alcanzando a dos de las personas. Especialmente, hizo por uno de ellos, volteándolo varias veces e hiriéndolo, pues le atravesó el gemelo. Siguió encima de él con saña cuando estaba en la arena desmadejado, sin atender a los dobladores que trataban de hacer el quite. No logró zafarse hasta colarse en la tronera del burladero.

Segundos después, llegó el sexto al coso, en solitario, el que se había quedado suelto, mirando mucho, pero sin voltear a ninguno de los mozos y poniendo fin al encierro en 3 minutos y 12 segundos.

 

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