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La Palmosilla quiere más ‘Carriquiris’: Rafaelillo, Manuel Escribano y Valadez, en hombros con un corridón de premios

La Palmosilla echó esta tarde en Pamplona una de las mejores corridas de lo que va de temporada 2022. Encierro serio, bien armado, pero sin el ‘aparato’ de los días anteriores, proporcionado y que, por dentro, vino henchido en bravura. En distintos grados, del encastado y exigente primero a dos superclase como segundo y quinto, pasando por el ritmo y la noble movilidad de tercero y cuarto o el aprovechable pitón izquierdo del sexto. Una corrida de banda. Curiosamente, esta mañana recibió el Premio Carriquiri al mejor toro del 2019, pues bien, el hierro gaditano presentó seria candidatura -y al premio Feria del Toro a la corrida más completa- para repetirlo en 2022.

Con esta materia prima de diamante, los tres toreros salieron en hombros. Rafaelillo, pese al susto de la voltereta sufrida en el cuarto, volvió a lo grande tras el gravísimo percance sufrido años atrás cortando tres orejas. Manuel Escribano dejó la faena de la tarde -sin premios por esa rifa que son los concejales en el palco de la Vieja Iruña, ahora regalo ahora niego orejas- toreando por abajo al excelente quinto. Por su parte, Leo Valadez derrochó desparpajo y variedad de registros en un feliz debut en San Fermín.

Bajo pero algo ensillado, rompió plaza un colorado cinqueño -como toda la corrida- bien hecho y armónico, aunque serio y muy bien armado, cornidelantero y abierto de pitones, que echó las manos por delante en el percal de Rafaelillo, que lo paró con dos largas cambiadas en el tercio. Metió los riñones en el peto. Quite fundiendo tafalleras y navarras de Escribano. Muy pendiente de todo el colorado.

Brindó el murciano al equipo médico del doctor Hidalgo. Comenzó agarrado a tablas, para echarse de rodillas luego, apretando mucho el toro para dentro. Encastado, tuvo disparo en su embestida, Rafaelillo, con mucha verdad, logró domeñar ese caudal de casta -dejando la muleta muy puesta- e incluso correr la mano por ambos pitones. Hubo buen trazo, a pesar de que el toro, importante y con transmisión, no permitió un respiro. Con duración. La espada, algo desprendida, fue certera y se le pidieron las dos orejas, que el palco otorgó.

Largo y fino de cabos, más bastito de hechuras, abría mucho la cara y más descarado de pitones, el cuarto, que no se terminó de emplear en el recibo de Rafaelillo. Se dejó pegar en varas y, tras el quite por chicuelinas de Escribano, echó la cara arriba en banderillas. Nada que ver con los tres primeros en los primeros tercios.

Comenzó en los medios el murciano, con el toro embistiendo a media altura. Tuvo ritmo y nobleza, pero llegó con poder. De hecho, en un cambio de mano cuando toreaba con la diestra, lo volteó con por el muslo y cae en la testud del animal, que lo volvió a encunar para lanzarlo con saña varios metros. Fea caída sobre el costado. Volvió a la cara, enfibrado, y le robó los mejores muletazos. La última, sin ayuda, con la diestra, antes de una estocada entera, que le permitió pasear su tercera oreja.

 

Recibió al segundo Manuel Escribano a portagayola, muy ajustada la larga cambiada. Salió con pies el de La Palmosilla, bajo y de lomo recto, largo y bien hecho, amplio de sienes, que tuvo buen son en el recibo de capa de Escribano. Con enorme movilidad el toro, no paró un segundo, ideal para el tercio de banderillas, que compartió el sevillano con Valadez. Con facultades ambos. Muy torero el mexicano en su par y arriesgando el andaluz con el par de Calafia.

Tuvo muchísima prontitud y ritmo el toro. Comenzó por estatuarios el sevillano, cambiando por la espalda en dos ocasiones. Entró de lleno en la faena el público, por la transmisión del animal, que siguió con una embestida alegre y humillada. Escribano le echó los vuelos, sin violencia en los cites, para enganchar con temple esas arrancadas enclasadas. Tres tandas de derechazos de muy buen trazo. Quiso lucir ese galope del toro, dándole sitio y el toro respondió conmayor calidad. Superclase. Epílogo por manoletinas. Se volcó sobre el morrillo, incluso le puso el pitón derecho en la barriga el toro. Estocada inapenable y dos orejas también.

