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Puerta Grande de Perera y Roca Rey, o el valor de dos muletas poderosas

Miguel Ángel Perera y Andrés Roca Rey -dos Puertas Grandes, en otras tantas tardes- salieron este miércoles en hombros de Pamplona y demostraron por qué son dos de las muletas más poderosas del escalafón. Porque esa fue exactamente la clave que condujo al éxito a ambos toreros, el mando con el que sometieron en sus respectivas muletas a una corrida de buen juego de Victoriano del Río de la que destacó un importante y enclasado primero, con duración, y un tercero, con muchas teclas, al que mejoró Roca Rey hasta que logró sacar su buen fondo y que, de manera un tanto sorprendente fue premiado con la vuelta al ruedo. Paco Ureña, con el lote de menos prestaciones del encierro, logró un trofeo del quinto.

Largo, alto y con caja, el de más peso del envío, sin embargo, está proporcionado y bien hecho, toro fuerte, engatillado y astifino desde la mazorca, el tercero salió suelto y sin fijeza de salida ni en el capote de Roca Rey ni en los primeros tercios, acordándose de la querencia del encierro de la mañana. Quite a la verónica del sudamericano. Costoso para colocar en el caballo, echó la cara arriba en banderillas.

Comenzó en los medios el peruano, muy relajado y vertical, con varios cambiados por la espalda, algunos de ellos muy templados. Sin mover un milímetro las zapatillas. Continuó con la diestra sometiendo por abajo, apretando al de Victoriano -que mejoró su condición y humillación, que no tenía, en la muleta- que respondió con franqueza en dos tandas. De buen trazo y despaciosa, la segunda serie al natural. Toda la faena sometiendo mucho al toro, con buen fondo, pero que tuvo muchas teclas. El final, un alarde tremendo de valor y poder, pasándose al toro por todos lados, muy ceñido. Epilogó por estatuarios de taquicardia. El pinchazo previo a una estocada caída, no impidió que paseara un trofeo. De modo sorprendente, el palco otorgó la vuelta al ruedo al toro.

Cerró plaza un astado bajo, amplísimo de sienes, con mucha dimensión de pitón, que pareció dos toros, muy serio por delante y más terciado y sin remate en su segunda mitad. Lo saludó por delantales y el quite, por chicuelinas. Echó la cara arriba en el primer puyazo sin emplearse en exceso, algo que tampoco hizo en el segundo. Se desmonteró Antonio Chacón, en banderillas. Comenzó andándole al toro con despaciosidad para sacarlo a los medios.

Tras una primera tanda sin apretarlo, toreó con mayor poder y muy encajado en la tanda posterior con la diestra, que abrochó ligando un cambio de mano larguísimo, casi circular, con el de pecho, de pitón a rabo. Ceñídisimo un pase por la espalda que cosió a otro cambio de mano magnífico. Sin embargo, el toro, muy a menos, desde la tercera serie se acabó rajando, por lo que el peruano puso toda la carne en el asador, acortando la distancia. Lo encunó sin prenderlo, al quedársele la muleta plegada a mitad de serie y volvió a la cara más enfibrado aún. Faena de más a menos que, tras pinchazo y estocada caída, le valió otra oreja.

El toro de menos peso del encierro, bajo y algo montado, con poco cuello, abierto y ofensivo, enseñaba las palas el primero, que salió a su aire de los lances de recibo de Perera, eso sí, tomando el percal por abajo en cada uno de ellos. Remoloneó para ir al caballo en el segundo viaje y en cuanto pudo salió del peto. Apretó mucho para dentro en banderillas. Se desmonteraron Juan Sierra y Vicente Herrera, en banderillas. Buena lidia de Curro Javier.

Perera comenzó de hinojos junto a las tablas. Un inicio que hizo enloquecer los tendidos, vibrante por la transmisión del encastado toro de Victoriano del Río, que hizo el avión, por abajo, exigiendo Perera de verdad en los derechazos e incluso reduciendo la embestida del toro. Mantuvo esa intensidad todo el trasteo, compacto, por la fijeza, prontitud y clase del toro, que humilló mucho y tuvo profundidad. Destacó una tanda al natural, muy templada y con hondura, que encandenó con otra más, poderosa, muy de Perera, hierático, en la que se pasó el toro una y otra vez con autoridad. Buen toro y faena notable que redondeó con una estocada ligeramente desprendida para conseguir la primera oreja de la tarde.

