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Colombo puso la entrega sin límite; Román, convincente, el toreo al natural

Tras el vértigo de un encierro de infarto, Jesús Enrique Colombo paseó esta tarde, en su debut como matador en la Feria del Toro, el único trofeo de la séptima de la Feria de San Fermín. Una oreja arrancada a pulso a base de una entrega sin concesiones, sabiendo tocar las teclas de una plaza como Pamplona, y auspiciada en su concepto de lidia total en todos los tercios. Román se quedó a un pinchazo de cortar otra del quinto, toro de buen pitón izquierdo, que regaló las embestidas más francas de una áspera -salvo los dos primeros, medidos de motor y más noblones- corrida de Cebada Gago. El valenciano estuvo centrado e inteligente para lucir, dando sitio, la embestida por abajo de ese cárdeno salpicado. Convincente faena, que pinchó antes de la estocada, seguramente, lastre escaso para alejarle del trofeo en otra plaza. No en Pamplona. Juan Leal dejó el sello de su valor seco en dos faenas en las que quiso mucho con un lote que tenía poco.

Largo y de lomo recto, abierto de cuerna, enseñaba las palas el que cerró plaza. Un animal que no permitió el lucimiento de Colombo con el percal, pero sí en banderillas, donde volvió a mostrarse sobrado de facultades. Destacado el tercer par, cambiando el viaje para ir por los adentros. El prólogo del trasteo, rodilla en tierra. Construyó la faena junto a las peñas, en los tendidos de sol. Tardo el Cebada, pero luego va con todo, áspero y exigente. Por ello, tuvo relevancia lo que sucedió en la muleta del venezolano. Duró poco y acabó defendiéndose, pero el torero sudamericano no se aburrió y supo buscarle las teclas. El espadazo final, rodando sin puntilla el animal, terminó de calentar el tendido y arrancó la única oreja de la tarde.

Con el hierro de Salvador García Cebada, el tercero fue otro animal con alzada, ensillado, más estrecho de sienes y menos ofensivo por delante. Lo recibió de rodillas con dos largas cambiadas y verónicas, para continuar después en pie con bríos. Cumplió en varas y el venezolano quitó de nuevo por chicuelinas. Se movió mucho el toro, con más ritmo y poder que los dos anteriores. Derrochó facultades, clavando en una moneda, Colombo en un tercio en el que buscó la complicidad de las peñas de sol. De enorme exposición, el tercer par, al violín, con el pitón enganchádole de la axila. Se escapó de la cornada de milagro.

Brindó al público y le pegó la primera serie sentado en el estribo, en una estampa de otra época. No le hizo bien ese inicio de faena al toro, que se agrió más en sus arrancadas, mucho más defensivas, desarrollando cada vez más genio y violencia, lanzando siempre un molesto ‘tornillazo’, nunca por abajo. Colombo lo probó por ambas manos, obligado a perder pasos siempre, y se fue por la espada. Tras pinchazo y estocada, se le pidió tímidamente la oreja y fue ovacionado.

Precioso cárdeno salpicado, de testud ensortijada, largo, vareado y muy musculado, astifino y serio, no embistió con excesiva clase de salida, sin entrega. Empujó en el peto, pero salió suelto en cuanto pudo. Se movió en los primeros tercios. Brindó al público y Román trató de aprovechar las inercias dándole sitio. El trasteo cogió vuelo con la zurda, ese pitón es el mejor del toro. Inteligente, siempre luciendo la arrancada del toro. Humilló más y tuvo mayor profundidad en sus embestidas. El valenciano pudo correr la mano y, sin un segundo de relajación, dibujar buenos naturales vaciando la embestida. Lo ‘despenó’ de pinchazo y estocada trasera. Faena meritoria y de torero despejado de mente. Tras el fallo a espadas, no le pidieron con efusividad el trofeo, vuelta al ruedo.

Largo y algo más montado y despegado de tierra, degollado de papada, amplio de cuna y astifino desde la mazorca, enseñaba las palas el castaño segundo, el ejemplar que se volvió esta mañana en el encierro. Blandeó ya de salida en el capote de Román, que no lo apretó. Medidísimo castigo, sobre todo, la segunda vara, sólo se le señaló. Colombo quitó por chicuelinas al paso. Comenzó en el tercio a pies juntos, por alto, para aliviar al astado que pareció estar ya en el tramo final de faena, le faltó vida. El valenciano trató de llevarlo toreado a su aire, sin apreturas hasta las dos series finales con la derecha en las que lo exigió más. Respondió por abajo el toro en esas dos series, pero no cogió ya aire la faena por esa condición del toro. Final por angostas manoletinas y estocada.

Muy astifino desde la mazorca, de pitón negro, con longitud de pitón, cerrando la cara y enseñando las palas, ofensivo, pero bajo y de lomo recto, bien hecho, un ‘taco’, el castaño primero, echó las manos por delante en el percal de Juan Leal y se dejó pegar en varas. Quite por tafalleras de Román. Medido de fuerza, de embestida fría y algo dormida. Por definir. Esperó mucho en banderillas. Comenzó Leal más allá de la boca de riego de rodillas por la espalda, exponiendo mucho porque el ‘Cebada‘ se vino cruzado. Mucha disposición y aplomo del francés queriendo mucho con un animal que no tomó mal la muleta mientras le duraron las inercias, sobre todo, por el derecho y se venció más por el izquierdo. Creció el trasteo al recortar las distancias, especialmente, en dos circulares, uno invertido, ligados en un palmo de terreno. Acabó de nuevo de rodillas y lo mató al tercer intento, por lo que quedó sin premio.

Negro entrepelado, vareado, sin llenar, ensillado, muy astifino desde la mazorca, veleto y ofensivo, el cuarto salió enterándose, muy suelto. No pudo estirarse Juan Leal, que lo trató de recoger en los medios. Echó la cara arriba en el peto y se dejó pegar. No descolgó nada en los engaños y le faltó son. Comenzó el francés en los medios con cambiado por la espalda. No humilló nada y se violentaba lo suyo cada vez que punteaba la muleta. Con feo estilo. Mitad de faena y el de Cebada sigue engallado. Leal le buscó las vueltas, perdiéndole pasos, pero no hubo eco en los tendidos, más complicado si cabe al ser el toro de la merienda. Ni siquiera en el arrimón final, le echaron cuentas. Pinchazo y estocada.

RESEÑA

Plaza de toros de Pamplona. Séptima de la Feria de San Fermín. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Cebada Gago, . El 1º, noble, duró mientras duraron sus inercias; el 2º, que blandeó, con bondad, llegó con poca vida a la muleta; el 3º, con movilidad y ritmo en los primeros tercios, se agrió y desarrolló genio en la muleta; el 4º, sin entrega y de feo estilo, se violentaba en cuanto punteaba la muleta; el 5º, con movilidad, de buen pitón izquierdo, por ahí, llegaron las embestidas más francas de la tarde; y el 6º, tardo, pero luego iba con todo, áspero, duró poco y terminó defendiéndose.

Juan Leal, (de verde hoja y oro), ovación tras aviso y silencio.

Román, (de corinto y oro), silencio y vuelta al ruedo.

Jesús Enrique Colombo, (de grana y oro), ovación y oreja.

 

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