Palacio del Mar, el corazón taurino de Santander

Es el hotel de referencia para profesionales y aficionados del mundo del toro; Juan Renedo empezó hace casi 30 años con un gran hotel que ningún amante a la Tauromaquia se puede perder

Arranca la primera Feria del Norte. Los hoteles de la ciudad se llenan de aficionados, cuadrillas, apoderados, empresarios y algunos turistas despistados. La arena negra de la plaza de Cuatro Caminos por fin acoge su ciclo taurino después de casi dos años de soledad. Los miedos en las habitaciones del hotel se condensan en miradas serias, en bocanadas de humo, en gestos violentos. Mientras, en el hall se arremolinan los partidarios en sus diferentes vertientes: el aficionado entendido y prudente que el traje de luces le impone tanto que no se acerca a saludar, la tímida adolescente empujada por sus padres para la foto, el jovencito que sueña con vestirse algún día de luces, el sabiondo encargado de recrear aquella tarde y la amabilidad del personal del hotel que acompaña la palabra suerte de una sonrisa.

En el Hotel Palacio del Mar ese recorrido hasta la puerta se hace rodeado de vestidos de luces de grandes toreros. La mayoría de huéspedes del hotel, grandes aficionados, ya van entonces en el autobús que une el hotel más taurino de Santander con la plaza de toros. Una comodidad única que la pandemia no ha conseguido llevarse por delante: “Llevamos poniendo el autobús desde el segundo año desde que se construyó el hotel, es un servicio que agradecen mucho los huéspedes, este año lo limitados a los clientes del hotel pero habitualmente aprovechan el desplazamiento los vecinos de la zona”, explica Juan Renedo, fundador del Hotel Palacio del Mar.

Como empresario cántabro cataloga el hecho taurino como “un revulsivo para la economía de Santander, un sector que crea riqueza en otros muchos sectores. Además, es el espectáculo de masas más español que existe”.

Un hombre hecho así mismo, luchador, familiar y comprometido con la fiesta de los toros, que es su gran pasión: “Desde niño iba a la plaza de toros de Santander en la Feria, vengo de una familia con mucha afición a los toros. Recuerdo ir todos los años a todas las corridas que podíamos”. Por eso, en 1995 cuando se metió en el negocio hostelero buscó convertir su hotel en una referencia para el mundo del toro y para el turismo (a escasos metros de la playa del Sardinero).

En la planta baja, hay un bar custodiado por una inmensa cabeza de elefante y de otros trofeos de caza de Juan Renedo: “Mi otra gran pasión es la caza, recuerdo una mañana que bajé al desayuno y encontré a Manuel Díaz ‘El Cordobés’ apoyado en la barra mirando fijamente al elefante. Le pregunté qué pensaba y me dijo: “¿Sabes una cosa Juan? Creo que para matarlo encontraría la solución pero si te dan la oreja… ¿Cómo la paseas?”, recuerda entre risas.

Muchos toreros cuentan en su ajuar con un vaso de plata obsequio del hotel. Un precioso detalle que tienen con los matadores debutantes en la Feria: “Todos los toreros lo tienen, es un vaso de plata con la Virgen de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria”.

En las primeras ocasiones, los toreros caen en el Palacio del Mar por recomendación de otros toreros, por la habilidad del mozo de espadas o por la experiencia de los apoderados. Las cosas de este particular mundo. Después, todos continúan siendo fieles año tras año. Muchos de ellos no sólo visitan el hotel en la Feria, si no que se escapan con su familia fuera de temporada. Otro momento de relevancia en el hotel es la gran gala de premios que organizan en invierno, normalmente en febrero. El origen de esa magnífica gala está en una cántabra que hizo historia calando hondo en la sociedad española de los años 60: “Quisimos recuperar los premios taurinos para realzar la fiesta como hacía Mayte Commodore”. Aquella señora, apodada como la ‘gran anfitriona’ creó unos premios taurinos y teatrales y que marcó una época en el Madrid de aquellos años, fue la referencia de la familia Renedo para organizar sus prestigiosos trofeos que ya suman 25 ediciones y en los que se premian a protagonistas de la Feria (matadores, rejoneadores, novilleros y ganaderos) además de otros galardones a taurinos ligados a la casa.

Para Juan, haber podido estar cerca de sus ídolos, de los toreros, ha sido algo que realmente le ha llenado como empresario y como aficionado: “Todos los toreros dejan su huella. Son personas singulares y admirables. Todos han dejado un recuerdo en el hotel y en todos los que componemos el equipo humano. Los que más repiten, lógicamente más. Se me vienen los nombres de Joselito y de Juan José Padilla, pero son muchos…”, asegura emocionado.

Un hotel en el que se albergan las ilusiones y lo miedos, los triunfos y los sinsabores. Un espacio para los aficionados que siempre han asistido después de los toros a las tertulias de la Cadena SER con Manolo Molés, con quién pude disfrutar de esos encuentros con los aficionados durante tres temporadas. Un lugar dónde se respira el toreo todo el año y en cualquier rincón. La dirección del hotel, comandada por Leticia Renedo, se preocupa también por la faceta cultural, acogiendo una serie de exposiciones cada año. En 2021 son los artistas Antonio Moro y Mer Fidalgo quienes exponen en sus salas.

Un Palacio que ningún aficionado se debe perder.

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