Mueran las tinieblas

Todo bien parece relativo, hasta la incoherencia, en nuestros días. Si bien el siglo V a.C quedó ya notablemente atrás, y Grecia no es sino un Estado ajeno a las polis, la época dorada del sofismo es hoy. Al menos en la práctica. Está la cosa para imaginarse a Platón echándose a llorar, corrompido el pueblo de todos por la sombra de la caverna, que serviría de corona para los más que indignos herederos de Gorgias y Aristófanes, a lo que nada existe. Nada existe, al menos en la palabra y en la mente de quienes bailan tras el hombre del piano, que, con sus acordes, promulga la sombra sobre las sienes de quienes optan por escuchar su música. No les escribe la caspa, aquí no la encontrarán. Somos jóvenes, sabemos mundo, por mucho que sorprenda a quienes prefieren ceñirse estrictamente al estereotipo, ejerciendo el autoritarismo que pretenden sobre los demás sobre su propia persona. Y precisamente por sabernos jóvenes y sabios en potencia por dignarnos a abrir los ojos, todos y cada uno de nosotros, tenemos en nuestra mano demoler la caverna con la verdad por verbo. Que dice TikTok que el nuestro es contenido a censurar, que “incumple las normas de comunidad”, a pesar de que muestra la verdad de un espectáculo completamente legal y accesible a todos los públicos en los países en los que se celebra, que no son pocos precisamente. El alegato irá orientado a “proteger la sensibilidad de sus usuarios”, dicho a boca llena mientras todo sigue siendo relativo aparentemente. Mientras que la verdad la marca la tendencia. No parecen infringir las “normas de comunidad” sin embargo todo insulto o difamación hacia toda persona involucrada en nuestro contenido (qué digo contenido, nuestro arte), que es el de todos, hasta de los que aún no lo saben. Esas son palabras que, aun siendo vacías de verdad, no van en broma y suponen atentados graves contra el honor y la dignidad de tantas personas como las que han sido y siguen siendo perjudicadas y hasta acosadas. Esas palabras sólo muestran vacío y desconocimiento, son la inconsciencia del prisionero. Pero, ojo. Esto no es un alegato victimista. Esto es una llamada. Se nos ataca, insulta y menosprecia constantemente, sin más fundamento que la convención social tristemente consolidada en muchos, ese sambenito del “taurino, asesino”. Respondamos, pues. No como malas lenguas, acudiendo a sus bajas alturas. Levantémonos, en voz, cuerpo y alma. Mostrémonos de una vez al mundo desde la plena verdad, sin tapujo. Nosotros, los jóvenes, sin importar credo, raza o signo político. Hagámosle saber al mundo, de una vez por todas, que la verdad está de nuestra parte. Por ahí se empieza a matar a las tinieblas. Más parece que se nos olvida que la luz está en el de los marfiles… y ustedes saben mejor que nadie de qué parte está.

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