Se dejó y deslizó en el capote el cuarto -toro hondo y rematado, algo cuesta arriba, que enseñaba las palas- en el recibo a la verónica de Perera. Cumplió en el paso por el peto y se movió con buen son en banderillas. El pacense brindó al publico y empezó a torear a pies juntos, sin enmendarse. Se lo sacó a los medios y ahí logró darle celo con la diestra, porque, a pesar de su buen embroque, le faltaron finales. Así, logró, posteriormente, exigirle por abajo con la zurda. Tuvo mayor rotundidad por ahí la faena. Capacidad del extremeño, que finalizó por manoletinas. La estocada, en el sitio, certera, animó al público -aletargado con la merienda todo el trasteo- a sacar los pañuelos y logró la oreja necesaria para salir en hombros.

Largo, de poco cuello y ensillado, el quinto -único que no era cinqueño- fue un animal más ofensivo, que abría más la cara y enseñaba las palas. Ureña no se pudo estirar con él y se empleó después en el peto, aunque buscó el pecho del caballo en ambos encuentros. Nunca humilló en los primeros tercios. Inició Ureña pasándolo por alto, a pies juntos,y se lo sacó a los medios. Allí, transcurrió un trasteo condicionado por la escasa transmisión del toro, que tomó la franela del murciano, pero sin estilo y acortando su recorrido. Trató de hacerle las cosas bien Ureña y dibujó  algún muletazo suelto de buen trazo, pero fue una quimera. Muy a menos el toro, pese a buscarle las vueltas el de Lorca. Lo mató de estocada perpendicular y caída, como su eficacia fue cuestión de segundos, afloraron los pañuelos y el palco otorgó el trofeo.

Fino de cabos, con alzada, largo y con cuello, el segundo fue un colorado que enseñaba las palas, astifino desde la mazorca y amplio de sienes, que salió suelto y sin demasiada fijeza ni entrega en el recibo de Ureña, que no se pudo estirar. Marcó las querencias del encierro y se dolió en las dos varas y salió del peto en cuanto pudo. Agarrado al piso, había que llegarle mucho. Se lo sacó más allá de las dos rayas, el de Lorca, y comenzó con la diestra tratando de alargar sus embestidas. Sin embargo, el toro, que pareció estar en el tramo final de faena en lugar del comienzo, cada vez pasaba menos. Llegó con poca vida a su muleta, pasando sin transmisión. En paralelo a tablas, humilló más con la zurda, posibilitándole tres naturales largos y templados. Insistió con esa mano el torero, pero fue un espejismo. Marró reiteradamente con la espada.

RESEÑA

hierro victoriano del río

Plaza de toros de PamplonaEspaña. Penúltima de la Feria de San Fermín. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Victoriano del Río, bien presentados y serios, salvo el 6º, con menos remate pese a su ofensiva cabeza. El 1º, con prontitud, fijeza, ritmo y mucha clase, uno de los toros relevantes de la feria; el 2º, deslucido y de poca entrega, llegó con poca vida a la muleta, sin transmisión; el 3º, con muchas teclas, mejoró y humilló más en la muleta de Roca Rey, se le concedió de manera sorprendente la vuelta al ruedo; el 4º, con movilidad, pero le faltaron finales; el 5º, de poca transmisión y recorrido, dejó estar, pero muy a menos; y el 6º, a menos enseguida, se rajó en la tercera tanda.

Miguel Ángel Perera, (de azul noche y oro), oreja tras aviso y oreja.

Paco Ureña, (de grana y oro), silencio tras aviso y oreja.

Roca Rey, (de malva y azabache), oreja en cada uno de su lote.

Incidencias: En banderillas, se desmonteraron Juan Sierra y Vicente Herrera, en el 1º, y Antonio Chacón, en el 6º.

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