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Ni puta gracia

Foto: Plaza 1

Hoy, otra de las juampedradas de siempre. Nos echábamos las manos a la cabeza con los toros que se iban al matadero durante la pandemia, y este año, sin bicho que valga, los estamos mandando nosotros, mientras este ganado de carne se pasea por nuestras plazas a petición de los espadas o voluntad propia del empresario.

Nada nuevo. Otra tarde más. Otra vez Juan Pedro, y encima en Madrid. La terna, la de siempre, otra y otra y otra. Qué les voy a contar, si ni las palabras suenan cuando el ruedo está vacío. Rebosa la indiferencia sobre el albero venteño, colgada la meritocracia boca abajo como Mussolini en la Piazza di Loreto. To pa ná, ya lo decía el Maestro Vargas.

Bendita paciencia la de Morante, aguantando tarde tras otra de los de Lo Álvaro. ¡Con lo que le aburrían esos pobres animales! Gesto caritativo dándoles una oportunidad en la primera plaza del mundo, que falta les haría con las pocas tardes que han lidiado este año (y las que les quedan).

Para colmo, algún ingenuo ha tirado su almohadilla al ruedo durante la lidia de uno de los toros, con el toro vivo (o no tanto). Le va a doler el culo de sentarse en la piedra, y pobrecillos Aguado y Ortega que no han podido hacer nada más que dejar algún detallito. Con el arte que tienen.

¿Les ha gustado la broma? A mí no me ha hecho ni puta gracia, y eso que ni estaba en Las Ventas esta tarde. Crónica de seis muertes anunciadas, nueve si me apuran añadiendo a la terna. De sentarse en la piedra no sé, pero desde luego que al aficionado le tiene que doler el culo con este ganado metido en todas las ferias.

Si la culpa es de Morante, de Ortega o de Aguado, qué sé yo. No sé qué intentan. Hoy la culpa es de los tres, por probar por enésima vez a ver si se equivoca uno. Morante tiró por la calle de en medio en sus dos toros, y Ortega y Aguado fueron quiero y no puedo. No pretendo desprestigiar a nadie que se pone de luces frente a un toro, simplemente exijo como aficionado. Hay cantidad de toreros que vienen arreando, entre ellos José Antonio, pero este no es el camino ni parece que vayan a cambiar las tornas, a lo que hay que ser coherentes.

Está claro que por no ir el aficionado a estas tardes no solucionará gran cosa, pues vendrá el público rabioso de gin tonic a abrirse paso. Por mi parte, pocas almohadillas me parecieron las que vi volar. Se las tiraban a Ureña, inundando el ruedo rebosante de agua, desagradecidamente por no estar tanto como debería aun sin ser escandaloso. Y hoy, poco más que cánticos y almohadillas sueltas. Más. Les invito a liarla. A liarla parda. No hace falta prenderle fuego a nada, pero que ardan las gargantas. Esto se tiene que acabar ya. Y no porque quieran los toreros. Sino porque a nosotros nos salga de los cojones.

Muerte al vacío, al bobalicón, al carretón sin ruedín. Nos echábamos las manos a la cabeza con los toros que se iban al matadero durante la pandemia, y este año, sin bicho que valga, los estamos mandando nosotros, mientras este ganado de carne se pasea por nuestras plazas a petición de los espadas o voluntad propia del empresario. Y seguiremos pegándonos chocazos con la misma maldita pared. Hagamos que esto pare.

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