Volvió a esperar Escribano en chiqueros al quinto, acapachado y muy abierto de cuerna, largo y bajo, de lomo recto. Libró con soltura el envite y lo toreó después a la verónica, humillando el animal, más suelto de salida, que sus hermanos. Peleó en varas y mostró movilidad en un vibrante tercio de banderillas del torero de Gerena, que clavó con reunión.

Atornilladas las zapatillas, lo pasó con cambiados por la espalda tres veces, el último mirando al tendido. El toro, derrochando nobleza y humillando muchísimo. De enorme clase. La gente, metida de lleno en la faena. Muy a gusto con el toro, Escribano, que le bajó muchísimo la mano, exigiendo al de La Palmosilla, que respondió con esa clase, sobre todo, por el pitón derecho. Tuvo mucha franqueza, bien, el sevillano, con él, entregado y con mucho aplomo, dibujando muletazos de buen trazo. Acusó la exigencia del trasteo, mucha, en la recta final el toro, más enclasado que algunos de sus encastados hermanos. Otro toro de bandera. Lo mató de pinchazo tras estocada y se le pidió con fuerza el trofeo que, el palco, esta vez, no otorgó. De manera sorprendente, pues firmó, posiblemente, los mejores muletazos de la tarde.

Bajo, pero un poco montado, algo acapachado, enseñaba las puntas el salpicado tercero, toro que salió a su aire, sin fijeza, se pegó dos vueltas al doble anillo. Enterándose. Lo fijó Valadez que se estiró a la verónica antes de rematar con media de rodillas y larga afarolada, en pie. Humilló ahí el toro, que cumplió en varas. El quite, por zapopinas, una de ellas, innovadora, de rodillas, que remató con la serpentina. Compartieron en banderillas de nuevo, sobrados ambos.

Brindó al público e hincó las rodillas en tierra para citar desde los medios. Se arrancó como una centella el toro y le pegó un molinete de rodillas. También tiene prontitud y movilidad este toro, que fue con todo en la primera tanda y pareció atemperarse en las posteriores. Valadez ligó con empaque esas series, pero en la segunda mitad acortó las distancias y buscó más el toreo accesorio, con muchos recursos y variedad de registros, pero quizás el toro -al que faltaron finales- respondió peor en ese tramo final. Cerró por manoletinas de hinojos y enterró la espada casi entera que hizo doblar el toro. Se le pidió el segundo trofeo y el palco, por la inercia de la tarde, la entregó también.

Cerró plaza un precioso burraco, muy bien armado, más ofensivo, amplio de cuna, ensillado, que salió suelto y sin fijeza. Embistió a arreones en esos primeros compases de su lidia. Bien picado por Óscar Bernal, lo banderilleó Valadez aprovechando que el toro también se movió. Esa movilidad vino acompañada de menos clase que la de sus hermanos, le costó más descolgar, a media altura, sin exigirlo, le costaba más. Toro con bondad, con el que el mexicano firmó sus mejores momentos al natural. Epílogo por arlesianas. Marró con el acero.

RESEÑA

hierro la palmosilla

Plaza de toros de Pamplona España. Sexta de la Feria de San Fermín. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de La Palmosilla, . El 1º, encastado e importante, con mucha transmisión; el 2º, pronto y con ritmo, superclase, humillando mucho, con profundidad y duración; también tuvo motor el 3º, con movilidad, pero le faltaron finales; el 4º, con ritmo y nobleza, con movilidad, aunque iba a media altura; el 5º, de mucha calidad, con fijeza, ritmo y nobleza, humilló mucho, otro superclase; y el 6º, con movilidad, pero menos clase que sus hermanos, mejor por el izquierdo.

Rafaelillo, (de lila y azabache), dos orejas y oreja.

Manuel Escribano, (de blanco y oro), dos orejas y vuelta al ruedo tras aviso.

Leo Valadez, (de agua marina y oro), dos orejas y silencio.

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